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Por un futuro alejado de la guerra

OSCAR GUTIÉRREZ

Centro de Colaboraciones Solidarias

 

Alhaji Babah Sawane ha pasado los últimos cuatro años combatiendo en Sierra Leona al lado del Frente Revolucionario Unido. Desde hace un año y gracias a la labor mediadora de la ONU, Alhaji busca la pronta reinserción en una sociedad aún resquebrajada. El pasado 27 de noviembre, en la reunión que mantuvo el Consejo de Seguridad de la ONU, Alhaji protagonizó una de las intervenciones que seguro pasarán a la historia: "pido a vuestra organización que haga todo lo posible para acabar con nuestra tragedia." Alhaji tiene catorce años.

Uno de los primeros escollos de la guerra en África es encontrar el camino para devolver una vida civil alejada de la lucha de guerrillas a todas sus víctimas. Bajo esta preocupación, la ONU ha solicitado recientemente a la Unión Europea un gran esfuerzo de cooperación en la reinserción de los antiguos combatientes del conflicto de Sierra Leona. De momento, el Club de París ha cancelado 72 millones de dólares de la deuda externa del país. Sin embargo, el primer peldaño de esta reconstrucción pasa por la prohibición del reclutamiento de los niños soldado.

Según el informe que dio a conocer la Convención de los Derechos del Niño celebrada el pasado año en Ginebra, más de 120.000 niños menores de 18 años habían sido reclutados en las filas de la guerra africana. Países como Angola, Burundi, Congo-Brazzaville, la República Democrática del Congo, Etiopía, Liberia, Ruanda, Sierra Leona, Sudán y Uganda son los primeros en recurrir a la infancia para sobrellevar la escasa proporción de soldados adultos en el frente. La Convención de Ginebra sirvió para que 80 países firmaran un acuerdo por el que se prohibía a menores de 18 años alistarse en campañas militares. Sólo cinco lo han ratificado, mientras la mayor parte de los países africanos en conflicto, con las excepciones de Mozambique o Uganda, siguen sirviéndose de niños entre 15 y 18 años. Los más pequeños cuentan tan sólo con siete años.

Bien sea en favor de las fuerzas gubernamentales, bien pertenezcan a los grupos paramilitares o a las guerrillas de oposición, los menores se han convertido en un útil de fácil manejo para las directrices de la guerra africana. Son jóvenes sin educación, sin formación profesional de ningún tipo, despojados de la pobreza de sus casas, con familias caídas en el conflicto o simplemente necesitados de ejercer como auténticos mercenarios inconscientes el único modo que conocen de supervivencia. La mayoría de los niños son utilizados como porteadores, centinelas, mensajeros, rastreadores, espías, señuelos o simples esclavos sexuales. La falta de soldados adultos en las filas de los ejércitos lleva a los países a reclutar a niños como mano de obra barata, manejable y totalmente prescindible. El horror de estos conflictos ha visto como niños y niñas de corta edad servían de auténticos detectores de minas antipersona. Las drogas y el alcohol les ayudan a soportar sus destinos.

En Angola se ha reducido la edad del servicio militar hasta los 17 años. Burundi y Ruanda aceptan a voluntarios de entre 15 y 16 años. Uganda, país implicado en la ocupación de la República Democrática del Congo, reconoce el uso de niños de 13 años. La edad sigue cayendo en picado gracias a la colaboración de los grandes productores de armas ligeras en el mundo. A partir de los 10 años, cualquier niño es capaz de sujetar y manejar con facilidad un arma y convertirse en una máquina de matar.

La Resolución 1314 del Consejo de Seguridad de la ONU ha favorecido desde 2000 a la desmovilización, reinserción e integración de los antiguos combatientes en la sociedad civil. En Sierra Leona, 37.000 soldados han entregado ya las armas. Más de la mitad de estos soldados eran niños arrebatados de sus hogares para combatir por algo que realmente desconocían. La integración en la nueva situación no sólo requiere de un control exhaustivo del desarme y la importación de nuevo armamento, sino un examen de las secuelas psicológicas, una formación con la que empezar de nuevo, un pedazo de tierra y un futuro alejado de la guerra.

Para rescatar la infancia de tantos niños soldado se necesitan largos programas de rehabilitación. En países como Liberia, Sierra Leona o Angola, se están utilizando nuevas técnicas que favorezcan la reinserción. Son programas como los de Mozambique, en donde los niños ex combatientes realizan labores de ayuda en casas o poblaciones que ellos mismos arrasaron. Se trata de tomar de la mano a Alhaji Babah Sawane o a todos los niños angoleños que el pasado año protestaron por el secuestro de 95 niños a manos de UNITA y seguir la esperanza de su ejemplo.