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El déficit social III

VICENÇ NAVARRO

(Primera parte)(Segunda  parte)

Sinopsis:

  El prestigioso Catedrático Vincenç Navarro va desgranando algunos datos estadísticos que demuestran que el desarrollo económico español no se ha visto reflejado en la sociedad.

 

EL MAYOR DÉFICIT SOCIAL: LA INEXISTENCIA DE SERVICIOS UNIVERSALES DE AYUDA A LAS FAMILIAS

  Ahora bien, donde las insuficiencias del Estado del Bienestar español son mayores es en los servicios de ayuda a la familia, que incluyen guarderías, servicios domiciliarios para personas de la tercera edad y personas con discapacidades y otros servicios para estos grupos vulnerables de nuestra población, tal como residencias o centros de día. En estos servicios, las deficiencias son enormes. Un dato muestra esta deficiencia con toda claridad. El porcentaje de población de la tercera edad (por encima de los 65 años) que tiene algún tipo de servicios domiciliarios es en nuestro país, España, sólo del 1,4%. En cambio, el porcentaje de personas de la 

OTRA CONSECUENCIA DE LA SOBRECARGA FAMILIAR: LA BAJA FERTILIDAD Y EL RETRASO EN LA FORMACIÓN DE LAS FAMILIAS

Otra consecuencia de la sobrecarga familiar que he citado en el apartado anterior es la baja fertilidad de las mujeres en España, las más bajas del mundo, junto a Italia.

Las hijas y nietas de las mujeres de mi generación y de la de mi hermana no sacrificarán sus carreras profesionales como lo hicieron sus madres y abuelas. Este es un hecho irreversible y que es parte de la lucha de liberación de la mujer, que quiere, con razón, los mismos derechos que el hombre. La integración en el mercado de trabajo ha dado pie a una crítica a la mujer por parte de voces conservadoras que han visto esta integración como causa del deterioro de la familia, que se traduce ­según estas voces­ en una fertilidad tan baja. Ahora bien, la integración de la mujer en el mercado de trabajo no es la causa de la disminución de la fertilidad en España.

En realidad, Suecia tiene un porcentaje de población ocupada entre las mujeres, 72%, mucho más alto que España, 38%, y su fertilidad es mucho más alta, 1,8 hijos por mujer, comparado con 1,1 hijos en España. La gran diferencia es que el paro entre las mujeres (y sobre todo entre las mujeres jóvenes) es muy bajo en Suecia y en cambio es muy elevado en España, y que en Suecia hay unos servicios que ayudan a las mujeres a integrarse en el mercado laboral que no existen en España. Esta es la razón de la baja fertilidad.

La mujer española no se puede independizar hasta mucho más tarde que la mujer sueca. En realidad, el promedio de edad en el que la mujer española deja la casa paterna es a los 28 años, mucho más tarde que en Suecia, que es a los 19 años. Este retraso en dejar la casa paterna que pasa en España, tanto entre los jóvenes como entre las jóvenes, no sólo es malo para las madres, que van sobrecargadas, sino que también es malo para los jóvenes porque esta dependencia de la familia hasta una edad tan avanzada inhibe el desarrollo psicológico y emotivo de los jóvenes, frenando el gran potencial que tienen.

Me permitirán que explique una anécdota que refleja lo que quiero decir. Cada año doy clases a estudiantes de licenciatura que tienen entre 20 y 22 años, tanto en la universidad de Estados Unidos, The Johns Hopkins University (donde he impartido clases durante más de treinta y cinco años), como en la Universidad Pompeu Fabra, aquí, en Barcelona. Cada año pregunto a los estudiantes cuántos de ellos (se lo pregunto únicamente a los chicos) saben cocinar un plato de espaguetis que sea comestible. Aquí, en la UPF, un 30% levantan la mano. Yo descuento alguno porque sé que están intentando impresionar a las chicas y me quedo con un 20%. En Estados Unidos, el 100% levanta la mano, y les creo. En aquel país, la juventud deja a sus padres a los 17 años y ha de saber cómo cuidar de sí mismos. Aquí no. Aquí viven en casa donde la madre cocina para ellos, les lava la ropa y los cuida hasta que dejan la casa, a los 28 años. Esta dependencia no es buena. Mis estudiantes de Estados Unidos tienen más capacidad de iniciativa y son más autónomos que mis estudiantes de la UPF. No estoy haciendo, por cierto, una crítica a los jóvenes sino a la sociedad que no ofrece becas y otros medios que les permita independizarse. En los países de tradición socialdemócrata los estudiantes reciben un salario como estudiantes que les permite independizarse. En los países liberales como Estados Unidos (que da gran importancia a la educación como elemento integrador en una sociedad de inmigrantes), el Estado garantiza unos intereses bajos para los préstamos que los estudiantes piden para poderse financiar los estudios, además de proveer becas. En España, en cambio, los servicios de becas y otras ayudas al estudiante son de los más bajos de la UE. No pueden, por tanto, independizarse hasta mucho más tarde que en otros países.

En definitiva, podemos ver cómo las grandes insuficiencias del Estado del Bienestar están sobrecargando a las familias e inhiben el potencial que todos sus miembros tienen, tanto las madres y padres como los hijos. Hemos de garantizar un derecho todavía inexistente en nuestro país, es decir, el derecho de acceso a los servicios de ayuda a la familia y que indican el acceso a guarderías de 0 a 3 años, servicios domiciliarios y otros tipos de servicios para personas con discapacidades y personas de la tercera edad. En nuestro país, la silla del Estado del Bienestar sólo tiene tres patas, una, la que garantiza el derecho a la sanidad, otra, que garantiza el derecho a la educación, y una tercera, el derecho a la pensión (derecho, por cierto, todavía incompleto).

Pero nos falta una cuarta pata, sin la cual la silla del Estado del Bienestar no está competa ni es estable. Esta pata es la garantía de que todas las familias tengan acceso a los servicios de ayuda a la familia, un derecho universal, como derecho de ciudadanía y/o residencia, que han de tener tanto las familias de Nou Barris y la Sagrera como las familias de Sarrià y Gràcia, y tanto las familias del Pirineo de Lleida como las familias de Barcelona. No puede limitarse a un sector de las familias que tengan menos recursos. De ser así, los servicios serían asistenciales, como ahora, y eso no es bueno ni para los servicios ni para la calidad y legitimidad del Estado del bienestar. Y es aquí donde es importante añadir una nota política. El Estado del Bienestar es el resultado del pacto de la clase trabajadora con las clases medias, a través del cual los servicios son de alta calidad porque las clases medias se encuentran cómodas. Este pacto no se ha realizado en nuestro país, donde el Estado del Bienestar se caracteriza por su clasismo. Es decir, existe una polarización y falta de cohesión social en nuestro Estado del Bienestar en el que las clases medias de renta alta utilizan los servicios privados ­tanto la sanidad como la escuela­ y la clase trabajadora y clases populares utilizan los públicos. Esta situación en la que la gente con recursos va a la privada es la válvula de escape que explica la pobreza del sector público. Las clases de rentas altas (que tienen gran influencia mediática y política) se lavan las manos y se despreocupan del sector público.

LA NECESARIA EXPANSIÓN DEL ESTADO DEL BIENESTAR La solución a estas insuficiencias es aumentar el gasto y la ocupación en los servicios del Estado del bienestar, convergiendo con el promedio de gasto y ocupación social de la UE. En este sentido, es muy preocupante oír voces muy importantes e influyentes, incluso en las izquierdas, que hablan de la necesidad de reducir el gasto público en nuestro país (uno de los más bajos de la UE) y los impuestos. Naturalmente que pueden existir condiciones en las que sea aconsejable bajar los impuestos. Pero hablar genéricamente de bajar los impuestos, tal como hacen los liberales y conservadores, quiere decir diluir nuestro compromiso de mantener y expandir nuestro retrasado Estado del bienestar. No se puede decir que es está comprometido en reducir los impuestos por un lado y por el otro prometer converger con Europa en los derechos sociales. Y la ciudadanía lo sabe. Es un profundo error creer que la gente está en contra de pagar impuestos. La oposición o apoyo depende del para qué de estos impuestos. La gran mayoría de encuestas muestra que una parte importante de la ciudadanía estaría dispuesta a pagar más impuestos si se le garantizara que fueran a sanidad y otros temas sociales, como pensiones, educación, y servicios de ayuda a la familia.

En España se ha de ir hacia la convergencia social con el promedio de la UE. El gasto público ha de pasar de un 20% del PIB a un 27,8% de gasto social del promedio de la UE, invirtiendo la situación actual (que se inició en 1993) en que el gasto social como porcentaje del PIB se ha ido reduciendo en lugar de incrementarse, aumentando la diferencia de nuestro gasto social per capita con la de los países con más sensibilidad social como son Noruega, Suecia, Dinamarca y Holanda. Sólo en un año (de 1998 a 1999), el gasto social per capita de nuestro país pasó a ser de tres a casi cuatro veces más pequeño que el gasto social promedio per capita en aquellos países (Social Protection in Europe 2000. EUROSTAT).

Esta situación es sumamente preocupante: está deteriorando nuestros servicios públicos del Estado del bienestar, como sanidad y educación, por no hablar de los servicios de ayuda a las personas con discapacitación y de la tercera edad. El gobierno conservador actual intenta cubrir los grandes déficits sociales a través del aumento del gasto privado. Ahora bien, un buen Estado del Bienestar no se puede sostener con financiación privada. Los Estados Unidos ­el punto de referencia del pensamiento neoliberal­ son el mejor ejemplo de esta situación. Para mantener una buena escuela, una buena universidad, un buen hospital, unos buenos servicios domiciliarios y otros servicios de alta calidad, se requieren fondos públicos. En realidad, la persona que tiene medios en España prefiere la sanidad privada por su capacidad de elección, el trato personal y el confort (una cama por habitación en el hospital, por ejemplo, o quince minutos como promedio de tiempo de visita médica).

Ahora bien, la infraestructura científica y técnica (incluyendo el personal sanitario) es más pobre en España en la privada que en la pública. Conozco gente de renta superior en Barcelona que estaría viva si hubiese ido a la sanidad pública.

Por eso, la falta de cohesión social tampoco es eficiente. Se necesita un Estado del Bienestar único, de alta calidad, que atienda las necesidades de todas las clases sociales, mostrando que, en contra de lo que dicen los neoliberales, la cohesión social y la equidad son inseparables de la eficiencia económica. Por desgracia, el gobierno conservador español está yendo en sentido contrario.

Resultado de la obsesión que el señor Aznar tiene en anular el déficit presupuestario, se está reduciendo el gasto social público como porcentaje del PIB, proponiendo a la vez que este déficit social se haga a base de aumentar el gasto privado. Hace sólo un mes que la ministra de Educación, señora Pilar del Castillo, decía que el déficit tan grande que tenemos en el gasto público en educación secundaria (donde nos gastamos el 40% del promedio de la UE) lo habríamos de cubrir con la iniciativa privada. Encuentro sorprendente esta afirmación. Asume que nosotros podremos cubrir el otro 60% con financiación privada.

Ni tan solo en Estados Unidos, de nuevo punto de referencia para los neoliberales, el gasto privado en educación llega a estos porcentajes. En realidad, el gasto público en enseñanza en Estados Unidos es mucho más alto que el gasto público en enseñanza en nuestro país. Lo mismo pasa, por cierto, en sanidad. Estados Unidos se gasta sólo en la sanidad pública de los ancianos un porcentaje (7,4% del PIB) más alto que el gasto público sanitario español para todos los ciudadanos (5,8%). Como pueden ver, tenemos un problema grave. Estas voces privatizadoras no entienden que los fondos privados pueden complementar los públicos pero nunca pueden substituir lo público.