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El punto de vista de género en la globalización

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MARIA JESÚS IZQUIERDO (*)

 

La llamada globalización es, sobre todo, un fenómeno económico. Está vinculada inseparablemente a la libertad de comercio, imponiendo la abolición de las políticas comerciales proteccionistas, la eliminación de trabas administrativas a la importación, y la supresión de barreras a la circulación de capitales. En suma, supone la formación de un mercado único de bienes y capitales, junto con la garantía de la impermeabilidad de las fronteras con relación al movimiento de personas, y por tanto la construcción de mercados de empleo locales. Así pues, lo global y lo local son dos caras de una misma moneda: global el capital y local el trabajo.

La tensión entre lo que se concibe como global y lo que se persigue mantener en el plano local, evidencia conflictos de intereses. Esos conflictos se han resuelto temporalmente con la unión de los que detentan el capital, mediante acuerdos y compromisos, no solo de no agresión sino de cooperación; y la división de los intereses de los trabajadores y trabajadoras, los cuales se contemplan los unos a los otros como enemigos potenciales. Porque se supone que los medios de vida se obtienen compitiendo los unos con los otros, en un juego de suma cero: no se contempla el acceso al trabajo y a los ingresos como un derecho universal, de todo ser humano, sino como el resultado de un merecimiento, por ser más competitivos los unos contra los otros, los cuales serán eliminados en la competencia. Para ser competitivos, figura que los trabajadores y trabajadoras occidentales tienen que apretarse el cinturón, aceptando trabajar por menos dinero, a la par que se lucha ¿a veces bienintencionadamente, y otras no tanto? por provocar una elevación de los costes laborales en otros países, haciendo menos apetitosa la contratación de su mano y la inversión de capitales (ese doble sentido tiene la lucha contra en trabajo infantil en los países del tercer mundo).

Para los países en vías de desarrollo/dependientes, supone la aplicación de programas de ajuste estructural, de ello dependen los créditos del Fondo Monetario Internacional.

Consisten fundamentalmente en la privatización de la economía, liberalizándola, recortando el gasto público en cuestiones sociales, y de resultas, feminizando la pobreza, dado que la suerte de las mujeres es mucho más dependiente del gasto social que la de los hombres.

¿Qué implica adoptar una perspectiva de género para examinar este proceso? Requiere poner en duda que haya UNA sola perspectiva género. Este compromiso parte de una sensibilidad a las diferencias culturales, a las desigualdades de clase y de edad, a las diferencias étnicas, a las relaciones de dependencia entre los centros mundiales de la economía, las periferias, los excluidos y excluidas del proceso de mundialización. Y como resultado de esa sensibilidad, aceptar que el impacto de la mundialización sobre la situación social de las mujeres con relación a los hombres es distinto en función de las distintas condiciones sociales y culturales que concurren. Implica que no se puede hablar de un universal de desigualdad social o exclusión, sino de particulares, fruto del modo en el que confluyen en la vida de cada persona las distintas formas de desigualdad. Ello exige no atribuir a nuestras afirmaciones sobre "La Mujer", capacidad explicativa para las múltiples realidades a las que se encuentran sometidas las mujeres. Porque lo que habitualmente venimos denominando "perspectiva de género" es una manifestación más de imperialismo cultural, el que las mujeres blancas con recursos económicos y calificaciones académicas ejercen sobre el resto de mujeres.

La reflexión sobre el impacto de la globalización en las mujeres, por la complejidad de los procesos que desencadena, comporta abordar cuestiones como: (1) El reconocimiento de la desigualdad entre mujeres y por ello el paso de la perspectiva de género a las perspectivas de género, considerando el modo específico en el que se configura el género y las relaciones de género según la clase social, la situación geoestratégica, la edad, la etnia, las disminuciones psíquicas o físicas. (2) El impacto de la globalización que no es sino imperialismo económico y cultural, sobre el patriarcado personal -ámbito de las relaciones familiares, entre los sexos y las generaciones- y sobre el patriarcado impersonal -ámbito de las relaciones familia/Estado. (3) Las relaciones entre el capitalismo monopolista y transnacional y el patriarcado personal e impersonal.

 

* Profesora de Sociología de la Universitat Autónoma de Barcelona