El Ejército del Tercer Milenio

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LUIS PERAZA PARGA

 

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Prepararse para la guerra, prepararse para el combate no es el papel que debe jugar un ejército moderno en el escenario mundial, a pesar de lo que estamos viviendo en estos momentos. La frase de la cinta “Las cuatro plumas”: “Congratulations gentlemen, we are shipping to a war” (“Felicidades caballeros, nos encaminamos hacia la guerra”) es y debe ser anacrónica. No debe tener cabida en los albores de este nuevo siglo que apenas comienza pero del que ya llevamos tres años. La mentalidad de los ejércitos debe  cambiar. El secreto: aprovechar los relevos generacionales dentro de las Fuerzas Armadas para inculcar nuevos valores. Valores que sean de consecución de la paz, del servicio a la sociedad civil, no sólo de su país, sino la sociedad civil mundial. Que los jóvenes aspirantes al ingreso en ejércitos profesionalizados o con reclutamiento obligatorio vean en su objetivo el mantenimiento de la paz y el servicio irrestricto a los demás a través de las mejores tecnologías y del mejor adiestramiento. Los ejércitos no pueden ser órganos democráticos por que perderían eficacia en su labor. Igual que la Administración y que la empresa pública y privada están sometidos a cadenas de mando. Las órdenes que te da un superior deben ser cumplidas salvo que sean ilegales o manifiestamente incorrectas(1). Otro punto controvertido es otorgar funciones de policía al ejercito con la capacidad de detener o arrestar individuos. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos con sede en Washington, primer escalón anterior a la Corte Interamericana, en la protección a posteriori de derechos humanos consagradas en la red de Tratados Interamericanos, se ha agotado de manifestar en varios instrumentos recomendatorios el peligro para los derechos humanos que supone esta práctica equivocada. La diferencia entre el dictado de órdenes en la sociedad civil y en el ámbito militar son sus posibles consecuencias. Los ejércitos deben de dejar de ser cotos privados con privilegios insultantes para el resto de la sociedad. Se deberían redactar nuevos códigos militares centrados en el servicio a los demás en situaciones de ayuda humanitaria, catástrofes naturales o como consecuencia de guerras civiles y movimientos desacostumbrados de masas de población(2). Es en esos campos donde se debe centrar la educación de los militares del siglo XXI. La referencia a la patria, la exacerbación de nacionalismos y las doctrinas centradas en los peligros que vienen del normal disenso de la población son materias para el destierro definitivo.

En su lugar se deben escribir e inculcar valores y conceptos como el servicio a los demás, solidaridad, el concepto de subsidiariedad, la ayuda a poblaciones en peligro, la ayuda a los desplazados, el socorro en situaciones de emergencia, los corredores humanitarios, la ayuda humanitaria.

El ejemplo señero de estas nuevas actitudes la encontramos en la llamada “Task Force”(3), equipo de ayuda multidisciplinar con un plantel internacional compuesto por militares y civiles cuya misión es ayudar a todos los refugiados de la antigua Yugoslavia. Su sede está en Zagreb, Croacia. Los militares tienen la función añadida de proteger la labor de las más de 80 organizaciones no gubernamentales que trabajan sobre el terreno(4). En 1996 fue dirigida por un general español que desarrolló una excelente labor de ayuda humanitaria, constatándose que las partes entonces en conflicto, les permitían el acceso a lugares donde no llegaban otras organizaciones, reconociendo tácitamente la buena labor, transparencia y seriedad de la “Task Force”. Nadie como el ejército para construir, en pocas horas, espacios de convivencia mínima entre miles de refugiados y garantizar la seguridad al interior y al exterior de los mismos. Algunos los llamarían campos de concentración, otros campos de refugiados, sin embargo, son nuevos pueblos temporales con autoridades no elegidas democráticamente debido a la gravedad de las circunstancias y a la premura de las actuaciones. La logística, coordinando camiones para distribución de ayuda humanitaria, en el abastecimiento de la población es otro de los campos de acción prioritarios del ejército. Todos los militares profesionales deberían tener la oportunidad, como medio de afirmación de estos nuevos valores que propugnamos, de pasar por estas situaciones humanamente conflictivas y que definitivamente cambian la perspectiva de las cosas. Ese espíritu de colaboración esencial entre los militares y la sociedad haría que ésta viera a aquellos con una simpatía enorme por que sabrían que están allí para ayudarla y protegerla en general y socorrerla en situaciones excepcionales. El entrenamiento sería muy parecido al actual en donde el armamento sería sustituido por equipos de rescate, apoyo logístico, manutención propia y de las personas que fueran encontrando. La disciplina sería la misma pero con el objeto de socorrer de manera más eficiente a la población en peligro. Los clásicos policías ingleses llamados popularmente “bobbies” ejercen su labor policial, entre el respeto y satisfacción de sus conciudadanos, sin necesidad de portar armas. Claro, claro se trata de la democracia más antigua y continua del planeta, pero ¿porqué no aprender de ella en todo lo que sea rescatable?

En definitiva, sería recuperar el espíritu de la llamada “revolución de los claveles” en Portugal en abril de 1974. Todo empezó con una flor introducida por una florista de una calle de Lisboa en el cañón de un fusil de un militar cuando los militares, apoyados por la población civil, desterraron 42 años de dictadura, precisamente militar. Retomemos la esencia de la revolución de los claveles para colocar a los ejércitos nacionales e internacionales al servicio ético de la sociedad mundial.       


Notas:

1 En este sentido consultar el artículo aparecido en La Insignia el 15 de marzo del 2003 “La negativa a obedecer órdenes manifiestamente criminales” Jacques Verhaeguen

2 La ayuda humanitaria se destina ante todo a las poblaciones del tercer mundo y abarca no sólo acciones de auxilio inmediato sino también de prevención de catástrofes y de reconstrucción. Dichas acciones se centran, durante el tiempo necesario, en las necesidades de carácter repentino derivadas de catástrofes naturales (como inundaciones o terremotos) o causadas por el hombre (como guerras o conflictos) u ocasionadas por circunstancias extraordinarias comparables.

3 Creada en el Consejo Europeo celebrado en Birminghan (Inglaterra) en octubre de 1992. Se trata de la  reunión de Jefes de estado y de gobierno de los hasta ahora 15 estados miembros, 25 en mayo del 2004 de la Comunidad Europea que, sin ser una institución comunitaria, orienta e impulsa la construcción comunitaria a través de estas “Cumbres.”

4 La Oficina de Ayuda Humanitaria de la Comunidad Europea, mejor conocida por sus siglas en inglés ECHO, unifica toda la ayuda humanitaria, alimentaria y de emergencia desde 1992. No trabaja directamente sobre el terreno sino a través de ONGs y agencias internacionales con las que mantiene un permanente diálogo.


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