Distinciones y Comunicaciones
 

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DIEGO RODRIGO SALAZAR

 

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Hacia una teoría social hermenéutica y constructivista en arqueología

 

 

 

Introducción

Los últimos años han sido testigos del desarrollo de una nueva reflexión epistemológica proveniente esta vez de la biología, y que ha vuelto a sugerir algunas nociones respecto del estatuto de la realidad que ya se hallaban esbozadas en los filósofos escépticos presocráticos: se trata, por supuesto, de la denominada biología del conocimiento o de la percepción, en la cual han destacado por sus aportes von Foerster, von Glasersfled, Bateson y Maturana, entre otros. En este ensayo me interesa explorar algunas de sus posibles contribuciones a la Teoría Social.

Precisamente en relación a lo social, esta es una posición que ya era en alguna medida sugerida por autores desde Durkheim y Levy-Bruhl, hasta Lévi-Strauss y Clifford Geertz, entre otros, para quienes la realidad es también una construcción, si bien en su caso de carácter social y cultural.

Aportes de las epistemologías constructivistas en biología

Los trabajos de Von Foerster fueron pioneros en la demostración, desde la propia lógica científica tradicional, de que no es la Realidad la que nos impone, por su carácter trascendente y objetivo, modos de descripción y clasificación naturales y espontáneos, tal como lo han pretendido un buen número de cientistas sociales incluido el propio Durkheim (Giddens 1984).

Antes bien, "allá afuera", externo a nosotros (individuos, sistemas), solo existe un continuo amorfo y caótico de "procesos electromagnéticos, movimientos de moléculas y fluctuaciones de la presión del aire" (von Foerster 1990:110), entre otras señales, a las cuales el propio cerebro humano se encarga de asignarles un contenido y una forma. De modo que, desde un punto de vista exclusivamente biológico, esa realidad absoluta y externa al sujeto de la ciencia cartesiana no es la que nos impone modos de percepción, sino que, por el contrario, experimentalmente se ha establecido que esta realidad que percibimos efectivamente es más bien resultado de complejos procesos bioquímicos que operan en el cerebro de los sistemas vivos, y que permiten que una señal sea definida y clasificada (decodificada) de una forma dada.

En términos de Von Foerster, este fenómeno se conoce como el Principio de la Codificación Indiferenciada e indica, como el mismo nombre lo dice, que las señales del exterior son cualitativamente idénticas entre sí, solamente diferenciándose desde un punto de vista cuantitativo. Es decir, sólo podemos percibir una realidad externa en la medida de que ésta es previamente diferenciada por el observador en el cerebro.

Es un hecho cada vez más aceptado por investigadores en ciencias sociales o naturales, que la realidad se reconoce y asimila en la medida de que los sistemas observadores distinguen características y elementos en el medio externo; es decir, en tanto diferenciamos una cosa de otra, en tanto creamos contrastes y oposiciones en La Realidad.

Sin embargo, desde la lógica constructivista que propugna Von Foerster, estas diferencias no están afuera del sistema. Dicho de otro modo, la consecuencia directa del Principio es que esta diferenciación que nos permite percibir una realidad externa y ordenada ocurre exclusivamente como un proceso cerebral (las señales son idénticas entre sí), y por ende es el resultado de la construcción del propio observador y no natural o inherente a lo observado.

Ya Gregory Bateson se había preguntado acerca de la posibilidad de captar efectivamente la realidad externa a través de los sentidos. Habiendo concluido que la existencia de la Realidad de la ciencia tradicional no puede ser probada experimentalmente, Bateson sostiene que en última instancia sólo podemos percibir lo que ya conocemos: y el conocimiento está en la mente. Al igual que Von Foerster, Bateson señala que la percepción es una síntesis que se halla en la mente.

Lo interesante de este último autor, es que nos lleva hacia la comprensión de los mecanismos a través de los cuales esta mente produce conocimiento y, consecuentemente, percibe. El autor introduce en este punto su noción de "distinción".

Ya vimos que la realidad es construida en la medida que realizamos distinciones. Pues bien, la diferenciación de las señales externas que Von Foerster identifica en los procesos cerebrales, Bateson la trabaja bajo el concepto de "lógica de distinciones". Estas distinciones no son materiales ni localizables en el tiempo o el espacio (no están en las cosas, ni entre ellas, escribía Bateson); sólo existen en la mente de los observadores: son esencialmente ideas en la mente de un observador.

Desde esta perspectiva, la realidad que percibimos es una construcción a partir de los propios esquemas de distinción que manejamos como observadores y no esa entidad objetiva y absoluta que podíamos aprehender mediante los sentidos (empirismo) o la razón (racionalismo).

Esta consecuencia a la que han arribado los investigadores a partir de experiencias de laboratorio, señala entonces que la realidad trascendente del positivismo clásico debe ser puesta en tela de juicio. Más aún, no es posible argumentar en favor de la existencia de tal cosa. Este realismo ingenuo que sustentaba las nociones de verdad y objetividad del conocimiento en esta realidad ontológica e independiente del sujeto y factible de ser aprehendida mediante la utilización de un Método Científico, recibe desde el campo de la biología experimental una estocada letal, que viene a remecer todavía más los ya cuestionados supuestos filosóficos sobre los que se construyó.

El Constructivismo Social

Hemos dicho más arriba que la epistemología biológica tiene ciertos puntos en común con algunas posiciones al interior de las ciencias de la conducta. Antes de seguir con el argumento creo necesario mencionarlas. Sólo daré unas pocas ideas en relación a algunas de las tradiciones más representativas en sociología y antropología, ya que adentrarnos en este tema sería alejarnos del objetivo de nuestra reflexión.

Durkheim, por ejemplo, reconocía ya a comienzos de siglo que el tiempo, el espacio y la causalidad no existen como realidades trascendentes y absolutas. Estas tres categorías esenciales del pensamiento humano son construidas al interior de los sistemas sociales mediante la asignación diferencial de valores y significados, es decir creando diferencias y contrastes en base a ellos. Es la suya una posición neo-kantiana en tanto estas categorías ya no son a priori, sino a posteriori. Y se acerca al constructivismo biológico ya que no concibe su existencia en forma independiente a los sistemas culturales.

Por otra parte, Sapir y Whorf también sostenían que una "visión de mundo" es relativa y diferente a cada cultura. Esto es, que no existe una sola forma de aprehender la realidad, y que la particularidad de cada construcción es dependiente de las categorías gramaticales del lenguaje, y por ende no de una realidad externa a la cultura.

Asimismo, podríamos enumerar algunas posiciones semejantes que ha adoptado la antropología estructural de Lévi-Strauss, la sociología comprensiva de Berger y Luhmann, y Alfred Schütz, y la antropología simbólica de Clifford Geertz (ni qué decir de la antropología "posmoderna"), sin embargo creo que los ejemplos entregados son suficientes por sí mismos.

Todas estas posturas comparten con el constructivismo biológico el supuesto de que la realidad externa es ante todo una construcción de los sistemas, sociales en el primer caso, biológicos en el segundo, y que para su estudio debemos abocarnos a las categorías culturales más que a las condiciones "objetivas" del entorno y el comportamiento. Sin embargo, en la anterior aseveración encontramos una diferencia infranqueable entre este constructivismo social y las epistemologías generativas en biología.

Especialmente a través de la obra de Maturana, el Principio de la Codificación Indiferenciada deviene en lo que el chileno denomina el Determinismo Estructural, y según el cual, el organismo, el sistema, sólo puede percibir y explicar lo que su estructura biológica le permite percibir y explicar. De manera que todo lo que observamos, así también como las explicaciones de nuestras propias observaciones -basadas en las distinciones del lenguaje- están determinados por nuestra estructura y no por nada externo a ella.

Esto quiere decir que lo que percibimos en el entorno en tanto sistemas observadores es lo que nuestra estructura nos permite observar, nada más ni nada menos.

Como vemos, a diferencia del constructivismo social, la tesis de Maturana (y Von Foerster, etc.) es que la realidad es una construcción únicamente individual del sistema vivo, y no del sistema social o cultural. No puede ser compartida, ni siquiera comunicada: cada uno de nosotros "encerrado en la soledad del determinismo estructural" (Maturana 1995).

Sin tener la intención de restarle valor, creo que en relación a este punto las tesis de Maturana deben ser consideradas en el contexto en el que se han desarrollado. Y éste tiene a mi juicio dos aspectos centrales:

  • En primer lugar, esta es una teoría biológica, y como tal, sólo se interesa y sólo reconoce la dimensión de lo biológico, sin dar cuenta de lo social;

  • Por otro lado, Maturana ha construido su modelo en el seno de una sociedad posmoderna, en donde efectivamente hay una tendencia hacia la disolución de lo macro, de las identidades y las ideologías, de lo común, lo grupal, lo globalizador. En nuestras sociedades encontramos cada día una mayor disgregación de lo colectivo en unidades más y más fragmentadas; en última instancia en individuos aislados y solos en busca de su identidad en lo singular, no lo global, en lo individual y no lo social.

Desde nuestras disciplinas por lo tanto, podemos plantear que las falencias del constructivismo biológico se hallan en su incapacidad de dar cuenta de lo social. Sin embargo, un puente entre estas epistemologías biológicas y la Teoría Social ha sido propuesto por la obra de Luhmann, a la que me referiré a continuación.

Para el sociólogo alemán, lo social entendido como "un nivel emergente de realidad", se construye como una respuesta al tema de la complejidad. "En el principio era la complejidad", la ausencia de orden o el continuum indiferenciado de señales de Von Foerster. Pero para que el hombre pueda sobrevivir en el mundo le es menester reducir esta complejidad, ordenarla: construir una realidad. Los sistemas desde esta perspectiva son los encargados de reducir esta complejidad, de reconocerla y hacerla parte de sí mismos (operan con ella). Esto se logra principalmente mediante un proceso de selectividad y elecciones.

Ya volveremos sobre este punto, que me parece de importancia fundamental a la hora de proponer una Teoría Social con aplicaciones a la arqueología.

Antes señalemos que en términos sociológicos, el equivalente de la complejidad es lo que este autor, siguiendo a Tomás de Aquino, denomina la contingencia, y que se vincula estrechamente con los conceptos de libertad y voluntad.

El modelo luhmanniano de la "doble contingencia" supone que dos sistemas que se encuentran por primera vez están divididos por un océano de incertidumbre, de complejidad, en la cual prácticamente todo es esperable del comportamiento del otro, siendo que a la vez ambos están a la espera de una señal por parte del otro para poder actuar (1).

Pero la doble contingencia se resuelve apelando a un nuevo nivel de realidad, el nivel de las comunicaciones, el cual nos remite en última instancia a lo social. Es decir, la doble contingencia se va disminuyendo progresivamente a través de las comunicaciones y los subsecuentes lazos sociales que establecen los sistemas psíquicos en su interacción. En la obra de Luhmann entonces, lo social se reduce a las comunicaciones que generan los observadores en sus interacciones; estas comunicaciones son esencialmente recursivas. A su vez, estas comunicaciones aseguran el carácter autopoiético de los sistemas sociales: se producen y se reproducen sólo en comunicaciones sucesivas, es decir, el sistema se cierra al entorno y se reproduce exclusivamente utilizando lo que produce internamente (las comunicaciones).

Cuando se establece un lazo comunicativo entre dos individuos, la complejidad ha sido reducida, puesto que ya no todo es esperable del comportamiento del otro. La comunicación define ciertos límites para las futuras comunicaciones que surjan a partir de ella. Así, la comunicación social constituye en sí misma un sistema.

Hacia una Teoría Social en Arqueología

Los hombres no perciben de manera transparente a través de sus sentidos una realidad que tiene una existencia independiente y externa a ellos. Lejos de preocuparse por debatir acerca de la existencia o no de esto que llamamos realidad, el "constructivismo relativizado" se limita a señalar que nada podemos decir acerca de ella, y consecuentemente se esfuerza por trasladar el eje de la discusión al observador. Estas epistemologías sostienen que sólo podemos percibir lo que distinguimos, y sólo distinguimos lo que nuestra estructura nos permite, a través de la operación de un esquema de distinciones.

Desde el punto de vista social, que es en último término el que nos interesa, el comportamiento humano no puede entenderse exclusivamente en sus condiciones externas y objetivas. No se puede cosificar, por mucho que lo haya intentado hacer Durkheim, ni se puede considerar en relación a una realidad objetiva, pues no tenemos acceso empírico a ella.

Una respuesta a este impasse surgió desde el siglo pasado en las corrientes fenomenológicas y hermenéuticas. Sin embargo, la gran mayoría de ellas se limitaron a trasladar el "objeto de estudio" desde las condiciones externas de la acción social hacia su "sentido", el cual se asimiló corrientemente con los conceptos de intención o motivación de los actores sociales. Las posiciones más complejas, como la de Weber, propusieron integrar ambos aprontes a lo social.

Si bien estas líneas de trabajo adoptaron una orientación interesante y provechosa, creo que su principal flaqueza radicó en limitar el estudio del sentido a las motivaciones. Giddens intenta salvar esta situación, y construye una propuesta a mi parecer sugerente.

La posición adoptada por Luhmann, por su parte, es también radicalmente opuesta al positivismo clásico. Lo social no puede ser estudiado desde fuera de lo social, no podemos trazar la distinción entre sujeto cognoscente y objeto de estudio, entre rex cogitans y rex cognasis como lo hizo Descartes.

Desde el punto de vista de la Teoría de los Sistemas Sociales Autopoiéticos, hemos dicho que el fenómeno social por excelencia lo constituyen las comunicaciones, de manera que la comprensión del comportamiento humano, de las situaciones sociales, debe orientarse a ellas. Es decir, se considera que el fenómeno social está constituido estructuralmente por las comunicaciones, y a ellas se limita.

Sin embargo, me parece que las interacciones sociales son posibles sólo si consideramos algunos elementos que trascienden a las comunicaciones recursivas propiamente tales, y esto nos remite a un segundo aspecto de las teorías constructivistas, a mi parecer el más interesante de todos. Este nuevo supuesto establece que lo social no ocurre solamente "entre" los individuos, sino también "dentro" de ellos.

Sucede que las comunicaciones van siendo integradas al sistema no solamente limitando en cierto modo, y en forma progresiva, las comunicaciones futuras, sino que también, y esta es mi impresión, introduciendo en el sistema observador nuevas distinciones. Si esto es efectivamente así, lo debemos tratar como un supuesto, entonces deberemos aceptar que las distinciones no son producidas únicamente al interior del sistema, sino que también son ingresadas a él mediante actos de comunicación, en especial durante los procesos de socialización y enculturación, lo que a su vez nos lleva a señalar que los acuerdos y los consensos sociales no son resultado exclusivo del determinismo estructural o de la coordinación de acciones consensuales, o más bien dicho, que las semejanzas estructurales no explican por sí solas la aparición de consenso y orden en lo social, sino que debemos contemplar también la posibilidad de que los observadores puedan compartir ciertas distinciones.

Decíamos que en las interacciones sociales no sólo debemos considerar lo que pasa "entre" los organismos, sino también dentro de ellos. Al enfrentarse a la doble contingencia, ego espera una señal de alter que le permita reducir la incertidumbre y orientar su respuesta. Ahora bien, independientemente de si la señal de alter es correctamente interpretada por ego o no, es indispensable para que éste actúe a partir de ella que tenga un acervo de experiencias previo que le permita reconocerla como tal, y más aún acercarse a lo que algunos científicos sociales denominarían decodificación. En última instancia, de todas las señales que efectivamente emite un organismo hacia su entorno, el que se encuentra en posición de contingencia respecto de él debe reconocer alguna como tal, y más aún, reconocer que se dirige a él y que contiene un mensaje.

De manera que la situación social en el caso de que se produzca una interacción, es decir, un sistema social en términos luhmannianos, no puede reducirse a las comunicaciones en sí mismas, sino también a las condiciones previas que permiten que se establezca tal comunicación y que a la vez limitan su rango teóricamente infinito de posibilidades. Me parece que estas condiciones previas se encuentran en el interior de los observadores en la forma de experiencias ingresadas a partir de comunicaciones anteriores, pero que ya han perdido su carácter como tales, ya que se hallan al interior de un sistema individual, y se organizan para conformar un esquema de distinciones que le permite al individuo percibir un entorno, un entorno por lo demás efectivamente ordenado, y actuar dentro de él.

Volviendo al tema de la complejidad propuesto por Luhmann, creo oportuno señalar que la vida en sociedad sólo es posible en la medida en que la complejidad exterior, este continuo de señales, es ordenado de alguna manera. Es decir, una sociedad se constituye como tal en cuanto le asigna un ordenamiento a este caleidoscopio de experiencias y señales externas, el cual se logra mediante la organización, a través de las comunicaciones, de un sistema de distinciones que en el futuro deberá ser traspasado de generación en generación, de manera que cuando un individuo se incorpora a un sistema social, recibe a través de las comunicaciones que mantiene con su entorno un sistema de distinciones que le permiten discriminar una realidad externa.

Al referirme de este modo a lo social, estoy pensando en el fenómeno desde una óptica "universal". Es decir, pensando en una Teoría Social. Digo esto pues me parece que esta interpretación calza más con sociedades primitivas, y menos con las sociedades complejas, en las cuales la cantidad de comunicaciones y distinciones que maneja un único organismo son tales, que cuando una comunicación introduce una nueva distinción, ésta debe acomodarse en un sistema tan complejo, que hace difícil que éstos puedan compartirse efectivamente entre más de un observador. Por otro lado, los sistemas de distinciones han perdido su hegemonía dada la caída de las ideologías y las macroidentidades.

Sin embargo, creo que esto sí puede pensarse respecto de formaciones más simples, como la de las sociedades tradicionales, en donde predominan las relaciones cara a cara, y por ende hay menor contingencia y mayor posibilidad de compartir experiencias y distinciones, y en donde la realidad es explicada a través de un cuerpo mítico de carácter sagrado y por lo tanto absoluto.

Al tener estas "estructuras" un carácter de sagrado (es decir, incuestionable, inamovible), es indispensable que se reproduzcan en cada individuo que se incorpora al sistema. Esto se logra mediante la socialización, y deviene en el hecho de que estos esquemas de distinciones sean los aspectos más esenciales y más reacios al cambio dentro de un sistema cultural.

Me ha interesado explorar en lo social desde esta perspectiva pues tales son el tipo de sociedades con que tratan los arqueólogos, y los supuestos aquí esbozados tienen innegables consecuencias para nuestra práctica.

Entendido así lo social, debemos a continuación referirnos a la manera de abordarlo.

Como ya se ha señalado, en el positivismo ortodoxo la noción de verdad se funda sobre la concepción ontológica y absoluta de la realidad, a la que se podría acceder de manera "objetiva" mediante la aplicación de un método científico. Sin embargo, toda vez que hemos puesto en duda esta concepción ingenua de la realidad, y la hemos reemplazado por otra que señala que ésta es producida por los observadores en tanto manejan un esquema de distinciones que en parte puede ser compartido socialmente, debemos también aceptar que no hay una manera "correcta" de ver la realidad, sino que todas las formas son cualitativamente equivalentes. Todas son "observaciones de la realidad".

Aceptada tal premisa, debemos avanzar todavía un paso más para señalar que en consecuencia, la investigación de lo social no puede orientarse al estudio de esta realidad trascendente, sino más bien, a la de los puntos de vista desde los cuales ésta es observada. Se trata pues de reemplazar una ontología por el perspectivismo.

Aplicada a nuestro ejemplo anterior, el estudio de la situación social no se agota en la realidad externa de la misma, y ni siquiera en sus resultados efectivos, las comunicaciones, sino que las explicaciones deben contemplar también las perspectivas que tienen los actores de estas situaciones, y las posibilidades de elección que les otorga su estructura de distinciones.

Habíamos dicho que la hermenéutica y la fenomenología estaban bien encaminadas. El error, reitero, fue situar el "sentido" en las motivaciones de los actores. Para nosotros, desde una lógica hermenéutica y constructivista, las perspectivas de los actores sociales se definen a partir de los esquemas de distinción que manejan.

Como no podemos dar por sentada la existencia ontológica de estos esquemas, ni observarlos directamente como manifestaciones empíricas, debemos optar por la salida que nos ofrece la hermenéutica, mediante la cual, proponemos interpretaciones o lecturas que den cuenta del comportamiento social a partir de los modelos que construimos en relación a los esquemas de distinción manejados por los observadores.

Creo que tal procedimiento, por lo menos en líneas generales, es factible de ser realizado en arqueología, y mi Tesis de Licenciatura pretende intentar demostrarlo.

Desde un punto de vista metodológico, el procedimiento antes referido es denominado observación de segundo orden, concepto ya presente en la obra de Von Foerster, y que según lo hemos definido en estas páginas implica que intentaremos captar o reconstruir, o mejor aún, interpretar (comprender), los esquemas de distinción a través de los cuales los observadores observan la realidad, y que son en última instancia los que mejor explican su comportamiento social y las formas que adquieren las interacciones recursivas entre ellos.

En calidad de observadores científicos, no podemos dejar completamente de lado la noción de recurrencias. Pero estas no deben buscarse en la "realidad externa", sino en los esquemas de distinción. Si reemplazamos este concepto por el de "sentido", creo asimismo que la hermenéutica puede ser revitalizada.

En este sentido, está claro que mi visión del conocimiento especializado que producimos encaja dentro de un contexto específico, ya que no tiene, por la actividad que desempeño, un interés de intervención: no es un conocimiento aplicado. Constituye tan sólo una "pasión por explicar" las observaciones que realizamos respecto del enigmático fenómeno humano, y a la vez un intento por comprender las múltiples maneras en que el hombre se ha enfrentado a su propia existencia a lo largo de la historia.

De esta manera, a través de una observación de segundo orden que pretende rescatar los esquemas de distinción de los observadores sociales, estaremos en una posición privilegiada para entender porqué de entre una teóricamente infinita posibilidad de elecciones, un sistema opta por seguir únicamente una alternativa de comportamiento y reacción ante las señales que emite el medio.

Naturalmente que una posición como esta debe alejarse de los conceptos de verificación o falsación. Creo que optar por una aproximación como la que he intentado proponer es difícil en arqueología, pero no imposible. La validez de los resultados se establece en la medida de que los modelos hacen "calzar" una mayor cantidad de información, en la medida en que integran de manera coherente en un discurso científico una mayor cantidad de "datos".

¿Seremos después de todo ¾tal como lo decía Manuel Canales¾ verdaderos "artesanos del lenguaje"?


Bibliografía

Giddens, A. Las Nuevas Reglas del Método Sociológico. Amorrortu. B. Aires. 1984.

Luhmann, N. Sistemas Sociales: Lineamientos para una teoría general. Alianza Editorial. Madrid. 1991

Maturana, Humberto. La Ciencia y la Vida Cotidiana: La ontología de las explicaciones científicas. En: Paul Watzlavick. El ojo del observador. Gedisa. B. Aires. 1995

Von Foerster. Bases Epistemológicas. Revista Anthropos 22. Compilación de Jesús Ibañez. Barcelona. 1990.


Notas

1. Es importante hacer notar que esta imposibilidad de predecir el comportamiento humano hace inaplicables los modelos mecánicos y matemáticos del positivismo tradicional en ciencias sociales, el que, dicho sea de paso, se encuentra paradójicamente imbricado en la praxis de la menos empírica de las ciencias de la conducta: la arqueología.


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