Mundialización y Desarrollo Humano

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JOSÉ MARIA VIDAL VILLA

 

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¿Qué se entiende por globalización?

Desde hace un par de décadas, coincidiendo con el cambio de orientación de las políticas económicas en los países capitalistas encabezado por la Sra. Thatcher y el Presidente norteamericano Reagan, que pasó del keynesianismo al neoliberalismo, se ha desencadenado un proceso de ámbito mundial que se ha bautizado como globalización. Este proceso no es nuevo. Representa la continuación de la expansión capitalista en el ámbito mundial y significa un importante salto adelante en la consolidación de este sistema.

La globalización, también denominada con mayor rigor científico mundialización, se inició, o al menos así lo pareció, en los mercados financieros. En efecto, los movimientos de capital en el ámbito mundial fueron los más llamativos en cuanto a su apariencia. Tras la reforma del sistema monetario internacional de los años 60, la libre movilidad del capital ha ido avanzando cada vez con mayor vigor. Afecta a la Bolsa, a los créditos y préstamos internacionales, tanto privados como públicos, al mercado de divisas, al pago de la deuda externa, y, por supuesto, a la inversión directa.

Pero la globalización tiene su máxima expresión en el despliegue mundial del capital productivo, a partir de la acción de las empresas multinacionales, auténticos protagonistas de este proceso. Hoy día se produce en muy diferentes puntos del mundo, prescindiendo del origen del capital y del mercado final al que van dirigidas las mercancías producidas. El planeta es un solo espacio de rentabilización del capital.

Ahora bien, para que esta mundialización productiva pueda ser efectiva, es imprescindible la existencia de otro factor: la libre movilidad de mercancías. A este respecta, primero el GATT y luego la OMC, se han encargado de favorecer la rebaja paulatina pero rápida de aranceles y tienen como objetivo la libre movilidad de mercancías plena. Es decir, la construcción de un mercado mundial. Aquí se inscribe la política de economías abiertas patrocinada por el FMI.

La mundialización comercial y del capital no lleva aparejada la consiguiente mundialización de la fuerza de trabajo. Por el contrario, el proceso de mundialización ha ido acompañado de una ofensiva por frenar los movimientos migratorios. En particular entre la Periferia y el Centro del Sistema.

Y, por último, este proceso ha alterado las funciones de los Estados nacionales. Pierden soberanía, puesto que la mayor parte de las decisiones en materia de política económica ya no son adoptadas por ellos sino por instancias supranacionales. No obstante, existe un importante vacío institucional, que no cubre la ausencia de los Estados nacionales con otros organismos democráticos de carácter supranacional. Existen importante crisis a este respecto y son ya muchas las voces que exigen la construcción de instituciones de regulación y control económico con ámbito de responsabilidad mundial.
 

¿Cómo afecta la globalización al desarrollo económico?

El desarrollo económico capitalista ha sido tradicionalmente entendido como la combinación del crecimiento económico y el cambio estructural que daba lugar a la modernización. Tal desarrollo económico solía ser medido mediante los incrementos del PIB o del PIB per cápita y solía cristalizar en la mejora de las infraestructuras, de la educación, de la sanidad, del nivel de vida de la población, etc. Pero lo relevante es que ese modelo de desarrollo económico era un modelo nacional.

Efectivamente, el marco territorial e institucional del desarrollo económico, tanto en los países del Centro como en los de la Periferia, era el propio Estado-nación. De ahí que existieran políticas de desarmo económico nacional, incluso Ministerios de desarrollo económico, e, incluso también, una ideología del desarrollo económico: el desarrollismo.

Todo lo anterior es lo que la globalización ha eliminado. La razón es muy sencilla. Cuando las pautas de acumulación se regían por un comportamiento de los agentes (las empresas) muy delimitado por la legislación nacional y muy protegido por su correspondiente Estadio, el motor del desarrollo era interno. Es decir, cada país tenía su política de desarrollo y se protegía frente a los restantes, con los cuales mantenía relaciones comerciales y algunas, escasa, relaciones financieras. Pero el marco interior estaba protegido y regulado por el propio Estado, cuya misión era crear las condiciones para el desarrollo económico sostenido. Ciertamente, no siempre se conseguía y numerosos países de la Periferia, como afirman los teóricos de la dependencia, nunca dispusieron efectivamente de un motor interno de desarrollo. Pero lo intentaron, como es el caso de países como México, Brasil, Argentina, los del sudeste asiático y otros. Con mayor o menor éxito.

Cuando la globalización empieza a imponer sus leyes, una de sus primeras víctimas fue la política de desarrollo interno. En efecto, el motor del desarrollo se desplazó desde la acumulación interna de capital hacia la percepción de capitales del exterior. Es decir, paso de manos de agentes nacionales, la presunta burguesía nacional, a manos multinacionales, las empresas gigantes que lideran el proceso de mundialización.

Pero estas empresas multinacionales no tienen entre sus objetivos el desarrollo económico de los países en los que actúan. Su objetivo es la máxima rentabilización de su capital y, al poder eludir la legislación interna de cada país e incluso al obligar a estos a modificarla, desplazan el motor de la economía desde el interior hacia el exterior. De hecho, empieza a carecer de sentido hablar de interior y de exterior. La economía mundial tiende a unificarse y cada país intenta insertarse en ella de la manera más favorable para los intereses de sus clases dominantes. Ello provoca la ruptura de la identidad entre acumulación de capital y desarrollo económico nacional.

El resultado es que las palancas del desarrollo económico ya no están en manos de los correspondientes Estados, sobre todo en la Periferia del Sistema, sino en manos de las empresas multinacionales, cuyo protagonismo al respecto es cada vez mayor, al extremo de que hoy están pugnando por conseguir el establecimiento de una legislación mundial que regule uy controle el papel de las propias empresas pero sobre todo que limite el campo de discrecionalidad y de autoridad de los diferentes Estados nacionales. Es el caso del Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI) o el Nuevo Mercado Transatlántico (NTM) en curso de negociación.

En conclusión, las funciones de los distintos Estados nacionales han variado substancialmente. Ya no intentan preservar su país de la competencia extranjera para poner en marcha procesos de desarrollo interno. En la actualidad su pretensión es insertar a su país de la mejor manera posible en el proceso de mundialización. Y eso tiene efectos importantes sobre la sociedad y el nivel de la población.


¿Cómo afecta la globalización al desarrollo humano?

Las palabras de Koldo Unceta son relevantes para responder a esta cuestión: «Uno de los elementos más importantes que ha estado presente en los distintos enfoques y propuestas sobre desarrollo ha sido la consideración del marco nacional como ámbito de dicho proceso y el papel del Estado nacional como impulsor del mismo, idea recurrente que ha venido a quebrarse sólo de la mano de algunos de los debates más recientes. El Estado-nación ha venido siendo considerado al mismo tiempo el ámbito y el sujeto del desarrollo, quedando las personas relegadas al papel de instrumentos para el logro del desarrollo nacional. Los individuos han sido considerados ricos o pobres, sanos o enfermos, cultos o analfabetos, pero casi nunca desarrollados o subdesarrollados, categorías estas últimas reservadas para los países.»

Ciertamente. El desarrollo económico entendido como desarrollo nacional priorizó y priorizó aun el crecimiento de las magnitudes macroeconómicas, pero no atiende, al menos en los grandes objetivos estatales, a los indicadores que afectan a la realidad de la vida de las personas, a lo que en el siglo XIX se solía denominar la felicidad humana.

El PNUD, hace precisamente 10 años inició la medición del desarrollo bajo una nueva concepción. No bastaba con el crecimiento económico. Había que medir también su incidencia en la vida de las personas. Y para ello ideo el Índice de Desarrollo humano, indicador complejo que relaciona el crecimiento del PIB per cápita con otras variables tales como la esperanza de vida o el nivel cultural. Ha sido un loable esfuerzo que ha conseguido romper con las ataduras del economicismo estricto. Pero el IDH está aun lejos de ser un instrumento válido para medir la felicidad humana. Sirve ya, no obstante, para medir las desigualdades existentes. El propio PNUD se ha ocupado también de ampliar el marco de su medición. Ya no se trata solo de medias nacionales, sino que se matiza por edades, por etnias, por género, por lugar de residencia (urbana y rural).

Y lo que se desprende, grosso modo, de las distintas mediciones del IDH es la existencia de una importante polarización de la riqueza y del bienestar tanto en el ámbito internacional como en el propio interior de los países, incluyendo los más desarrollados, en los cuales el PNUD señala la existencia de importantes bolsas de pobreza.

La globalización, lejos de hacer disminuir la desigualdad, la está potenciando. Ocurre sin embargo, que esta desigualdad ya no puede ser medida exclusivamente en términos de países por que escondería la realidad, la velaría. Efectivamente, la globalización, entre otras cosas, ha trastocado la estructura de clases, tanto a nivel nacional como mundial. Quiere ello decir que existen importantes fracciones de la burguesía, sobre todo financiera, de los países periféricos que se encuentra plenamente integrada en el modelo de acumulación que protagoniza el proceso de mundialización. Y quiere ello decir también que en los propios países del Centro existen fracciones sociales que son marginadas del proceso productivo y por tanto de las ventajas derivadas del desarrollo y que adquieren cada vez más características semejantes a las de las poblaciones marginalizadas de la Periferia.

Esta ruptura del marco de formación y actuación de las clases sociales está alterando considerablemente la percepción colectiva del desarrollo y el subdesarrollo. El sector pudiente e integrado en las redes mundiales de acumulación de Brasil es mucho más afín a otros sectores semejantes de EE.UU., Europa, Japón u otros países de la Periferia que a sus propios conciudadanos excluidos del proceso. Dicho brevemente, se está produciendo una ruptura muy profunda del marco nacional de acumulación, que relega a los marginalizados a una situación de exclusión y pobreza como nunca antes había existido.
 

¿Cómo afecta la globalización a los salarios,
el empleo y la redistribución de la renta?

Desde el punto de vista teórico, la globalización representa la construcción de un mercado mundial libre, prácticamente sin impedimentos, como el que habían preconizado los economistas clásicos. En tan idílica situación tanto los capitales, como las mercancías tendrán total libertad de movimientos y por tanto, la formación de precios se producirá en el ámbito mundial. Pero en el esquema de os clásicos este proceso de liberalización y formación de mercados libres también afectaba a los salarios y al empleo.

Efectivamente, se entendía que la libre circulación de mercancías y de capitales necesitaría también la libre movilidad de los trabajadores, que, al moverse desde zonas o sectores de bajos salarios a zonas o sectores de altos salarios, provocarían una tendencia hacia la igualación de los niveles salariales en un mercado laboral libre. Ahora bien, en la actual globalización este fenómeno no se está produciendo- Al contrario, se impide la libre movilidad de los trabajadores. Y el resultado es que el abanico de salarios a nivel mundial crece. El fenómeno es inverso. Son las empresas multinacionales las que localizan su producción, sobre todo la intensiva en mano de obra, en zonas o países de bajos salarios y pretenden que sigan siéndolo. Las llamadas ventajas locacionales se fundamentan precisamente en la existencia de tales bajos salarios.

Esta situación tiene efectos sobre el empleo. Afecta al empleo local del país de destino de la inversión. Aumenta el número de trabajadores asalariados por empresas multinacionales, quienes, a pesar de percibir salarios muy inferiores a los de los trabajadores de los países desarrollados, perciben unas remuneraciones considerablemente superiores ala media de su propio país. Son, por tanto, en cierta forma, privilegiados. Pero al propio tiempo, las condiciones de trabajo no son las mejores. Son habituales jornadas de 10 o 12 horas pagadas con salarios muy bajos, escasa seguridad en el trabajo, contratos de duración limitada y prácticamente inexistencia de seguridad social o protección en caso de paro, enfermedad o jubilación. Pero, aun así, los trabajadores asalariados de la industria multinacional están en mejores condiciones que los marginalizados.

Afecta también al empleo en los países de origen de la inversión. Se produce lo que se ha venido en denominar una deslocalización industrial que da lugar a la emigración de actividades industriales intensivas en mano de obra con efectos depresivos sobre el empleo. En los países desarrollados se está consolidando una fracción de trabajadores en paro que ha dejado ya de ser coyuntural para convertirse en paro estructural.

En cualquier caso, la ventaja es para las empresas multinacionales que maximizan su beneficio. Pero para que ello ocurra es preciso que exista la libre movilidad de capitales y mercancías.

Tal tipo de actividades no suele estar orientada hacia el mercado interior sino hacia el exterior. Por tanto, la creación de mercado interno no es su objetivo. Ello redunda en que las condiciones de vida y el bienestar de los ciudadanos en los países de recepción de inversiones extranjeras no se fomenta como podría hacerlo, es decir, si funcionase lo que se llama el multiplicador keynesiano, que representa el crecimiento de la actividad impulsado por una actividad motriz.

El resultado de la globalización en lo que atañe a empleo y salarios es doble:

- Con respecto al empleo, lo hace crecer en algunos países de la Periferia y lo contrae en los del Centro.
- Con respecto a los salarios, incrementa el abanico existente y favorece la polarización y la desigualdad.

Al no existir mecanismos de regulación a nivel mundial, tampoco se produce un proceso de redistribución de la renta, como el que se dio en los países desarrollados y que condujo al Estado del Bienestar. Por el contrario, la renta se concentra cada vez más. La parte de los salarios disminuye, tanto en los países como a nivel mundial. Aumenta por tanto la parte de los beneficios. Y se produce como resultado lo que tanto el PNUD, como incluso el Banco Mundial, han señalado: los ricos son cada vez más ricos y los pobres son cada vez más pobres.

Esta nueva división internacional del trabajo afecta también a la composición de género del empleo. En efecto, como se señala en el informe Globalisation and employment [Globalización y empleo] presentado por el Panos Institute de Londres en el mes de mayo.

Desde 1980, el aumento de la fuerza laboral femenina ha sido substancialmente mayor que el de la fuerza laboral masculina... Sólo en África el incremento laboral ha mantenido a la par la creación de puestos de trabajo entre hombres y mujeres. En el resto del mundo, las mujeres han sido las principales beneficiarias de las nuevas aportaciones al trabajo. Por ejemplo, en América Latina los niveles de crecimiento del empleo para las mujeres - un 4% anual- han triplicado el nivel alcanzado por los hombres.

En este sentido, el informe señala que las mujeres forman el grueso de la fuerza laboral en las zonas francas y en las zonas de maquila. En Panamá representan el 95 %, en Guatemala y Nicaragua, el 80 % y en Bangladesh el 70 %, por ejemplo.

Este aumento substancial del empleo femenino se debe, entre otras cosas, al menor salario que se paga a las mujeres. A pesar de ello, y como señala el informe citado, se está produciendo un importante cambio cultural y social, ya que, al disponer de salario propio, las mujeres están logrando mayores cotas de libertad frente a los hombres en sociedades extremadamente machistas y patriarcales. Pero al propio tiempo afecta al grupo familiar por cuanto son cada vez más los hombres que no encuentran acomodo estable en el mercado laboral. Se está originando un importante cambio estructural en las sociedades periféricas, derivado de este proceso.


Homogeneización de la producción, del consumo,
de la ideología y de la cultura

La globalización ha dado lugar a un importante proceso de homogeneización de la producción. Tanto en los métodos de trabajo, como en la tecnología aplicada, como en los productos finales, la homogeneidad es la tendencia predominante. Por consiguiente, disminuye la especialización y los productos no se diferencian por su origen nacional.

Ese fenómeno, a su vez, repercute de forma considerable sobre el consumo que, a su vez, se homogeneiza. El vestido, los medios de locomoción, el ocio, incluso la alimentación, son cada vez más homogéneos. Se pierden las especialidades y se uniformizan los hábitos, dando lugar a una considerable pérdida de la diversidad.

Ello va generando además una ideología también homogeneizadora, que a través de los potentes medios de comunicación abarca la práctica totalidad del planeta. E incide sobre la cultura, que se uniformiza, que pierde originalidad, que se norteamericaniza: la música, el cine, la televisión, la literatura, etc. Están sometidas a un profundo acoso del american way of life. Y, además, la propia lengua de los ciudadanos se ve sometida al cada vez mayor acoso del inglés.

Lejos de ser un avance en la culturización de la humanidad a lo que se está asistiendo es a un achatamiento de la cultura, a una mediocridad cada vez más acusada. Por supuesto, este fenómeno incide de forma negativa en el desarrollo humano, aunque los índices mediante los cuales se mide no lo registren. Ciertamente hay resistencias ante este proceso: el nacionalismo, el fundamentalismo religioso y la etnicidad, son algunas de sus manifestaciones más notables.

Y en el ámbito político se asienta la idea de la universalización de los derechos humanos, entendidos, por supuesto, como imitación de los hábitos e instituciones políticas de los países occidentales. En nombre de los derechos humanos se perpetran auténticos genocidios y se acaba con la independencia y la diversidad de comportamientos de infinidad de pueblos. La crisis de soberanía de los Estados nacionales, a su vez, está favoreciendo la aparición de un importante vacío político, no sólo en el ámbito de la regulación económica, sino incluso en el ámbito del bienestar y la salud de la población. Por ejemplo, la proliferación de casos de contaminación alimenticia detectados en Europa y en América, está carente de cualquier legislación de carácter mundial que impida la venta de productos contaminados fuera del espacio en el que se produjo la contaminación. Es decir, que productos belgas contaminados puedan ser vendidos, por ejemplo, en algún país del Tercer Mundo, sin que exista autoridad alguna que pueda impedirlo.

La humanidad avanza, al parecer inexorablemente, hacia la globalización. Pero si bien está muy avanzado este proceso en lo que atañe a la economía y a sus efectos sobre la ideología y la cultura, está aun muy lejos de la globalización democrática de la política y el autentico derecho a los derechos humanos y a los derechos de los pueblos. Lo que está avanzando es la construcción de organizaciones mundiales de carácter represivo, como la OTAN, pero instituciones de representación como la ONU, la UNESCO, la FAO, la OMS y otras están sufriendo u profundo desgaste. Sería preciso una reacción decida de los ciudadanos para exigir una democratización política de las instituciones de carácter mundial que ya existen, y la creación de aquella que aun no existen, como por ejemplo, por citar una, una institución que controle y frene el deterioro del medio ambiente y permita construir una sociedad mundial en la que sea posible el desarrollo sostenible.


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