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Estado y Recomposición de lo público.

JOSE MARIA MARTINELLI(*)


Sinopsis:

  "La política de privatizaciones a gran escala significó una cabal transferencia de la plusvalía social administrada por el Estado que pasa sin el menor escrúpulo y a costo mínimo a los poderosos", afirma el profesor Martinelli y aquí desgrana el cambio necesario en el Estado.

INTRODUCCION

Marx escribía en 1867 que el mundo se "nos aparece como un inmenso arsenal de mercancías" (Marx, 1978: 3), hoy dicha afirmación tiene plena vigencia y es la realidad de un mundo internacionalizado. De Argentina a México, de Estados Unidos a Hong Kong el neoliberalismo se ha establecido, apoyándose en la ciencia y la tecnología incorporadas directamente a lo productivo y los servicios, en un grado sin precedentes. Este sensacional avance de las fuerzas productivas va acompañado de logros y retrocesos que invitan a reflexionar sobre nuestro tiempo. La interrogante es si toda la riqueza científico-tecnológica existente se traduce en bienestar (en la cultura).

Responder lo anterior obliga a tener presentes hechos salientes de este fin de siglo. Cuando un historiador futuro fije alguna fecha que registre el comienzo de la Edad Informática, no ha de ser otra que la signada por la autodestrucción de la Unión Soviética y el derrumbe del "mundo del Este". Con la caída del socialismo real se derrumbaron también esperanzas sociales y parece haberse congelado la posibilidad del cambio. Se abre una nueva época histórica que presenta como dominantes las relaciones sociales del capitalismo informático; esto es así, aunque millones de personas no manejen el ábaco.

Una de las bases de lo que fuera el keynesianismo de posguerra -la propiedad pública-, ha derivado en sostén de acumulación privada, aunque no necesariamente se produzca una transferencia de dominio a los particulares. (1) Considerar la categoría público estatal resulta fundamental para entender cómo la propiedad del Estado capitalista se convierte en escenario privilegiado para el asentamiento del capital financiero internacional, en especial en países con dependencia tecnológico-financiera, v. gr.: México.

La alta incorporación tecnológica a los procesos productivos libera al trabajador del esfuerzo rutinario, pesado o fatigante, pero a costa del desempleo. Esto, ligado a lo anteriormente expuesto, conforma una situación que en la subjetividad político social de la gente puede traducirse en los siguientes términos: 11) esperar que los beneficios de la "industrialización de los servicios", particularmente la comunicación electrónica, se consoliden y expandan con los consiguientes efectos multiplicadores en lo económico; este proceso puede durar 20 años o más; 2) buscar que la descomposición de lo público provocada por el neoliberalismo se transforme en una recomposición de tal espacio, mediante la acción política.

En algún escrito planteamos que "esperar es vencer", pero ello no implica inducir a la gente a "sentarse a la puerta de su casa a ver pasar el cadáver de su enemigo", aunque existe prudencia y energía condensadas en este pensamiento, una filosofía de esta suerte difícilmente opera como práctica política. También por estas fechas hemos leído muchas monografías que se agotan en la descripción del capitalismo contemporáneo; sin dejar de aceptar que una buena descripción puede contener una potencialidad para el desarrollo crítico, el filo de la teoría está dad por la politicidad que encierra. En este sentido, reflexionar sobre lo público puede proporcionar elementos para enfrentar a un neoliberalismo que pretende ser inexorable, a la vez que resistido.

En un tiempo que moldea electrónicamente una nueva subjetividad social, todavía cabe vivir como se piensa. Y el ejercicio de pensar nuestros días conlleva interpretarlos; el pensamiento como acto político no es neutro.

25 AÑOS DE NEOLIBERALISMO

En política la crítica es saludable y necesaria, se trata de poder establecer dónde estamos, qué ha ocurrido, saber cuánto hemos avanzado o retrocedido, socialmente hablando. No resulta fácil evaluar nuestro tiempo desde una visión progresista, sobre todo cuando pareciera no haber alternativas al neoliberalismo dominante. Lo más grave de esto es que la gente así lo cree. Pesa en la conciencia social la ofensiva ideológica desplegada contra el Estado benefactor; objeto justo de críticas en tanto es materia de corrupción y fraude, no en cuanto impulsor del desarrollo y bienestar social. Los gobiernos neoliberales han eliminado esto último mas no la corrupción y el fraude; el caso de México en 1988 es ejemplo de lo poco que le interesa al neoliberalismo acatar las reglas democráticas -electorales en este caso- cuando obstaculizan sus intereses.

Si se toma como referencia el golpe de Estado de 1973 en Chile, el neoliberalismo ha cumplido un cuarto de siglo en la escena política mundial, en distintas latitudes y con variantes. Las modalidades diversas van desde la dictadura sangrienta de Pinochet al más decantado y "modelo" por excelencia de Margaret Thatcher, pasando por un particular "keynesianismo" en los Estados Unidos, mediante un desorbitado gasto militar, cuando Reagan (Anderson, 1997: 3).

En el dilatado tránsito histórico del neoliberalismo hay elementos comunes a destacar: 1) una política de privatizaciones a gran escala; esto significó una cabal transferencia de la "plusvalía social" administrada por el Estado que pasa sin el menor escrúpulo y a costo mínimo a los poderosos. Aunque sea un lugar común, cabe repetirlo: ello hace a los ricos más ricos y a los pobres más pobres. Las empresas públicas, productivas o de servicio, se trasladan al dominio privado, de capitales nacionales, internacionales o asociados, estableciéndose mecanismos que reciclan el capitalismo. La crisis se agudiza para muchos y es salida para pocos. Se trata de la privatización de lo público. 2) Una férrea ofensiva contra la clase obrera y los sectores populares. El desempleo es la expresión más dura de esta ofensiva de clase. Se ataca a las organizaciones sindicales, buscando su atomización, o se establecen lineamientos de subordinación con claro sentido economicista y de chantaje social, la presión por preservar el trabajo coadyuva en la tendencia salarial a la baja. Es aquí donde se encuentra el punto fuerte del neoliberalismo; en la medida que se destruye al adversario, el efecto social es múltiple. El desempleado tiene más dificultades para organizarse, con esfuerzo apenas es posible procurar fases defensivas y de resistencia. Puede afirmarse que, más que éxitos económicos, el neoliberalismo ha obtenido victorias sociales que le han posibilitado una alta expansión internacional. Ello le da una apariencia inconmovible. No lo es, pero su negación demanda un rearme teórico, político y social de largo plazo.

Si de cambiar se trata, lo que debe quedar claro es que sin modificar las estructuras financieras y de propiedad actuales es muy poco lo que se puede hacer. Cabe considerar tres regímenes, toda proporción guardada, que llegan al gobierno enarbolando banderas reñidas con el neoliberalismo: Anthony Blair en Gran Bretaña, Lionel Jospin en Francia y Cuauhtémoc Cárdenas en México. Se deja constancia de que es prematuro realizar evaluaciones definitivas, lo que no impide señalar que no se aprecian tendencias que apunten a modificaciones como las señaladas. Por lo pronto, Blair ha contribuido en el proceso de pacificación de Irlanda del Norte; a su vez, no puede dejar de caracterizarse como negativo la ratificación de la alianza histórica con Estados Unidos, reafirmada recientemente en el caso de Irak y Yugoslavia. Otra vez los anglosajones como "salvadores del mundo". En lo que se refiere a los otros dos casos, hasta el momento lo más significativo es la propuesta de Jospin de reducir la semana laboral a 35 horas, para combatir el desempleo. En latitud nuestra, si Cárdenas sienta bases para eliminar la corrupción administrativa y aumenta la seguridad pública para los habitantes de la capital mexicana, su futuro político es promisorio. En relación con estos gobiernos, hasta la fecha no se aprecia interés político por formular líneas de acercamiento que ofrezcan alternativas al neoliberalismo; y sin cooperación internacional resulta ilusorio pensar en superarlo.

Seguramente el hombre y la mujer cotidianos esperan más. Sin embargo, como se dijo, el neoliberalismo se asienta en este último cuarto de siglo y no cabe desplazarlo sino mediante procesos políticos de largo plazo. La política del instante no es política. Hoy, la "financiarización del mundo" se sostiene como crisis recurrentes, sean en México, 1994-95, o actualmente en los propios "tigres asiáticos". Detrás de ellas están las prácticas financieras especulativas, a nivel mundial, por sobre las políticas económicas propiamente productivas. Revertir esta dinámica es más un proceso social que una cuestión técnica. Lo primero es que la gente piense que sí puede hacerlo.

LO UNO Y LO MULTIPLE: RECOMPOSICION DE LO PUBLICO

Es necesario sostener la democracia como instancia de cambio, pero es insuficiente considerar que ésta de por sí va a generar bienestar a los oprimidos. El impulso al cambio es ínsito a la modernidad, aunque hoy el escenario social se acerca más a la exclusión del coro en la tragedia griega que a la construcción de un ágora múltiple, diverso. Evocar orígenes sólo tiene sentido como cultura política, nunca como analogía perpetuante del mito, que no es sino pérdida de la especificidad histórica.

La pregunta es si los miserables terrenales pueden acceder al bienestar. Siendo la respuesta afirmativa la cuestión es cómo lograrlo. Abordar esta problemática demanda articular distintos niveles de análisis, entre otros, lo individual y lo colectivo, lo organizativo político y lo público-privado como muy importantes.

En la medida que el individuo pierde referentes políticos, v.gr.: el socialismo real, el Partido Revolucionario Institucional en México, etcétera, se encuentra en una situación indiferenciada que ni siquiera se puede considerar pesimismo, éste implica oponer la no creencia en algo. Se trata de un descreimiento anómico o proceso de pérdidas referidas al contexto en que desarrolló sus pertenencias activa o pasivamente; de esta forma se internaliza un rechazo a lo político reforzado por la ausencia ética que dimana de la actividad política media. Esto provoca un doble atrapamiento, por una parte el individuo se priva de las opciones existentes, y por la otra, éstas deciden por él, conformándose los consensos viciados de los que tanto abusa la burocracia política. Este ciclo perverso no sólo lo neutraliza en lo personal sino que deteriora lo colectivo. Una subjetividad fragmentada no puede conceder credibilidad a lo colectivo social, le resulta abstracto. Se asume una necesidad de orden que deviene en autoritarismo, al no ser producto de un procesamiento social. Sobre estos mecanismos se han montado grandes fraudes políticos; una expresión muy clara de ello lo constituyen las llamadas mayorías silenciosas.

Sin embargo, no puede dejar de señalarse que lo social es polifacético, y nuestro tiempo ha producido identidades sociales colectivas (Martinelli, j1995: 3 y ss.) cuya pugna por derechos colectivos y de género ha producido transformaciones importantes en el capitalismo contemporáneo, aunque sin establecer una organicidad política en dimensión de poder. Corresponde destacar a la mujer, a los homosexuales y a los ecologistas. Sectores con demandas propias y comunes que cuando se cumplen confieren legitimidad al espectro político gobernante. Es decir, que así como no se puede admitir que el Estado se sustraiga en la creación de condiciones educativas y de salud para la población, tampoco cabe perfilar una modernidad que ignore los derechos colectivos de los considerados nuevos sujetos sociales. La ausencia al reconocimiento de esta diversidad es el lastre y atraso de las formaciones sociales premodernas, realmente existentes en gran parte de Asia, Africa, América Latina, Oceanía y el Oriente cercano europeo.

La imposibilidad de un tratamiento en particular de los sujetos mencionados no impide vincular el ámbito de lo público a la condición de la mujer. Esta situación obliga a considerar lo público.privado, ya que lo doméstico se considera privado por exclusión de lo público. Y esto se refuerza porque el confinamiento a lo privado femenino puede ser posible en tanto lo público es la esfera en la que se decide cómo van a ser dichos espacios privados. Tradicionalmente esto se establecía como resultado de la división del trabajo. En la medida que la mujer accede a planos laborales diferenciados -sin igualdad con el trabajo masculino- la situación de lo privado se modifica y lo público tiende a recomponerse. Por aquí se esboza una vía no estatista de recomposición de lo público. De lenta transformación, cabría considerarla inexorable.

En el plano de la organización estructural de la dominación, el desmantelamiento que las políticas neoliberales han realizado de lo público ha provocado un resquebrajamiento de la función-orden del Estado capitalista. La pérdida de los espacios productivos públicos -cedidos al capital privado- ha resentido la articulación economía-política, dado que los mecanismos de redistribución se agotan o desaparecen. E discurso del poder carece de respaldo; el fantasma de la gobernabilidad corroe la democracia burguesa, buscándose fórmulas que permitan fraguar mayorías o alcanzar debilitados consensos. En esta dinámica se sacrifican intereses sociales, se postergan legítimas expectativas y se ignoran las promesas electorales. Los políticos degradan la política. La dominancia de clase hace aparecer como colectivos la prevalencia de sus propios intereses al interior del Estado. Revertir esto es factible, se requiere de organización y cultura políticas que rompan con el clientelismo y con prácticas viciadas en el ejercicio del poder. Esto se ha acentuado en el neoliberalismo, pero se ha sabido disfrazarlo con lenguaje arrogante y m anejo tecnocrático.

En este mismo trabajo, en páginas anteriores, señalamos que la instrumentación de políticas neoliberales produjo derrotas sociales importantes al desarticular a los trabajadores y lograr la anulación o reducir a su mínima expresión las prácticas solidarias de clase, lo que significa un déficit importante para el reanimamiento del campo popular. No obstante lo indicado, también hay que destacar manifestaciones positivas como la alta solidaridad internacional con la lucha indígena de Chiapas, lo que ha llevado al Estado mexicano a impulsar una incalificable campaña xenofóbica. Esto indica que si bien por un lado hay retrocesos sociales fuertes que no corresponde minimizar, por el otro hay avances significativos que esbozan una voluntad política de otra calidad, que no alcanza a perfilarse, que arrastra incoherencias, v.gr.: retornos al pasado, nacionalismos teñidos de xenofobia y racismo, populismos, entre otros rezagos ideológicos. No puede ser de otra manera; la pureza ideológica es celestial. La gente avanza con tropiezos, remontar una ofensiva de un cuarto de siglo va a ser igualmente una tarea larga. El derrotero comienza en 1994; los humillados y ofendidos en Chiapas desafían la sabiduría de Harvard. Lograr una síntesis laica entre ésta y ellos será el desafío histórico en el escenario del próximo milenio.

Hoy, los signos de la modernidad son contradictorios, no en sí mismos sino en su desarrollo social. Por una parte, la tendencia al cambio, no como inmanencia histórica, sí como voluntad política rebasante del espacio nacional; dimensión de contrahegemonía social y cultural cuya politicidad de cambio es potencial, lo que no significa que sea inexistente. Por otra parte, encontramos que los apologistas de "la globalización" encuentran en ella una virtualidad dignificante de lo social, asentada en un alto desarrollo de las fuerzas productivas que, en el mejor de los casos, derramaría abundancia sin confrontación social. No deja de ser una propuesta abstracta sin corroboración empírica, salvo indicadores de crecimiento económico que no conforman, con rigor, estructuras de bienestar social con intrínseca calidad de vida. Y ello no constituye una paradoja de la modernidad, más bien se trata de una distorsión de ésta favorecida por el mundo de la imagen que torna abstractos a los sujetos concretos que cuestionan o impugnan un orden social excluyente.

De lo expuesto se puede adelantar una primera conclusión: lo que no ha logrado el neoliberalismo es formular una propuesta civilizatoria acorde con los logros científico-tecnológicos alcanzados; le ha faltado hegemonía cultural y ésta es una contradicción que pareciera no poder salvar. Por ejemplo, desactivar y sustituir una industrialización consumidora de oxígeno por una industria limpia, no contaminante, es una inversión que los monopolios u oligopolios internacionales no están dispuestos a realizar. Esto es ya un problema internacional y no puede solucionarse sin la cooperación de la gran empresa transnacional. Vale decir que el cambio cultural que requiere la humanidad en materia ambiental se encuentra trabado por intereses económicos. Este caso es ilustrativo y prioritario pero no es el único; la erradicación del narcotráfico también exige cooperación internacional. Lo planteado muestra que la internacionalización no es negativa en sí misma, que ofrece un potencial de desarrollo sin precedentes, con el concurso de la ciencia y la tecnología, pero que para poder materializarse requiere de voluntad política internacional, y ausente ésta de todo es declarativo. Para v valorar la actual dimensión político-cultural del mundo es fundamental realizar una precisión. El hecho de que los procesos de internacionalización cubran el planeta no implica la disolución de los estados nacionales; éstos son necesarios en la refuncionalización administrativa -léase eficiencia-, tecnológica y financiera que demandan las políticas de internacionalización de capital.

Seguramente el neoliberalismo no va a derrumbarse, pero va a ser desplazado dada la necesaria lógica de exclusión social con que funciona. Una acumulación de capital gigantesca con una base social cada vez más empobrecida puede colapsarse, o dar lugar a un proceso de reformas endógenas que le den viabilidad social, pero esto no nos compete a nosotros, por ahora. Sí nos atañe pensar en la rearticulación social de los millones de ignorantes, desnutridos, perseguidos, desempleados, en fin, seres humanos que en muchísimos casos sólo tienen de tales la estructura biológica. Con hambre y miseria no se construye una política de cambio; de ahí la difusión del asistencialismo, avidez para recibir migajas e incapacidad para formular opciones políticas; un fracaso asegurado.

En la perspectiva de superar el actual estado de cosas, cabe renovar la idea de bloque histórico, no sólo conjunción de fuerzas económico-políticas, también como propuestas cultural civilizatoria que recoja las diversidades nacionales en contextos de creciente internacionalización. Una Idea germinal que puede madurar en el esfuerzo vinculatorio de la diezmada clase obrera mundial con otros sectores sociales nucleados por la necesidad de dignidad y trabajo. Esto es abstracto en tanto los concretos históricos no están conectados políticamente, son muchos y están dispersos por las diversas geografías del orbe; conforman la otra internacionalización, sin membresía política, pueden adquirirla en la larga marcha histórica, buscando que las luchas de coyuntura no se agoten en objetivos inmediatos, que trasciendan en una organicidad supranacional, de extenso aliento político.

CONCLUSION

Una reflexión abierta debe tratar de trasladar algunas conclusiones en búsqueda del necesario enjuiciamiento crítico que permita los engarces sociales con la realidad. Una primera definición obliga a considerar la responsabilidad jerarquizada del Estado en los planos educativos y de salud pública, también en vivienda. El abandono en que se encuentran estas áreas ha degradado la calidad de la vida. El otro punto es lograr una administración pública de la ciencia y la tecnología para que sean base de bienestar social y no medios de acumulación de capital, ligados al privilegio y a la exclusión sociales. Estos dos aspectos condicionan y favorecen la resolución positiva del tercer punto: la recuperación de lo público. Para lograrlo se requiere una capitalización de lo público social; se trata de reformular una base económica asociativa con participación directa de los productores. La vía estatista, si bien produjo desarrollo, también favoreció la ineficiencia y la corrupción.

No hay razón para suponer que la unidimensión del hombre anómico sea destino de éste y de los tiempos por venir. Privilegiamos la visión del hombre social -sujetos colectivos- porque precisamente ellos son los que recuperan al individuo con cabalidad; y en esta reunión el sujeto puede avanzar, puede optar. Y esta dimensión humana es la que puede reconformar lo público como espacio de realización social que contemple la necesaria privacidad individual.

NOTAS

  1. Véase, "Estatuto teórico de las políticas públicas". Siendo importante el manejo de categorías, en este ensayo se privilegian dos conceptualizaciones. La primera, público estatal, remite a los mecanismos de dominación de clase que permiten la "apropiación de bienes o servicios públicos por parte de la fracción económico-social más poderosa que logra que sus intereses sean realizados por el Estado. No necesariamente cambia la naturaleza jurídica del bien o servicio de que se trate. La categoría público social se refiere a los espacios colectivos en los que prevalecen intereses sociales, y que son la base económica, administrada por los propios interesados, para diseñar políticas públicas socialmente incluyentes (Martinelli, 1997: 56-57).

BIBLIOGRAFIA

anderson, Perry

  1. "Historia y lecciones del neoliberalismo", en Option Paix, vol. 14, núm. 4, 15, núm 1, Montreal, Québec.

Martinelli, José María (comp.)

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Martinelli, José María

En prensa Las políticas públicas y las demandas sociales, México.

  1. "Estatuto teórico de las políticas públicas", en Memoria, núm. 113, CEMOS, México, pp. 56-59.

Marx, Carlos

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Offe, Claus

  1. Contradicciones en el Estado del Bienestar, Alianza Editorial, México.

Rabotnikof, Nora

1993 "Lo público y sus problemas: notas para una reconsideración", en Revista Internacional de Filosofía Política, núm. 2, Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa-UNED, Madrid, pp. 75-98.

(*) Profesor Universidad Autónoma Metropolitana de México, Unidad Ixtapalapa, Dpto. de Economía