Portada: Título: La revolución del sentido común.

La revolución del sentido común.

Autor: Sergio Ciancaglini Temas:  - Sociología
-
Ciencia Política
- Sociedad y Cultura
Editorial: Sudamericana Páginas: 416
Lugar de Publicación: Buenos Aires Fecha: 2001

 

Sipnosis:

    El autor nos propone aquí un itinerario sumamente atractivo y polémico que invita al lector a sentirse protagonista de su propia vida: cómo decidir, qué elegir, cómo saber si actuamos bien, cómo nos definimos a través de lo que consumimos, etc., en el que se tratan cuestiones de distinto orden como la religión, las leyes del mercado, la democracia, las ideologías, la solidaridad, la política, el poder del dinero, el sexo y la ética. En definitiva, los grandes conflictos de la era de la globalización son analizados bajo la óptica de un valor escaso que combina sabiamente razón y sensibilidad, pensamiento y acción: el sentido común.


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Crítica:

  Sea ético: muérase." La frase, impresa como subtítulo en un libro escrito entre 1999 y el 2000, llegó al público dos días después del suicidio de Favaloro. Sin imaginar el doloroso acierto que más tarde encerraría esa paradoja, Sergio Ciancaglini la escribió cuando preparaba La revolución del sentido común, una nueva obra de quien, en dos oportunidades, recibiera el Premio Rey de España dedicado al Periodismo. Sus temas habían sido el Juicio a las Juntas Militares y la cobertura del estallido social durante la hiperinflación. El periodista, cuya trayectoria determinó que varias de sus producciones formen parte de la Antología de los grandes textos del periodismo argentino, ahora muestra su ideario. Se instala en un problema de nuestra época: la discusión acerca de las éticas, y avanza en el sentido de una crítica de la moral práctica, al estilo de los neokantianos. Intenta el rescate del sentido común que sería "la capacidad de pensar y actuar acertadamente, con inteligencia, humanidad y sensibilidad, de acuerdo al sistema de juicios y creencias que existe en una determinada sociedad". El contenido de la obra es heterogéneo, ya sea debido a los temas que eligió enunciar y a los autores que seleccionó como apoyatura o como oponentes; nos topamos con Bunge, con Emilio Zola, con Husserl y con Enrique Marí, entre otros. Ciancaglini pone en juego una erudición que no es académica y elige citas al servicio de lo cotidiano. No obstante no es un libro de divulgación, sino un texto que problematiza y complejiza "el menos común de los sentidos". Además de informar y explicar, argumenta e interpreta articulando su pensamiento con metáforas y comentarios graciosos e intencionados; reflexiona acerca de la realidad, de los aportes de diversos autores y se interpreta a sí mismo cuando teme estar "metido en un lío", cuando dialoga con el lector desconocido. Ciancaglini le otorga una inequívoca importancia a la capacidad de abrir juicios que nos permitan seleccionar las mejores conductas, crear nuestra autonomía y afirmar los valores de la libertad y de la democracia. Psicoanalíticamente sabemos que juicios y autonomías están reguladas por la propia vida pulsional, la realidad externa, las imposiciones éticas y las tradiciones, que son factores subyacentes en nuestra psiquismo y determinantes de nuestras conductas; el sentido común tiende a desarrollar las mejores transacciones entre estos factores y, al decir del autor: "Es la capacidad para juzgar y obrar en cada circunstancia con un adecuado conocimiento del sistema de creencias o convicciones en el cual se mueve". Añade: "Sería como participar en un juego e ir aprendiendo y dominando cada vez más sus reglas y sus posibilidades, para jugarlo mejor. El sentido común es ese aprendizaje, esa capacidad. El juego es la vida". Esta enunciación es diferente de la anterior: justamente, este ir hacia adelante, después retroceder y enlazar de otro modo lo que ya fue dicho, de manera que resulte "otra cosa", constituye el origen etimológico de la palabra revolución; re/volvere, retornar al mismo lugar. Y el autor nos tienta subrayando el valor de lo que ya se posee: "La revolución del sentido común implica un respeto y fortalecimiento de lo personal para mejorar nuestra vida social y lograr así nuestra potenciación como sociedad". El párrafo, que podría interpretarse como reformismo, suscita la respuesta anticipada de Ciancaglini: si el reformismo consiste en lo que acabo de escribir "me parece sumamente revolucionario". Su perspectiva esperanzada acerca de los seres humanos lo autoriza a apostar al ejercicio de un sentido común capaz de nutrir la convivencia cotidiana y la organización social. Aspiración que está muy lejos de un planteo ingenuo, pero esa aspiración, al ser convertida por el autor en una alternativa notoriamente abarcadora, podría arriesgar su ingreso en los territorios de una "utopía inconcebible". Ciancaglini no lo cree así y reclama la compañía de otros para demostrarlo. Recuerda a Casius Clay cuando los jóvenes gritando le pidieron un poema: "Yo. Nosotros", dijo. Enhebrar ambas palabras mediante el sentido común vital y noblemente propiciado crea un libro desafiante que será preciso leer aunque el sentido común, mortificado por la experiencia y ajado por el desconsuelo, sugiera ignorarlo.

Eva Giberti. Clarín (20/8/2000)