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Escasez de recursos y conflictos internacionales

Irene Fernández

Irene Fernández es Licenciada en Derecho, especialista en política ambiental y colaboradora del Centro de Investigación para la Paz (CIP)

Sinopsis:

 Durante los últimos años, la relación entre los Estados ha evolucionado desde concepciones realistas e individualistas hacia actitudes orientadas a la cooperación. Este avance se aprecia especialmente en política medioambiental.. La escasez de recursos está ligada al germen y desarrollo de conflictos internacionales, lo que puede comprobarse en determinadas regiones como Africa y Oriente Medio, escenario de la llamada crisis del agua. Este recurso, cada vez más escaso y vulnerable a la acción destructiva del ser humano, se ha convertido en un factor determinante en muchos de los conflictos de fin de siglo. 

Sumario

  

El medio ambiente como problema global

Desde la creación del Estado-nación, en las relaciones internacionales se ha impuesto el principio de soberanía y autonomía de los Estados, que deciden cómo se utilizan y conservan los recursos naturales que se hallan dentro de sus fronteras. La crisis ambiental y el nuevo modelo de pensamiento ligado a la noción de ecosistema global han hecho que gobernantes y sociedades tomen conciencia de los límites de los recursos naturales, y que consideren necesario un nuevo modelo de gestión y conservación para lograr un uso y reparto de estos bienes más equitativo.

En las últimas décadas, se ha observado que al mismo tiempo que crece la población, disminuye la base de recursos naturales, debido al abuso y degradación de su explotación. El medio ambiente es ahora uno de los asuntos más importantes en todo tipo de negociaciones globales y regionales. El mundo se enfrenta por primera vez con el desafío de crear normas internacionales para administrar los bienes comunes de todo el planeta.1 Los recursos naturales necesarios para toda la humanidad, llamados bienes comunales globales, son un asunto fundamental en estas negociaciones internacionales Estos bienes son limitados y escasos, y su utilización y conservación concierne a todos los países, sean desarrollados o en vías de desarrollo. Han de compartirlos de forma racional y preservarlos en un marco de relaciones interdependientes. Además, como mantiene Hardin, si un país no mide el uso colectivo de estos recursos, puede alterar el equilibrio del ecosistema.2

Debido a las nuevas amenazas ambientales, está en peligro la seguridad global. Mientras los realistas en política internacional siguen rigiéndose por intereses económicos y geopolíticos, quienes defienden la cooperación pretenden que se atienda a los derechos del conjunto de la sociedad y no de Estados particulares.

El Derecho Internacional Público ha experimentado una importante evolución hacia estas cuestiones globales, lo que se refleja en tratados como la Ley del Mar, de 1982; el Protocolo de Montreal sobre la disminución de la capa de Ozono, de 1990; el Convenio sobre la protección y utilización de los Cursos de Agua Transfronterizos y de los Lagos, de 1992, entre otros. Si bien estos tratados suponen un paso adelante en la concienciación de los Estados, aún queda mucho para que estas normas se apliquen. El reto al que debe hacer frente el Derecho Internacional del Medio Ambiente es la aplicación y puesta en práctica de la legislación existente.3

El principio de soberanía nacional ha de dejar paso a la cooperación para hacer frente al impacto internacional de la degradación ambiental. La teoría realista hace un análisis incompleto de problemas tan graves como el crecimiento demográfico o el agotamiento de los recursos. Teniendo en cuenta la naturaleza conflictiva de las relaciones internacionales4 , hay que avanzar hacia un régimen internacional basado en la cooperación en el conflicto.

Hasta ahora, los principales obstáculos son los siguientes:

· El conflicto entre los denominados países del Norte y los del Sur, división que responde a criterios de niveles y calidad del desarrollo. Estos países plantean sus relaciones con los recursos naturales desde perspectivas, necesidades y modelos de consumo muy distintos. Destaca el desequilibrio en lo que se refiere al acceso y utilización de los recursos. El 80% de estos bienes está controlado por el 20% más rico de la población mundial.

· La soberanía sobre los recursos, irrenunciable para determinados Estados, porque la consideran vital para asegurar su posición y controlar su seguridad.

· La falta de incentivos que fomenten la negociación entre Estados. Como afirma Prins, sólo cuando el problema ambiental alcance un punto de no retorno, la comunidad internacional, que se guía por principios realistas, querrá tomar medidas. Y entonces será demasiado tarde.5

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La escasez, germen de violencia

El Estado, como responsable de preservar el medio ambiente, ha de garantizar el acceso a unos recursos cada vez más limitados, y mantener la seguridad. Los conflictos armados actuales se deben a un enfrentamiento entre facciones por la toma del poder, la conquista de un territorio o el control de los recursos naturales.6

Tanto los recursos renovables (agua, bosques) como los no renovables (minerales, petróleo) son limitados y escasos. Además presentan una distribución asimétrica, entre los actuales habitantes del planeta, y entre ellos y las generaciones futuras. El objetivo del desarrollo sostenible, que postulaba en 1987 la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo, está aún muy lejos. En el Informe Brundtland se afirmaba : "La tensión ambiental es a la vez causa y efecto de la tensión política y del conflicto militar...Es probable que esos conflictos aumenten a medida que vayan escaseando estos recursos (ambientales) y se agudice la competencia en torno a ellos".7

Hay una serie de recursos, esenciales o estratégicos para la supervivencia y el desarrollo, como el agua o el petróleo, que suelen ser motivo de numerosos conflictos armados. Cada vez es más frecuente que determinados conflictos sociales deriven en violencia por efecto de la escasez ambiental. Y a la vez la escasez ambiental irá en aumento a consecuencia de los conflictos violentos.

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La seguridad ecológica

Los Estados interactúan, bilateral o multilateralmente, para acceder a los recursos naturales. Necesitan conseguir recursos externos para poder vivir y organizarse. Hay una creciente vinculación entre Estado, seguridad y medio ambiente. En este contexto, es necesario ampliar la noción de conflicto en relación con la seguridad. Según la teoría realista, la seguridad se entiende en términos militares. Ahora el concepto debe incorporar la variable ambiental. Así ahora se habla de seguridad ecológica en política internacional.

El término seguridad es subjetivo, en el sentido de que las amenazas que percibe un determinado sector social, o un Estado, pueden no coincidir con amenazas reales, y dinámico, en continuo cambio. Igual que conflicto no necesariamente presupone violencia ni imposibilidad de cooperación. Entendido como algo connatural al ser humano, el conflicto puede ser una de las fuerzas motrices del cambio.8 Según algunos autores, desde mediados de los años 70 la geopolítica deja de girar en torno a la noción de enfrentamiento y se transforma en una disciplina de paz, que se ocupa de la distribución equitativa de los recursos del planeta.9

Frente a la teoría del balance de poder entre los Estados como garantía de su seguridad e independencia, han surgido otras que plantean la necesidad de configurar un orden mundial diferente, basado en la cooperación y en la idea de la responsabilidad mutua practicada por una sociedad comprometida con la supervivencia. En este contexto hablamos de seguridad en común o compartida. Estas ideas surgieron como reacción y consecuencia de la amenaza nuclear de autodestrucción a que se vio sometida la Humanidad durante los años 80 especialmente, continúa siendo válida para enfrentarnos a estos problemas ambientales.10

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Conflictos ambientales

La relación entre escasez de recursos, conflictos armados y destrucción ambiental se considera una de las raíces de las guerras modernas. El Peace and Conflict Studies Program de la Universidad de Toronto, en colaboración con el Program on Science and International Security de la American Association for the Advancement of Science de Washington, el Canadian Centre for Global Security de Ottawa, y el International Security Studies Program de la American Academy of Arts and Sciences, han realizado diversos proyectos de investigación sobre este asunto.

Entre 1990 y 1993, estas instituciones desarrollaron el Project on Environmental Change and Acute Conflict. Las conclusiones fundamentales de sus estudios indican que la escasez de recursos renovables contribuye a generar conflictos violentos en muchas partes del mundo en desarrollo. Es una variable que actúa junto con otras como la vulnerabilidad del ecosistema, causas económicas, políticas, sociales, siempre que la degradación ambiental no sobrepase un determinado límite de irreversibilidad, a partir del cual es ya una variable independiente, y puede generar por sí sola un conflicto violento. La escasez ambiental puede dar lugar a enfrentamientos violentos que provoquen la fragmentación del Estado o la agudización de su carácter autoritario, lo que puede originar grandes movimientos de refugiados, dentro y fuera del país. Todo ello, finalmente, alteraría gravemente las relaciones de este Estado en el contexto internacional y afectaría a la seguridad mundial.

Estos estudios indican que los conflictos violentos causados por la escasez de recursos suelen ser persistentes, difusos y subnacionales. Durante las próximas décadas serán cada vez más frecuentes en los países en desarrollo, sobre todo los que tengan como origen el agua dulce, los bosques, la pesca y la tierra cultivable. El proyecto titulado Environmental Scarcities, State Capacity and Civil Violence (1994-1996) estudia la relación entre la degradación ambiental de un país, el debilitamiento y fragmentación de sus instituciones básicas, y los enfrentamientos violentos que pueden originarse.

En Environment, Population and Security (1994-1996) se plantea la relación entre el crecimiento de la población, la escasez de recursos renovables, las migraciones y los conflictos violentos, basándose en el estudio de casos concretos, especialmente en las regiones en desarrollo. Una de las conclusiones es que las interacciones entre la escasez ambiental, el rápido crecimiento de la población y los movimientos de refugiados tienen serias implicaciones en la política exterior y la seguridad nacional de los grandes Estados industrializados, dado que afectan a Estados con un gran número de habitantes, como China, India, Brasil, Indonesia o México ; afectan a Estados en regiones clave, como Oriente Medio, Norte de África, Sur de Asia, América Central y el Caribe ; y/o provocan una situación de emergencia humanitaria compleja, allí donde el grado de sufrimiento humano es tal que justifica una acción de asistencia internacional, como es el caso de la zona de los Grandes Lagos en África Subsahariana.11

Al ser la seguridad global la que está en juego, es la sociedad internacional la que debe adoptar nuevas prácticas y dar especial importancia a la cooperación, con el fin de reducir la escasez de recursos, controlar el crecimiento de la población, distribuir equitativamente la riqueza de y entre los distintos pueblos y avanzar hacia un desarrollo sostenible.

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La crisis del agua

El agua cubre más del 70% de la superficie total del planeta. Un 97% es agua salada y tan sólo un 3% es agua dulce. El declive de los ecosistemas de agua dulce se está convirtiendo en un problema importante que puede ser causa de numerosos conflictos en y entre Estados, y que puede afectar a regiones donde este bien es escaso, como Oriente Medio. Este recurso natural se encuentra al límite de su explotación, ya que, aunque es renovable, también es limitado y muy vulnerable a los efectos de la acción humana. Hasta ahora, como era considerado un recurso inagotable y con un acceso sólo limitado por las técnicas de ingeniería, ha sido sometido a prácticas de consumo irresponsables.

El consumo mundial de agua tuvo un vertiginoso crecimiento desde 1950. El aumento general del nivel de vida en todo el mundo hizo que la demanda de agua creciese más rápido que la población. El sector agrícola utiliza un 69% del agua, el industrial un 21%, en usos urbanos se emplea el 6% y las pérdidas de embalses se calculan en un 4%.12 El mayor porcentaje de utilización del agua, tendencia que va en aumento, se destina a la irrigación. Durante este siglo la cantidad de agua usada para el riego en la agricultura se ha multiplicado por diez. Es un proceso en el que se desperdicia mucha agua, ya que una gran parte no llega a su destino o resulta contaminada antes de volver al acuífero o al sistema fluvial superficial en donde se reintegra. También puede producir importantes daños ambientales, pero bien gestionado, si se evitan las pérdidas innecesarias, puede dar beneficios, ya que generalmente aumenta e intensifica la productividad de las cosechas. Durante los próximos 30 años, un 80% de los alimentos para el aumento de población previsto, provendrá de la agricultura irrigada. De los 5.600 millones de personas que constituyen la población mundial, más de 1.000 millones no tienen acceso a agua limpia y salubre, mientras que otros 1.700 millones carecen de acceso a medios de saneamiento adecuados.

Según la Organización Mundial para la Salud (OMS), en 1986, el agua insalubre causaba la muerte de 27.000 personas diariamente en el mundo. Veintiséis países, en su mayoría de Africa y Oriente Medio, aunque también algunos europeos como Holanda, son deficitarios en agua. Muchos de ellos poseen elevadas tasas de crecimiento demográfico, lo que agudiza sus problemas de suministro13.En algunas regiones la disponibilidad de este recurso ya ha alcanzado la denominada barrera del agua, que define el uso mínimo aproximado del agua necesaria para un buen nivel de vida en una nación desarrollada moderadamente eficiente, estimado en 1.000 metros cúbicos por persona y año. Algunos países ven afectado su desarrollo industrial por la falta de agua dulce. En ocasiones esta escasez es la causa principal y única de su estancamiento económico. Este hecho aumenta las tensiones entre naciones con abundancia de agua y naciones con escasez. Redistribuir económicamente el agua, un recurso sin sustitutos, resulta difícil.

La denominada crisis del agua afecta especialmente a determinadas regiones del planeta, como el Norte de África, Oriente Medio, China. Se trata de una crisis con efectos locales, aunque con implicaciones en la seguridad y política regionales, que tiene impacto en zonas áridas o semiáridas, con un alto índice de crecimiento de población. Presenta un carácter multifacético, en el sentido de que, dependiendo del país o región de que se trate, variarán sus efectos :  mientras en las megaciudades del Tercer Mundo conlleva grandes problemas de saneamiento y salubridad de las aguas, en otros lugares más desarrollados frena o impide el crecimiento industrial. Implica grandes cambios sociales y pone a prueba la capacidad de las sociedades afectadas para adaptarse y resolver los prácticamente inevitables conflictos internos que surgirán como consecuencia del cambio.

El factor determinante es la escasez del recurso, pero también influyen otras circunstancias como la aridez del terreno, la sequía, la desecación de zonas húmedas o el aumento de demanda. Todos estos factores pueden actuar conjuntamente. Los dos primeros están relacionados fundamentalmente con el clima, mientras que en los últimos la acción humana resulta decisiva. Los países desarrollados y los no desarrollados se enfrentan a este problema de forma muy distinta : unos pueden hacer grandes inversiones en tecnología y gestionar modernos sistemas de tratamiento y reutilización del agua. Para otros, no hay otra posibilidad que limitar poco a poco el consumo de agua dulce hasta el máximo, lo que implica un desarrollo menor, o consumen agua ya utilizada sin depurar, con los riesgos que conlleva.

"En la política del poder está la raíz del conflicto", afirma Gleick. Quien tiene el control sobre un recurso escaso, como el agua, tiene poder. De esta manera, este bien puede ser objetivo de acciones militares en disputas por el poder político y económico. Además, como el agua es un recurso que fluye y no respeta fronteras, suele ser un bien compartido por distintos actores y poderes.

El 47% de la extensión de tierra poblada en el planeta se sitúa en las cuencas de ríos internacionales y casi 50 países de los cuatro continentes tienen más de tres cuartos de su extensión total en dichas cuencas. Hay 217 cuencas internacionales, compartidas por varios países, incluyendo 57 en Africa y 48 en Europa14. Esto quiere decir que casi el 40% de la población mundial vive alrededor de ríos internacionales. Dos mil millones de personas dependen de una cooperación, por ahora casi inexistente, que les asegure el suministro compartido de ese recurso vital. El agua dulce ha estado y está presente en numerosos conflictos entre países, ya sea como causa, medio o fin. "Luchamos por tener acceso al agua, usamos el agua como instrumento y arma de guerra, y tomamos como objetivos las instalaciones hidráulicas de nuestros enemigos".
 

El agua como elemento de conflicto
- Agua como causa: la relación entre la disponibilidad de agua de un país, su población y el nivel de desarrollo deseado puede generar tensiones entre países con mayor o menor poder sobre este recurso. 

- Agua como medio: cada vez es mayor la utilización de instrumentos no militares con fines bélicos. En la tentación de utilizar el agua de esta manera influye la mayor o menor vulnerabilidad de un país a la interrupción de su suministro, así como su situación . 

- Agua como fin: cuanto mayor es la escasez de agua en una región o un país, mayor valor tienen sus sistemas de recursos hidráulicos como objetivos de agresión militar. 
 

                   Fuente: P.H.Gleick, "Amarga agua dulce...".

Para valorar en qué medida un país es vulnerable a los conflictos que tienen su origen en la escasez de agua hay que tener en cuenta también sus posibilidades de suministro, su demanda, el origen del abastecimiento, la dependencia de energía hidroeléctrica y sistemas de riego, así como la solidez de su sistema político e institucional.

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La desregulación internacional

A medida que la población crezca y los recursos hídricos escaseen, los conflictos por el agua se intensificarán, a menos que se alcancen acuerdos internacionales para la gestión compartida de estos recursos. Como las más importantes cuencas fluviales del mundo atraviesan varios países, los acuerdos sobre gestión y protección de los recursos de agua dulce suelen darse a este nivel.

Entre los países desarrollados existe una mayor regulación, que ayuda a gestionar los eventuales conflictos, cuyo origen son disputas sobre los recursos. En los países en desarrollo, en cambio, ocurre lo contrario. Los Estados cuyo abastecimiento de agua depende únicamente de la buena voluntad de sus vecinos, al encontrarse la fuente del recurso fuera de sus fronteras, están en una posición débil a la hora de negociar acuerdos, sobre todo en situaciones de escasez. En la Unión Europea existen regulaciones en relación con los recursos hídricos compartidos, especialmente sobre la calidad del agua, que restringen los derechos de los países dentro de sus fronteras. El hecho de que en este espacio se acepte esta legislación transnacional restrictiva da esperanzas sobre la posibilidad de que iniciativas similares funcionen en otras áreas del mundo.

A escala global, las dificultades son mayores. Hasta ahora el Derecho Internacional Ambiental se ha ocupado de regular la protección de los recursos naturales a posteriori, es decir, trata de limitar los daños ecológicos que se derivan de conflictos o guerras. Ahora ya es necesaria la prevención. Al realizar una revisión cronológica de los instrumentos jurídicos que se han elaborado durante las últimas décadas, se aprecia un creciente interés por regular y proteger los ecosistemas de agua dulce. Algunos avances son los siguientes :
 


De cualquier modo, los expertos coinciden en que son muchas las deficiencias del Derecho Internacional en este campo, y creen necesario que un organismo supranacional interprete estos principios de forma unificada y asuma responsabilidades en el problema del agua. Incluso se ha propuesto la elaboración de una Ética del Agua, entendida como "una guía para corregir o rectificar nuestra conducta cuando hay que abordar decisiones complejas sobre los sistemas naturales que no somos capaces de entender plenamente"15.
 
 El Banco Mundial cree que puede desempeñar un papel muy importante, sobre todo en lo relacionado con cooperación regional, en el área conocida como MENA (Middle East and North Africa). Ya ha lanzado algunas iniciativas en la región, como la creación del Comité de Consejeros para Oriente Medio, y ha colaborado con países como Marruecos, Túnez, Egipto, Jordania e Israel en el desarrollo de estrategias nacionales de gestión ambiental y planes de acción.
Fuentes: Guy Le Moigne, K.William Easter, Walter J.Ochs, Sandra Giltner (eds.), Water Policy and Water Markets, World Bank Technical Paper number 249, 1993; A strategy for managing water in the Middle East and North Africa,World Bank, 1994; John Cavanagh, Daphne Wyshan, Marcos Arruda (eds.), Alternativas al orden económico global: más allá de Bretton Woods, Icaria, Barcelona, 1994.

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El agua en el punto de mira: Oriente Medio y Africa

En la actualidad son ya varios los países del área geográfica de Oriente Medio y Norte de África inmersos en la crisis del agua. Hay tres grandes ejes fluviales que, al ser compartidos por numerosos Estados, son foco permanente de tensiones entre ellos. En la cuenca del río Nilo los enfrentamientos por el agua conciernen básicamente a Egipto, Sudán y Etiopía. Las aguas de los ríos Tigris y Éufrates discurren por Turquía, Irak y Siria. El río Jordán, con sus afluentes, Yarmuk, Banias y Hasbani), y el río Litani, son fuente de inestabilidad en la zona de Líbano, Siria, Israel y Jordania.

Expertos del Centro Internacional de Estudios Estratégicos Internacionales de Washington aseguran que "hacia principios del siglo XXI la pugna por los limitados recursos hidráulicos puede agravar los de por sí frágiles vínculos entre los Estados de la región, y provocar un clima de agitación sin precedentes"16.En 1979 el entonces presidente egipcio Anuar Sadat declaraba : "El único asunto que podría llevar a Egipto a la guerra, otra vez, es el agua...". Y en 1990, el rey Hussein de Jordania coincidía con este planteamiento.

* El Nilo

Mientras Etiopía controla el 85% de las aguas del nacimiento del Nilo, Sudán y, especialmente Egipto, se encuentran en una situación geográficamente más desfavorecida. Pero Egipto, con una mayor estabilidad política y económica que sus vecinos, es capaz de combatir su vulnerabilidad geográfica y situarse en una posición dominante en la región. Los altos índices de crecimiento de la población en estos países, en Egipto se prevén 75 millones de habitantes para el año 2000) hacen que las provisiones de agua sigan disminuyendo y la oferta sea cada vez más escasa. Según algunos expertos, sin embargo, el problema más importante al que han de hacer frente estos países es la impredecibilidad del caudal del río, alternándose largos períodos de sequía con otros de inundaciones17. Además, los países de esta cuenca comparten una deuda externa de 80.000 millones de dólares18,lo que hace necesaria la ayuda económica y financiera por parte de organizaciones internacionales. Pero para ello tienen que llevarse a cabo, primero, acercamientos de posiciones entre todas las partes, algo que, teniendo en cuenta la inestabilidad política en la región, no parece fácil.

De todos modos, un hecho importante es que ésta es la única región en que se ha llegado a un acuerdo bilateral entre dos países ribereños, Egipto y Sudán, sobre la gestión de sus recursos hídricos compartidos, en el caso del Nilo. El acuerdo se firmó el 8 de noviembre de 1959 y distribuía el caudal estimado del río. Una Comisión Internacional entre los dos países se encargará de las disputas adicionales.

 *El Tigris y el Eufrates

Las fuentes de estos dos ríos se encuentran en un mismo Estado, Turquía, que es el único de la región que no presenta de momento una situación crítica en cuanto a la capacidad de abastecimiento de agua. Siria e Irak comparten también estas cuencas fluviales, pero aquí se da la situación inversa a la del Nilo. Geográficamente, Turquía, igual que sucedía con Etiopía, se encuentra en una posición ventajosa con respecto a Irak y Siria, pero con la diferencia de que, al ser un Estado política y económicamente más fuerte que sus vecinos, está en condiciones de explotar con éxito esa privilegiada situación geográfica, lo que Etiopía no puede hacer.

En esta zona no existe ningún tratado sobre la gestión compartida de estos recursos, pero es importante destacar la existencia de un gran proyecto hidráulico. Es el Proyecto de Anatolia del Sudeste, única región turca que padece escasez de agua, o GAP, que son las siglas de Guneydagu Anadolu Projesi. Se compone de 13 subproyectos: seis en el Tigris y siete en el Eufrates; la construcción de 21 embalses y 19 centrales hidroeléctricas. Está financiado por Turquía 19 . Este plan aumenta la sensación de dependencia de países como Siria o Irak con respecto a Turquía. Los países árabes consideran un acto beligerante la construcción del gran embalse Atatürk.

Turquía también lanzó, aunque sin éxito, la idea de construir lo que llamó el Acueducto de la Paz, que transportaría agua desde los ríos Seyhan y Ceyhan hasta Siria, Jordania, Arabia Saudí y los países del Golfo Pérsico. Se llevaría agua potable a más de 15 millones de personas. Los países árabes rechazaron el proyecto, con el fin de evitar la excesiva dependencia de Turquía. Además, consideraban que el coste era muy elevado. Turquía ha utilizado y seguirá utilizando su poder sobre el agua para negociar con sus vecinos más próximos: con Irak, sobre todo a cambio de petróleo y con Siria, a cambio de que dejen de apoyar a los independentistas kurdos.

*El Jordán y el Litani

La cuenca del río Jordán abarca parte de los territorios ocupados por Israel (Cisjordania y los Altos del Golán), territorio jordano, y la parte suroeste de Siria. Este área padece una grave escasez de agua y sufre una crisis de gestión y protección del recurso. Todo está relacionado, en un contexto conflictivo complejo: la cuestión de la ocupación de territorios por parte de Israel es política, económica, y estratégica. Este país protege celosamente sus aguas, acaparadas tras constantes enfrentamientos con Siria, Jordania, el Líbano. Se ampara para ello en la doctrina sionista, según la cual el pueblo judío debe "hacer florecer el desierto", lo que le lleva a esgrimir supuestos derechos sobre la utilización del recurso.

Un ejemplo significativo de la importancia que se da al problema es el Embalse de la Unidad, proyecto conjunto de Jordania y Siria sobre la utilización de las aguas del río Yarmuk, principal afluente del Jordán, que Israel amenazó con bombardear si se llevaba a efecto. En cuanto al río Litani, nace y fluye íntegramente en el Líbano y su agua es utilizada por este país fundamentalmente para generar energía hidroeléctrica. Debido a su bajo grado en sal, es una fuente atractiva de agua potable. Pero al alimentar, en parte, las aguas del río Hasbani, que van a parar al río Jordán y a la zona de seguridad israelí, en el sur del Líbano, la cuestión se complica.

El Líbano no tiene todavía que afrontar graves problemas de suministro de agua, y Siria, por su parte, recibe una importante cantidad de su suministro de los ríos Eufrates y Yarmuk. Pero Israel, Jordania y los territorios ocupados se encuentran en una situación crítica, al haber agotado prácticamente todos sus recursos convencionales.

* El agua: factor clave en la ocupación de territorios

  En Israel los principales problemas son la sobreexplotación del recurso y la mala gestión, provocadas a su vez por la falta de coordinación entre instituciones. Gran parte de las provisiones de agua dulce de este país tienen su origen en los acuíferos subterráneos, como el de la Montaña Yarkon/Taninim en la parte oeste de Cisjordania, y el acuífero costero en la parte de Gaza. Pero además, al ir agotándolos, ha tenido que ir desarrollando un amplio sistema de reutilización de aguas residuales que, de hecho, es el más grande del mundo. Israel dedica un alto porcentaje del agua que consume a actividades de riego,20 técnica que ha desarrollado y perfeccionado constantemente para aplicarla a su agricultura, aunque paradójicamente este sector sólo representa el 7, 6 % de su Producto Nacional Bruto (PNB).

En Cisjordania la situación es distinta21.La población árabe es totalmente dependiente del agua subterránea y la distribución del recurso entre palestinos e israelíes no es en absoluto equitativa. Israel ha impuesto un sistema de control en cuanto a la explotación de acuíferos : ha concentrado todo el poder sobre el agua en manos de sus autoridades ; ha fijado prohibiciones ; ha establecido autorizaciones y expropiaciones22. Desde 1967, las autoridades sólo han concedido 34 permisos para perforar nuevos pozos. Esta situación ha provocado que numerosos palestinos de Cisjordania dejen el campo, dado que no pueden seguir viviendo de la agricultura, y se instalen en las ciudades, lo que contribuye a generar un ambiente de tensión entre los propios palestinos, al tener que luchar por un puesto de trabajo.

Según fuentes palestinas, este pueblo sólo consume una quinta parte de su propia agua23. Mientras los colonos israelíes pueden perforar sus pozos hasta 800 metros de profundidad, los palestinos no pueden descender más de 120 metros, con lo que el nivel de salinidad de su agua es mucho más alto. En 1990, según cifras de las propias autoridades israelíes, los palestinos de Cisjordania consumían 119 metros cúbicos de agua per capita, mientras el consumo de los israelíes ascendía a 354 metros cúbicos.

El sistema de tarifas por consumo de agua en Israel y los territorios también afecta de forma distinta a palestinos y judíos. Con la gestión y mantenimiento de los recursos hídricos en manos de la compañía israelí Mekorot desde 1982, se ha estimado que un palestino paga su agua a esta compañía entre dos, según fuentes israelíes, y cinco, según fuentes palestinas, veces más cara que un israelí.

En la franja costera de Gaza la situación es crítica, como consecuencia de la combinación de una serie de elementos: el crecimiento de la población, una economía basada en la agricultura intensiva, la propia vulnerabilidad del ecosistema de agua dulce, y una distribución del recurso en absoluto equitativa. La escasez del agua ha empeorado las condiciones socioeconómicas y ha provocado quejas de la población, que contribuyen al clima de violencia que se vive contra Israel y entre los propios palestinos.

En esta zona las cuotas de explotación de acuíferos por parte de los palestinos quedaron congeladas a los niveles de 1967, a raíz de la ocupación israelí24. Además, la desigualdad en el pago de las tarifas es alarmante: los palestinos pagan unas veinte veces más que los colonos israelíes, que reciben subsidios de su gobierno, por el consumo del agua. La mayoría de la provisión de agua dulce de Gaza proviene de su acuífero subterráneo, que ha sido sobreexplotado durante más de 20 años, generándose altos niveles de salinización por intrusión de agua del mar. La baja calidad del agua se ha convertido en un grave problema de salud pública. Gaza se enfrenta a la necesidad de conseguir provisiones adicionales, ya sea de fuera de la zona o a través de sistemas de desalinización y/o reutilización. Para el año 2000, cuando la población de Gaza alcance la cifra de un millón de habitantes, ya no se podrá consumir su agua.25 En los Altos del Golán, territorio sirio anexionado por Israel en 1967, la distribución del agua está monopolizada también por Mekorot, con las consiguientes desigualdades en el acceso al recurso y el pago por su consumo entre colonos y árabes.

* Del enfrentamiento al diálogo

En 1993 se presentó una propuesta para desarrollar el Plan Regional del Agua, preparada por un equipo ipalestino-israelí, del Israel/Palestine Center for Research and Information (IPCRI), teniendo en cuenta los tres sistemas fluviales principales en disputa: el acuífero de la Montaña, en Cisjordania; el acuífero de Gaza; y la cuenca del río Jordán. Se trataba de investigadores israelíes y palestinos, que presentan estudios y propuestas paralelas a las conversaciones oficiales, e intentan aportar una contribución importante al proceso de paz entre los dos pueblos. Aunque no representan las posiciones oficiales de las partes en conflicto, proponen una serie de Principios para una cooperación en la utilización de los recursos de agua compartidos, así como una Guía de acción para llevarlos a cabo. Estos principios se basan en la distribución equitativa y en la comunidad de intereses, conceptos que derivan del Derecho Internacional, pero que no son de obligado cumplimiento y aplicables tanto a los recursos de agua superficiales como subterráneos 26.

 Ya en el pasado, entre 1953 a 1955, el embajador de EEUU Eric Johnston intentó alcanzar acuerdos multilaterales en Oriente Medio. El Plan Johnston fijaba un sistema de cuotas para los Estados que compartían las aguas del Mar de Galilea (o Lago Tiberias). Además, el desarrollo del Plan se llevaría a cabo por una Comisión Internacional. El objetivo era conseguir una distribución equitativa, económica y eficiente del recurso. Se negociaron intensamente las cuotas de cada país pero, aunque dicho Plan fue aceptado por sus equipos técnicos, no fue ratificado ni por el Consejo de la Liga Árabe ni por el Gabinete israelí, por razones políticas. ¿Cómo iban a firmar los árabes, Siria, Líbano, Jordania, un acuerdo con un país al que ni siquiera reconocían? Por lo tanto, nunca se llevó a efecto, pero demuestra que si una vez lograron ponerse de acuerdo las partes en conflicto, pueden volver a hacerlo en el futuro.

* La paz en Oriente Medio: cuando las aguas vuelvan a su cauce

El futuro de la crisis del agua en esta región y, especialmente, la resolución del conflicto palestino-israelí depende en gran medida de que se instauren nuevas fórmulas de cooperación y de gestión del agua por parte de los países implicados. Hasta hace poco tiempo ninguno de los Estados de la región aceptaba que el agua era un elemento económico y estratégico que, por su escasez, debía ser considerado tan preciado como el petróleo, o más. Pero el tema se aborda en la agenda de las conversaciones multilaterales, hasta el punto de que ningún acuerdo global de paz sería válido ni efectivo si no incluyese un acuerdo sobre los recursos hídricos de la región.

La cuestión del agua había ido adquiriendo, así, una importancia creciente en las negociaciones. En medios de comunicación internacionales aparecieron titulares como: "La paz en Oriente Medio sin un pacto sobre el agua sería un espejismo"28. Lo que analistas y expertos internacionales sobre el tema calificaban de "un asunto de vida o muerte"29, se reflejaba también en declaraciones de las partes. Antes de firmar el acuerdo, Ahmed Qurie, jefe de la delegación palestina en las negociaciones declaraba: "El tema del agua determinará el destino de la futura Entidad Palestina".

Pero poco después de ese Acuerdo Provisional y de estas declaraciones, el 4 de noviembre de 1995 el primer ministro Israelí, Isaac Rabin, murió asesinado. Este hecho supuso un tremendo golpe para el proceso de paz que, desde entonces, y como consecuencia de la llegada al poder del partido conservador Likud, ha sufrido un cierto retroceso. El tema del agua, como el resto de los abordados en las negociaciones durante los últimos años, ha quedado paralizado, pero no por ello deja de ser crucial para cualquier futura solución del conflicto de Oriente Medio.

La población mundial no deja de crecer, mientras devasta tierras, contamina aguas y otros recursos cuya conservación es crucial para su supervivencia. La causa de numerosos conflictos armados actuales es la lucha por unos recursos naturales cada vez más escasos. Su distribución desigual, tanto a nivel global como regional o local, provoca la rebelión de los más desfavorecidos en el reparto. Debido a esta escasez, surgen tensiones entre países, pueblos, o regiones, que suelen degenerar en enfrentamientos violentos. Ejemplos como el del petróleo en la guerra del Golfo, o el agua en Oriente Medio, indican la necesidad real de una cooperación institucional, que haga posible el reparto y gestión de forma sostenible de los recursos para la población actual y las generaciones futuras del planeta.

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Notas

1.- Hilary F.French, "Una acción de gobierno global para el medio ambiente", La situación en el mundo 1992, Apóstrofe/CIP, Barcelona, 1992, p.261 .

2.- Garrett Hardin, "The Tragedy of the Commons", Science, nº162, 1968, pp. 1241-1248.

3.- Ver Francisco Rey Marcos, "La dimensión ambiental en las relaciones internacionales", Anuario CIP 1992/1993, Icaria, Barcelona, 1993, pp. 215-234.

4.- Idea expresada por autores como Rafael Grasa, "Los conflictos "verdes": su dimensión interna e internacional", Ecología Política, nº8, Fuhem/Icaria, Barcelona, 1994, pp.25-40;y Alberto Piris, "Apuntes para una clasificación de los conflictos", Anuario CIP 1996, Fuhem/Icaria, Barcelona, 1996, pp.21-39.

5.- Gwyn Prins, "Politics and the Environment", International Affairs, vol.66, nº4, octubre 1990, p.729.

6.- Mariano Aguirre, Los días del futuro, Icaria, Barcelona, 1995, p. 168.

7.- Comisión Mundial del Medio Ambiente y el Desarrollo, Nuestro Futuro Común, Alianza, Madrid, 1988, p. 343.

8.- Rafael Grasa, Los conflictos verdes, pp.31-32.

9.- Geoffrey Parker, "Continuidad y cambio en el pensamiento geopolítico occidental durante el siglo XX", Revista Internacional de Ciencias Sociales, nº127, Unesco, París, Marzo 1991, pp.21-34.

10.- Sobre la idea del "destino común" ver Robert Jay Lifton, "Hacia un Ethos de la época nuclear", La edad nuclear, Fondo de Cultura Económica, México, 1987, pp.371-372. Sobre la "seguridad en común o compartida" ver el documento de la Comisión Independiente11 Sofía Cadenas y María Gilabert, "Zaire ante el colapso" Papeles, Cuestiones internacionales de Paz, Ecología y Desarrollo, nº59/69, Icaria, Barcelona, 1996.

11.- Sofia Cadenas y María Gilabert, "Zaire ante el colapso", Papeles: cuestiones internacionales de paz, ecología y desarrollo, nº 59/69, Icaria, Barcelona, 1996

12.- Son datos expuestos y analizados en Leif Ohlsson (ed.), Hydropolitics- Conflicts over water as a development constraint, Zed Books & University press, Londres/Nueva York & Dhaka, 1995.(ver especialmente los artículos "Introduction: The role of water and the origins of conflict" -Leif Ohlsson- y "Looming water crisis: New approaches are inevitable" -Malin Falkenmark & Jan Lundqvist).

12.-Son datos de J. Christmas y de C. de Rooy, citados por Peter H. Gleick en "Amarga agua dulce: los conflictos por recursos hídricos", Ecología Política, nº 8, Fuhem/Icara, Barcelona, noviembre 1994

13.-Ver tabla comparativa de países en Sandra Postel, "La batalla contra la escasez del agua", La situación en el mundo. 1993, Apóstrofe/CIP, Barcelona, 1993, p.57.

14.-Son cifras de Naciones Unidas, Register of International Rivers, Pergamon Press, Oxford, 1978; citadas y comentadas por R.Clarke en Water:the international crisis, pp.91-94

15.-Ver en Sandra Postel, Last Oasis: facing water scarcity, W.W.Norton, Nueva York/Londres, 1992, pp.183-191(el capítulo titulado "A water ethic").

16.-El Pais, 13 de mayo de 1992

17.-Ver un análisis más profundo de la situación en Natasha Beschorner, "Water and Instability in the Middle East", Adelphi Paper 273, The International Institute for Strategic Studies (IISS), Londres, 1992, pp.68-70.

18.-Datos citados y analizados por Joyce R. Starr, en "Water Wars", Foreign Policy, Nº82 , Carnegie Endowment for International Peace, Washington D.C., 1991.

19.-Datos citados en "El Agua: recurso escaso, fuente de conflicto", Anuario CIDOB, Fundació CIDOB, Barcelona, 1996, p.549.

20.-Aproximadamente la mitad de sus tierras de cultivo son irrigadas, según el estudio de N.Beschorner, Water & Instability..., p.12.

21.-Un análisis interesante sobre la situación de los recursos hídricos en los territorios ocupados se puede encontrar en Sodepaz/Palestinian Hydrology Group, "Situación en el presente y desarrollo futuro de recursos hídricos en Cisjordania y la franja de Gaza (Palestina)", Cuadernos África-América Latina, Serie Documentos nº5, Sodepaz, Madrid, Julio 1996.

22.-Es importante lo establecido en la Orden Militar nº92 respecto a la jurisdicción sobre el agua. El oficial israelí responsable asume todo el control sobre los recursos de agua.

23.-Ver el informe "La tierra y el agua. Destrucción de los recursos naturales y humanos en Palestina", Cuadernos Palestinos, Amigos de Palestina (ed.), Salamanca, 1989.

24.-La Orden Militar nº158, no aplicable a los colonos judíos, prohibe a la población palestina de Gaza la perforación de nuevos pozos o la rehabilitación de los ya existentes sin permiso oficial de las autoridades israelíes.

25.-Joyce R. Starr, "Water Wars", p.26.

26.-Para un análisis más profundo sobre estas propuestas ver, fundamentalmente, IPCRI, A Proposal for the Development of a Regional Water Master Plan, Jerusalén, Octubre 1993.

27.-El Mundo, 13 de mayo de 1992.

28.-Financial Times, 8 de agosto de 1995.

29.-Joyce R. Starr, citado en F.T., 8-8-95.

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