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Actores Sociales: Conciencia y Modernidad

FERNANDO REYES & SERGIO SALINAS

Sinopsis:

  Los autores plantean en este artículo los pasos que debe seguir un grupo de personas para convertirse en un actor social e influir en otros grupos de la sociedad, diferenciando lo que son movimientos sociales de simples grupos de agregados de individualidades. Ante los cambios sociales del nuevo siglo es necesaria una reformulación de las teorías sobre los movimientos sociales y atender a los nuevos movimientos con diferentes demandas que surgen por todo el planeta.

 

   La madurez, decía Nietzsche, significa haber reencontrado la seriedad que de niño se tenía al jugar ". (Martín Hopenhayn; Ni Apocalípticos ni Integrados)

  Los vertiginosos cambios que están sucediendo en el mundo están íntimamente ligados con las grandes transformaciones que están ocurriendo en nuestro sistema social y en el cambio de roles -individuales y grupales- que se perciben en su interior. Uno de los rasgos principales que definen este cambio histórico en desarrollo es la globalización de la vida en el planeta en sus múltiples dimensiones: sociales, económicas, políticas y culturales. Estos cambios han provocado incluso la modificación de la estructura social-cultural.

  América Latina no está ajena a estas transformaciones, pese a que sus efectos comienzan a sertirse mayormente a partir de la década del noventa. Así diversos cientistas sociales, filósofos y politólogos perciben a la fragmentación social como uno de los principales problemas que trae consigo esta transición epocal. Como señala Ortega y Gasset “ya no es un cambio en el mundo, sino que el mundo está cambiando”. Existe una multiplicidad de grupos microscópicos que palpitan bajo una aparente homogeneidad, algunos de ellos considerados ilegítimos o ilegales por la sociedad y que poseen un poder aún no dimensionado.

  Al mismo tiempo, estos grupos microscópicos suman sus múltiples demandas, locales, específicas, relacionadas con la calidad de vida, con diferentes minirelatos, a los input más tradicionales dirigidos a la caja negra del sistema político, como fueron en décadas pasadas, las demandas económicas y políticas.

  En este escenario, la propia transformación que vive el sistema de partidos políticos y los partidos mismos los hace responder tarde o todavía no interpretar cabalmente estos fenómenos lo que los hace mostrar deficiencias en su rol de agregadores de demandas y generadores de proyectos políticos, ya sean de cambio o de mantención del status quo vigente.

  Algunos autores apuntan a que en esta evolución en los nuevos movimientos sociales en América Latina se están acelerando en el último tiempo por esta desorientación que se percibe en los partidos políticos. Además, estos nuevos movimientos sociales están generando conflictos que -en algunos casos- están desbordando los canales institucionales. Con el creciente cuestionamiento a la concepción política tradicional, se está ofreciendo a los nuevos actores sociales una posibilidad histórica, para que se encaminen no sólo al logro de un mejor futuro lejano sino a tener como meta una existencia cotidiana digna de vivirse y que se logra día a día.

  Por ejemplo, el Movimiento de los sin Tierra ha pasado ha convertirse de un movimiento regional fuertemente asentado en el sur y centro del Brasil a convertirse en un movimiento nacional con organizaciones cada vez más activas en las regiones del norte. Incluso su lucha ha ido generando muestras de apoyo en algunas ciudades, de sindicatos, de la iglesia e incluso de los habitantes de las “favelas”.

  Otro actor que, a diferencia de décadas pasadas, está tomando un rol más activo en las movilizaciones sociales son los campesinos, principalmente por reivindicaciones gremiales y demanda de tierras, más que por posturas políticas. Por ejemplo en Bolivia, el cierre de la mayor parte de las minas de estaño y la deteriorada situación económica provocó el debilitamiento de los sindicatos mineros e industriales, cuyo lugar como cabeza de movilizaciones lo tomaron las confederaciones de campesinos, en especial los productores de coca. Situación similar se vive en Paraguay, con la Federación Nacional de Campesinos que ha realizado incluso manifestaciones en el centro de Asunción, y en México, donde las principales luchas sociales se han dado en los estados campesinos de Guerrero, Chiapas y Oaxaca.

  Otro actor que rápidamente está tomando importancia dentro del sistema político, es el movimiento ecologista, desde las posturas sistémicas hasta los grupos o individuos que utilizan el terrorismo como metodología de acción para alcanzar sus objetivos, no hay que olvidar a Unabomber en Estados Unidos y la secta de La Verdad Suprema en Japón.

  Pero; ¿como se desarrolla una conciencia colectiva?, ¿que tiene que pasar en las mentes de quienes se sienten como un Nosotros que “hacemos o vemos esto o aquello”?. Más aún, ¿que cursos deben seguir para merecer el calificativo de alternativos o marginales?. ¿Guarda alguna característica especial el desarrollo de un nosotros-sujeto-marginal?. Es posible dar luces a estas preguntas desde autores como Touraine y Sartre y a continuación se intentará explicar.


CAMINO AL AUTORECONOCIMIENTO

  No basta que una individualidad se perciba a sí misma como una conciencia que interviene en el mundo o que quiere transformarlo. Como afirma el sociólogo francés, Alain Touraine, lo primero que debe ocurrir para poder hablar de un Actor es que se desarrolle una "conciencia colectiva"; es decir, una agrupación de conciencias que se reconozcan como miembros de algo.

  En el "nosotros" sujeto nadie es objeto. El Nosotros implica una pluralidad de subjetividades que se reconocen entre sí como tales. Empero, -señala el filósofo francés J.P. Sartre- este reconocimiento no constituye el objeto de una tesis explícita: sólo basta una percepción común. Esto resulta fundamental para el paradigma de Touraine. Lo que aquí llamamos "conciencia colectiva", para ser reconocida como un actor debe necesariamente ser un "actor que actúa en un sistema social". La sociedad no es un recipiente en donde se mueven colectividades; es un sistema de relaciones. Touraine se refiere a la sociedad como un "sistema de acción social"; es decir, una red constituida de "inter-acciones" (entre-actores).

  Pero el proceso sigue, se va haciendo cada vez más complejo. Touraine no llamaría "Actor social" a un grupo de espectadores de un cine; aunque se haya constituido una conciencia colectiva al modo de nosotros-sujeto. Es necesario que actúe "en-el-mundo" como tal, es decir, que haga algo, que intervenga.

  Este paso es menos complejo de lo que parece a simple vista. Basta que una colectividad de conciencias intervenga, en forma más o menos permanente, un espacio o se apropie de una actividad. Esta conciencia diría de sí misma: los que vamos a tal galería; los que fumamos en este parque; los que traficamos por estas vías; etc. En definitiva; los-que-hacemos- esto o vamos a tal parte. Esto es una conciencia colectiva que actúa en el mundo.

  Si estas acciones se proyectan en el tiempo y sus consecuencias van más allá del mismo grupo, si la sociedad, además, los reconoce como los actores-que-hacen-eso, al modo de "los traficantes", "las barras bravas", los encapuchados, etc., entonces han creado un fenómeno. Touraine dice que el Actor "produce situaciones históricas". No se refiere a la duración de esta actividad. Sólo basta un ser-para-sí (nosotros-sujeto) y su correspondiente ser-en-el-mundo (intervención en el mundo).

  Pero aún falta algo para poder hablar de un Actor propiamente tal en el sentido Toureniano. Es necesario que esta conciencia colectiva viva la experiencia del Para-otro, cuando la sociedad reconoce a la conciencia colectiva como los "hacedores-de-algo". No es necesario un "contenido sustancial permanente", el sujeto es por sí mismo lo opuesto a una "esencia". Un sujeto existe mientras actúa, mientras haya fenómeno.


CONCIENCIA COLECTIVA

  En el esquema sujeto-objeto del fenómeno; se entiende al sujeto como "el-que-hace-algo". Lo que hace, lo hace en-el-mundo; pero este mundo no se encuentra habitado sólo por seres inertes. Como un niño que descubre que entre medio de todos esos seres físicos, existen unos seres especiales que tienen la singular característica de "mirar-me", es decir, de convertirme en Objeto. Es entonces cuando es posible hablar del nosotros-objeto o la etapa del para-otro de la conciencia colectiva. Esta experiencia del Nosotros es radicalmente distinta de la anterior y puede ser constitutivamente traumática.

  Como señala Sartre no hay solamente un Nosotros-sujeto; la gramática nos enseña que hay un Nos-complemento, es decir, un Nos-objeto. Según todo lo dicho hasta aquí, es fácil comprender que el Nosotros de "Nosotros los miramos" no puede hallarse en el mismo plano ontológico que el Nosotros de "ellos nos miran".

  No necesariamente todas las conciencias colectivas pasan esta etapa. En algunos casos basta con que se detecte una voluntad, un sujeto, que quiere identificarlos, convertirlos en objeto, para que se autodisuelvan. El ser reconocido por otro como un objeto, el ser objeto-para-otro, es una prueba que el actor debe pasar. Por algo Guillermo Blanco dice: "cuando conozco el nombre de mi enemigo, tengo poder sobre él".

  Dicho en otros términos un Actor, para ser tal, debe ser reconocido por otros actores. Es necesario que alguien se levante y los apunte con el dedo: "ellos los-que-hacen-esto"; los que actúan.

  En el caso de actores marginales esta etapa se cumple con mayor rigor. No estamos hablando de los jugadores Campeones de la Libertadores del '91 o los Panzer del '68, que también son reconocidos como conciencia colectiva, en este caso "el equipo", sino que de un grupo conocido (objetivado) como los que desarrollan actividades ilegítimas para la sociedad. Que lo-que-hacen va contra las costumbres, valores o leyes; y, por lo tanto, hay en su reconocimiento (objetivación) una sanción moral implícita. Una opresión.

  Al respecto Sartre afirma que el hecho primero es que el miembro de una colectividad oprimida, que, en cuanto simple persona, está comprometida en conflictos fundamentales con otros miembros de esa comunidad (amor, odio, rivalidad de intereses, etc.) capta su condición y la de los demás miembros de esa colectividad como mirada y pensada por conciencias que se le escapan.

  Cuando se les nombra como "traficantes, violentistas, encapuchados, etc.", implícitamente se les categoriza, sanciona, y en definitiva, margina. Una vez reconocido, el sujeto-nosotros debe integrarse a la red de actuaciones, debe interactuar en el "sistema de interacciones sociales". Es decir, debe responder a esta objetivación de que ha sido víctima y liberarse de esta condición de Objeto. Esto se logra recuperando la condición de sujeto. Contraatacar y convertir en objeto al Otro. Reincidir en la acción, reconfirmar la actividad, volver a ser los-que-hacen-esto. Mirar-los.


DE ACTOR A MOVIMIENTO SOCIAL

  Hasta aquí solo se ha visto como se desarrolla la Conciencia Colectiva de un Actor Social. Touraine define al actor por las relaciones sociales en las que está ubicado. Al crear una relación con otro Sujeto, crea sociedad. Dicho de otro modo el actor se define por su rol. Si el rol desarrollado es marginado o marginal, es un actor marginal.

  ¿Que le falta a este actor para llegar a ser un Movimiento Social?. El actor una vez completado su desarrollo como conciencia colectiva para-sí-para-otro debe formarse como Movimiento; es decir, constituirse como una Conciencia Transformadora de la historicidad: modelo cultural por los que una sociedad construye sus relaciones con el medio.

  Principalmente esto consiste en tener una demanda metasocial o un deseo de transformación cultural. No necesariamente busca el poder estatal ni la movilización callejera; sino mas bien influir en la opinión pública. Identificarse con valores culturales; definir al adversario (al Otro) y qué reivindicaciones son negociables y cuáles intrantables.

  Por ejemplo, algunos actores marginales (Red Coca-Cocaína ;Cadena de la Marihuana y Barras Bravas) no cumplen ninguno de estos requisitos como para llegar a pensar que son movimiento. El movimiento social rehace su conciencia para-sí-para-otro pero con una mentalidad y predisposición distinta, con una demanda metasocial en su pensamiento.

  Estamos ante actores que se desarrollan; o son Movimientos Potenciales que sólo esperan a un líder que defina La Demanda; o simplemente son actores sin vocación de movimiento. En definitiva la pregunta es: ¿Estamos ante la génesis de un movimiento del siglo XXI?. La respuesta no es definitiva.

Para Touraine el actor regresa; pero sin expresión política ni ideológica.

  "La recuperación aggiornada (puesta al día) de la lógica de los Movimientos Sociales, de las estrategias de las organizaciones de base, de las culturas alternativas y de las expresiones populares de resistencia, en fin: una curiosidad por lo periférico no ya como folclore sino como dominio de espacios parciales y hasta tribales en que se juegan los ideales de autonomía, participación, y desarrollo de potencialidades humanas." Martín Hopenhayn.

  No hay gran pretensión ni de transformación, ni de revolución, ni de utopías que desarrollar; es más, se caracterizan por desconocer las utopías o de cualquier tipo de metarrelato que explique el más allá o el más acá. Son irreverentes, insolentes y, en muchos casos, delincuentes. Todo vale para ganar una pequeña libertad.

  "En estas opciones no hay una marginalidad heroica, sino una coexistencia indisoluble, poblada de síntesis espúreas y ad hoc... No se aspira a derribar las estructuras del sistema, sino a establecer autonomías relativas respecto de ellas. Lo revolucionario deja de ser pensado como grandes cambios en el tiempo para reconocerse como pequeños y significativos cambios en el espacio." (M. Hopenhayn)

  Interesante resulta en estos dos últimos casos la voluntaria adhesión a la marginalidad como opción. El que se integra a la Cadena de la Marihuana o a una Barra Brava sabe de antemano que se enfrenta a la peor cara de la sociedad, a su cara represiva. El que se-hace marihuanero sabe lo que va a tener que esconderse y arrancar. El barrista sabe que se encontrará o creará situaciones de riesgo y deberá asumirlas si quiere ser de la Barra.


* Fernando Reyes es filósofo y Magister (c) en Ciencia Política U. Católica; Sergio Salinas es periodista, Magister en Ciencia Política U. de Chile y Diplomado en Cultura de Paz Universidad Autónoma de Barcelona.