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Capitalismo kamikaze

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NAOMI KLEIN

 

El viernes, la Organización Mundial de Comercio (OMC) inició su reunión en Doha, Qatar. Según reuniones de la seguridad estadunidense, hay razones para creer que Al Qaeda, la cual tiene bastantes admiradores en ese Estado del Golfo, ha logrado introducir algunos de sus operadores al país, incluso un experto en explosivos. Algunos terroristas puede que incluso hayan logrado infiltrar al ejército qatarí.

Dados los riesgos, uno podría creer que Estados Unidos y la OMC cancelarían su reunión. Pero estos verdaderos creyentes no lo harán.

En lugar de eso, los delegados estadounidenses van armados con máscaras antigás, radios y medicamentos para combatir el bioterrorismo (también se les han dado medicamentos a los delegados canadienses). Mientras los negociadores pelean sobre subsidios agrícolas, madera y patentes farmacéuticas, habrá helicópteros esperando para llevarse a los delegados estadounidenses hasta aviones de carga estacionados en el Golfo Pérsico, listos para una huida estilo Batman.

Se puede afirmar con seguridad que Doha no es una negociación comercial promedio. Es algo nuevo. Lo puedes llamar capitalismo kamikaze.

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La semana pasada, el representante comercial estadounidense, Robert Zoellick, alabó a su delegación por estar dispuesta a "sacrificarse" ante tales "indudables riesgos". ¿Por qué lo hacen? Probablemente por la misma razón por la que la gente siempre ha puesto sus vidas en riesgo por una causa: creen en un conjunto de reglas que promete la trascendencia.

En este caso el dios es el crecimiento económico, y promete salvarnos de la recesión global. Nuevos mercados a los cuales tener acceso, nuevos sectores que privatizar, nuevas regulaciones que erradicar: estas serán las flechas en las esquinas de nuestras pantallas de televisión que, de nuevo, apuntarán hacia el cielo.

Por supuesto que el crecimiento no puede ser creado en una reunión, pero Doha puede lograr otra cosa, algo más religioso que económico. Puede enviar "una señal" al mercado, una señal de que el crecimiento viene en camino, que la expansión está a la vuelta de la esquina. Y una ambiciosa nueva ronda de negociaciones de la OMC es la señal por la que están rezando.

Ricos contra pobres

Para países ricos como Canadá, el deseo de que esta señal aparezca es desesperado. Esto es más urgente que posibles problemas con las reglas actuales de la OMC, problemas que por lo general son mencionados por los países pobres, hartos de un sistema que los orilla a bajar sus barreras comerciales mientras los países ricos mantienen las suyas.

Así que no causa ninguna sorpresa que los países pobres sean los principales oponentes en esta ronda. Antes de que estén de acuerdo en expandir drásticamente el ámbito de la OMC, muchos están pidiendo a los países ricos que cumplan con sus promesas de la ronda pasada.

Hay disputas importantes alrededor de los temas de subsidios agrícolas y del dumping, de las tarifas a la vestimenta y de las patentes de formas de vida. El tema más controvertido es el de las patentes de medicamentos. India, Brasil, Tailandia y una coalición de países africanos quieren que quede claramente establecido que las patentes pueden ser pasadas por alto en aras de proteger la salud pública. Estados Unidos y Canadá se resisten aun cuando sus propios delegados van hacia Qatar con su respectiva dotación de Cipro a precio de descuento, obtenida de Bayer usando exactamente las mismas tácticas de presión que llaman prácticas comerciales injustas.

Estas preocupaciones no están reflejadas en el borrador de la declaración ministerial. Por esta razón Nigeria acusó a la OMC de ser "unilateral" y de "hacer caso omiso de las preocupaciones de los países en desarrollo y los menos desarrollados". El embajador hindú ante la OMC dijo la semana pasada que el borrador "da la desagradable impresión de que no hay ningún intento serio de traer los asuntos de importancia para los países en desarrollo a la corriente principal".

Estas protestas han causado escasa impresión en Ginebra. El crecimiento es el único dios en estas negociaciones y cualquier medida que pudiera disminuir las ganancias, aunque fuese ligeramente -de las compañías farmacéuticas, de empresas de agua, de las compañías petroleras-, es tratada por los creyentes como si estuviera del lado de los infieles y los malhechores.

Con nosotros o contra nosotros

Estamos siendo testigos de que el comercio es "insertado" (al estilo Microsoft) en la lógica con-nosotros-o-sin-nosotros de la "guerra contra el terrorismo". La semana pasada el representante comercial estadounidense, Robert Zoelick, explicó que "al promover la agenda de la OMC, estas 142 naciones pueden hacerle frente al destruccionismo repulsivo del terrorismo". Los mercados abiertos son, dijo, "un antídoto" al "violento oposicionismo" de los terroristas (concordantemente, estos son no-argumentos pegados unos a otros con palabras inventadas).

Zoellick llamó a los Estados miembros de la OMC a dejar a un lado sus insignificantes preocupaciones sobre pobreza masiva y SIDA y unirse al frente económico de la guerra estadounidense. "Esperamos que los representantes que se junten en Doha perciban los más grandes intereses", dijo.

Las negociaciones comerciales son todo sobre poder y oportunidad, y para los capitalistas kamikazes de Doha el terrorismo es tan sólo otra oportunidad para adquirir más influencia. Quizá su lema pueda ser: lo que no nos mata nos fortalece. Nos fortalece mucho más.*

Traducción: Tania Molina Ramírez

Reproducido de Rebelión www.rebelion.org