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El déficit social IV

VICENÇ NAVARRO

(Primera parte)(Segunda  parte)(Tercera parte)

Sinopsis:

  El prestigioso Catedrático Vincenç Navarro va desgranando algunos datos estadísticos que demuestran que el desarrollo económico español no se ha visto reflejado en la sociedad.

CÓMO PAGAR LA EXPANSIÓN DEL ESTADO DEL BIENESTAR

Aquí quisiera hacer una aclaración y es que muchas veces el discurso económico dominante esconde una realidad política que favorece la inmovilidad y el status quo.

Constantemente se informa a la población de que no hay dineros públicos para poder financiar la muy necesaria expansión del Estado del bienestar.

Estamos viendo estos días la reproducción en los medios de comunicación de este país el mensaje de que no podemos aumentar el gasto público porque nos hará menos competitivos. He explicado en un libro (Neoliberalismo y Estado del bienestar, Ariel Económica, 1998), que esta argumentación es predominantemente ideológica y carece de credibilidad científica. También estamos padeciendo otro argumento que nos dice que los Estados están perdiendo su poder debido a la globalización económica y que no pueden expandir el Estado del bienestar. La supuesta falta de poder de los Estados los fuerza a tener que diluir y debilitar su Estado del bienestar. De nuevo en otro libro, que he citado anteriormente (Globalización económica, poder político y Estado del bienestar, Ariel Económica, 2000), he documentado el carácter ideológico de estas tesis, mostrando empírica y científicamente que no es cierto que los Estados no puedan expandir los Estados del bienestar, señalando cómo algunos de los países ­como los países de tradición socialdemócrata del norte de Europa­ más globalizados tienen también los Estados del Bienestar más desarrollados.

El punto clave que explica el porqué unos Estados expanden o reducen un Estado del Bienestar es la relación de fuerzas en un país y cómo ésta se reproduce en sus Estados. Países que tienen las izquierdas fuerte y las derechas débiles tienen un Estado del Bienestar fuerte. Los países que tienen las derechas fuertes y las izquierdas débiles y divididas ­como es el caso de España­ tienen un Estado del Bienestar débil. Parte de la fortaleza de las izquierdas se debe a las alianzas de las clases trabajadoras con las clases medias, resultado de un compromiso de la universalización del Estado del bienestar, en el que los beneficios sociales son considerados derechos de ciudadanía. Es cierto que países gobernados por tradiciones demócratacristianas ­como Alemania y Holanda, por ejemplo­ tienen también Estados del Bienestar universalizados. Pero esta universalización ha sido resultado de la presión de los movimientos y partidos socialdemócratas y de otras izquierdas.

En España, en cambio, el Estado del Bienestar todavía tiene características clasistas resultado de que la transición política, en contra de lo que se ha dicho, no fue modélica. La derecha fue mucho más poderosa que las izquierdas, lo que explica muchos hechos, incluyendo la gran moderación de las culturas políticas y mediáticas, y que se refiere al tema de cómo financiar la expansión del Estado del bienestar.

Me permitirán algunos ejemplos. Como he dicho al principio del artículo, España se gasta un 20% del gasto sanitario público en farmacia (uno de los porcentajes más elevados de la UE), debido al gran poder de la industria farmacéutica. En parte, este elevado gasto es resultado de una compra muy elevada por parte del Estado de productos comerciales en lugar de productos genéricos. El porcentaje de estos genéricos en la farmacia pública española no es más de un 2,6%. En Estados Unidos, en cambio, es de un 82%, con lo que el gobierno federal de Estados Unidos se ahorra una gran cantidad de dineros porque los productos genéricos son mucho más baratos (entre un 50% y un 75% más baratos) que los comerciales.

Me permitirán que les explique una anécdota que creo significativa de la moderación existente incluso dentro de la izquierda. Una vez, cuando estaba de catedrático en la The Johns Hopkins University, invité a la que había sido viceministra de Salud del Gobierno Federal de Estados Unidos durante la Administración del presidente Carter, señora Davis, que era profesora en mi Departamento de Políticas Públicas en aquélla universidad, a ir conmigo a Madrid y comimos con el ministro de Sanidad de nuestro país. Mientras que el ministro intentaba impresionar a la viceministra por lo bien que lo hacía, la señora Davis no acababa de estar convencida. Por la forma cómo lo miraba, se notaba que la señora Davis no estaba muy impresionada. Por fin, no se pudo controlar y le preguntó si era cierto que el ministerio español era el comprador de productos farmacéuticos más importante de nuestro país. Cuando el ministro le dijo que sí, que era cierto, ella, que había sido viceministra de Salud del Gobierno Federal de Estados Unidos, le respondió que no entendía por qué se gastaban fondos públicos comprando productos comerciales en vez de genéricos. Era una cosa tan obvia que era difícil entender por qué no se hacía. No me pude contener y le aclaré al señor ministro que la señora Davis no era troskista. Sentí la necesidad de aclarar este punto porque la cultura política de nuestro país es tan moderada que el sentido común muchas veces parece radical. En realidad, el hecho de que no se haga un gasto masivo en genéricos es por razones políticas. Por tanto, si el 70% de los fármacos fueran genéricos y los precios de los genéricos fueran, como en Estados Unidos, un 50% más bajos que los comerciales, el gasto en farmacia podría bajar considerablemente, quizá del 20% al 9% del gasto público sanitario, liberando millones de pesetas que se podrían gastar en, por ejemplo, servicios domiciliarios para ayudas a las familias y en la atención a las personas dependientes. El hecho de que no existan estos servicios no es por razones económicas ­no hay fondos­ sino políticas.

Otra propuesta podría ser aumentar los impuestos sobre el tabaco, unas cien pesetas por cajetilla, lo que, considerando que en España se fuma un trillón de paquetes, podría crear uno de los fondos públicos más importantes, después de la Seguridad Social, impuestos que se podrían gastar en crear guarderías ­el impuesto se podría llamar "el impuesto del niño"­. A la vez, con estos impuestos se podría ayudar a reducir la epidemia de tabaquismo entre la gente joven ­sobre todo entre las chicas jóvenes­, que es muy preocupante. Esta política se ha llevado a cabo en Estados Unidos, donde varios Estados han aprobado por referéndum aumentar un dólar (doscientas pesetas) cada paquete de tabaco a condición de que los fondos que se establezcan financien actividades altamente populares como son servicios domiciliarios para personas con discapacidades o de la tercera edad o guarderías. Incluso los fumadores han aprobado estas medidas. Lo mismo se podría hacer en nuestro país.

Estos son ejemplos de cómo con valentía política y creatividad fiscal se podrían conseguir fondos para cubrir la muy necesaria expansión del Estado del Bienestar, además de otras propuestas como crear impuestos, directos o indirectos, finalistas para cubrir los gastos de este tipo de servicios. Ahora bien, esta realidad no ocurrirá a menos que exista una presión popular que fuerce al establishment político y mediático del país a ver que la existencia de estos servicios es tanto o más importante que establecer el AVE entre Madrid y Barcelona o construir el cuarto cinturón de Barcelona o Madrid. A menos que exista esta presión popular no habrá un cambio de políticas. En este sentido, se ha de entender que la política no es sólo lo que hacen los políticos. Estos son solamente la punta del iceberg. El cuerpo político ­nuestros representantes­ no actuarán a no ser que exista una presión popular facilitada (cuando no estimulada) por los medios de información, que informen más objetivamente de lo que lo hacen ahora, de la realidad de nuestro país, rompiendo con este ambiente complaciente y triunfalista de que España va bien. Los datos no lo muestran así. La España real y social no va bien.