Portada: Título: Términos críticos de Sociología de la Cultura.

Términos críticos de Sociología de la Cultura

Autor: Carlos Altamirano (comp.) Temas:  - Sociología
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Sociedad y Cultura
Editorial: Paidós Páginas: 300
Lugar de Publicación: Barcelona Fecha: 2003

  Sipnosis:

En los últimos años la sociología de la cultura ha visto reverdecer sus credenciales. Esta vuelta no tiene, sin embargo, el carácter de una restitución de la empresa que se asocia con los nombres de Max Scheler, Alfred Weber y, sobre todo, Karl Mannheim -es decir, la clásica sociología de la cultura-. Aunque este sector del análisis social nunca fue un campo teóricamente unitario, el conjunto de estudios que se desarrolló bajo ese nombre, casi como una especialidad alemana, entre las décadas de 1920 y 1930, tenían en común el que eran concebidos como contribuciones a una “sociología del espíritu”. Pues bien, la cultura humanística, que seguía obrando normativamente en la clásica sociología de la cultura, ya no inspira las nuevas perspectivas sociológicas, donde se refleja, en cambio, la importación de enfoques, esquemas y conceptos de otras disciplinas del mundo social.

Los autores cuya influencia se invoca con más frecuencia al hablar de la reanimación de la sociología de la cultura -Pierre Bourdieu, Raymond Williams o Clifford Geertz- difícilmente podrían ser identificados como expositores de una misma concepción. Hay quienes dicen, por ello, que actualmente está en curso una ‘nueva’ sociología de la cultura, que habría comenzado a forjarse ya en la década de 1970, aunque sólo recientemente comenzara a ser reconocida por el resto de la disciplina sociológica.

Todos estos elementos fueron tenidos en cuenta al seleccionar los términos de esta obra, destinada a proporcionar un mapa actual de la sociología de la cultura. Aun cuando se renunciara a toda pretensión de exhaustividad, el caudal léxico no podía ignorar ni los dominios y conceptos que provenían del período clásico de la disciplina –como la sociología del conocimiento o de la religión, o el concepto de ideología– ni los temas, nociones y enfoques que han surgido del fermento más reciente. Ahora bien, un repertorio de este tipo sólo podía ser fruto de la reunión de varias competencias, de la colaboración intelectual entre sociólogos y críticos literarios, historiadores y semiólogos, especialistas en educación y en medios masivos de comunicación. Más todavía: si se echaba de menos un instrumento así en América Latina, ¿por qué no producirlo con el concurso de los estudiosos del subcontinente? En efecto, una obra de estas características no podía ignorar la reflexión ni la investigación latinoamericanas. Los más creativos de los intelectuales latinoamericanos han actuado en este dominio como aconsejaba Jorge Luis Borges a los escritores sudamericanos: tomar como propia toda la tradición occidental y manejar sus temas sin fetichismo y ninguna superstición de escuela. La respuesta de quienes fueron invitados a colaborar y que hicieron posible este libro no ha podido ser más alentadora.


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