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Las lacras de la Globalización

ALISON SMALE

Sinopsis:

  El fin de la Guerra Fría aportó agentes de los aparatos de inteligencia de la ex URSS, EE.UU. y Europa al delito internacional. El tráfico de armas, drogas y personas mueve cerca de 300.000 millones de dólares.

 

  En Europa oriental hay traficantes que a través de los Balcanes comercian con mujeres a las que sumen en la esclavitud sexual. Los rusos lavan dinero por medio de pequeñas islas del Pacífico que tienen centenares de bancos pero casi ninguna ruta. Los barones de la droga de Colombia acumulan tantos recursos que pueden comprar un submarino soviético para mandar cocaína a los Estados Unidos.

  En la década que siguió a la caída de la Unión Soviética, se produjo una verdadera explosión de la delincuencia internacional que los gobiernos recién empiezan a combatir. Resulta evidente que la globalización del delito es una consecuencia lógica de la caída del comunismo. El capitalismo y el comunismo, las ideologías que sirvieron de camisa de fuerza a norteamericanos y soviéticos, les permitieron justificar a sus ojos el hecho de utilizar agentes desagradables para librar su guerra fría. Cuando esas alianzas se disolvieron, los agentes de la Guerra Fría buscaron otros puntos mediante los cuales conservar —o mejorar— sus posiciones. La transformación de los Apparatchiks en gángsters o lavadores de dinero en las ex repúblicas soviéticas y los Balcanes es sólo el ejemplo más conocido. (Los diamantes recorren África mediante una red que, según informes de las Naciones Unidas, dirige un ex traductor del ejército soviético).

  Angola es otro. La guerra civil de ese país se presentó como lucha por la democracia o el comunismo, pero continúa, y la financian las ganancias derivadas del petróleo y los diamantes que alguna vez se disputaron las superpotencias. El fin de la Guerra Fría también trajo aparejada una expansión del crecimiento financiero internacional. Sin embargo, el impulso que las naciones más ricas dieron a una economía nueva y más abierta —mediante el desarrollo de las comunicaciones y la disminución de las barreras comerciales y financieras— también dio lugar a un casino global en el cual el dinero se podía trasladar con gran facilidad y rapidez. Si la caída del Muro de Berlín fue lo que alentó un desplazamiento relativamente libre de personas, fue el crecimiento de ese casino lo que permitió que los delincuentes ocultaran y trasladaran sus ganancias, que eran cada vez mayores.

  En la actualidad, uno de los mayores desafíos que debe abordar el gobierno de Bush es el poder que tienen delincuentes inmensamente ricos frente a estados débiles. Según surge de un reciente informe que elaboró el Consejo Nacional de Inteligencia —un organismo de experimentados funcionarios de inteligencia que trabajan junto con la CIA y especialistas extranjeros—, esta es una de las nuevas amenazas que debe enfrentar la seguridad norteamericana. No cabe duda de que el tradicional crimen organizado existió todo el tiempo, pero ahora es mayor.

  Cuando la Unión Soviética se desintegró, la mayor de sus instituciones hicieron implosión, señaló Stephen Handelman, autor de Comrade Criminal: Russia's New Mafia" (Camarada delincuente: La nueva mafia rusa, Yale University Press, 1995). Los grupos criminales que habían surgido en los últimos días del sistema comunista tomaron la posta ahí donde el gobierno abandonó, dijo. La mafia no nació entera en 1991; siempre estuvo ahí, y tenía una relación estrecha con los funcionarios gubernamentales.

  Los personajes turbios del Este y el Oeste no perdieron tiempo y anudaron lazos tras la caída del Muro. Los integrantes de las mafias consolidadas de Italia y de las incipientes mafias rusas empezaron a reunirse en Praga, Budapest, Viena y Berlín. La policía observaba, pero no podía hacer nada. Una imagen elocuente de los primeros años de la década de 1990 era la de una policía empobrecida que en vano trataba de alcanzar en viejos Sedanes a los elegantes Mercedes con los que contaban los nuevos ricos.

  Estos grupos criminales, señaló Handelman, penetraban en los gobiernos locales, regionales y centrales. Mientras tanto, Occidente se dedicaba a la asistencia y esperaba que las sociedades comunistas se convirtieran en democracias libremercadistas y que los nuevos ricos invirtieran en su país. En lugar de ello, la vieja intelligentsia empobrecida empezó a recibir sobornos. La nueva clase media y los ricos decidieron evitar los malos bancos y los impuestos e invirtieron su dinero en el exterior. Pensamos: Les daremos dinero y, finalmente, todo se asentará1, dijo Handelman. Pero terminó por desaparecer.

  Es difícil rastrear esos fondos. Chipre, por ejemplo, se convirtió en un paraíso bancario para los rusos y para el régimen yugoslavo de Slobodan Milosevic. El gobierno de la isla ahora examina con más atención los orígenes del dinero depositado en sus numerosos bancos, pero rastrear los fondos de Milosevic fue absolutamente imposible. Por otra parte, destacó Handelman, si Chipre se termina, los rusos se irán a Londres o a Nueva York.

  El informe que advirtió sobre el poder de los delincuentes ricos, Global Trends 2015, da una idea de la escala de la economía ilegítima: el narcotráfico sigue a la cabeza con ingresos anuales que se estima son del orden de entre los 100.000 millones y los 300.000 millones de dólares. El robo de autos en los Estados Unidos y Europa asciende a 9.000 millones de dólares, mientras que el incipiente pero próspero negocio de tráfico de personas asciende a los 7.000 millones de dólares, según surge del informe. El Centro para la Integridad Pública de Washington estima que de cada tres cigarrillos que se exportan, se vende uno en el mercado negro.

  También hay costos menos tangibles. El informe 2015 estima que la corrupción tiene un costo de aproximadamente 500.000 millones de dólares por año —un 1 por ciento de la economía global— en términos de desaceleración del crecimiento, disminución de la inversión extranjera y menores ganancias. En medio de esta etapa sombría, los políticos se esfuerzan por identificar los delitos, castigarlos y ejercer un control. Las Naciones Unidas adoptaron convenciones para combatir la nueva delincuencia. Una comisión de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico publica una lista anual de los lavadores de dinero. La Unión Europea empieza a definir el delito de tráfico de seres humanos y a concentrar recursos para combatir a los criminales que contrabandean unas 500.000 personas por año.

  Thomas Bodstrom, ministro de Justicia de Suecia, que presidió la Unión durante la primera mitad de este año, manifestó su preocupación ante la prostitución forzosa de decenas de miles de mujeres procedentes de los países pobres de Europa oriental. En Sarajevo, dijo, conoció a una mujer que le dijo que la habían "vendido" dieciocho veces. Creo que a todos nos sorprendió que siguiera habiendo esclavitud en Europa, declaró. ¿Cuántas personas y quién las vende? Bodstrom fue de una franqueza abrumadora. La verdad, dijo, es que no lo sabemos.