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Los remolinos ciudadanos:
Tensiones y opciones ante la globalización

EDUARDO GUDYNAS

Porto Alegre está invadida por visitantes. Las calles están repletas de delegados, fácilmente reconocibles por una gran identificación cuadrangular que cuelga en sus pechos; en los hoteles se suceden los taxis llevando y trayendo personas; en los buses hacia el campus de la Universidad Católica (la "puqui" en portugués) es posible encontrar ingleses, chilenos, holandesas, y muchas otras nacionalidades. Todos confluyen en el segundo Foro Social Mundial, un evento creado por organizaciones ciudadanas con el objetivo de mostrar que otro mundo es posible.

Si bien este foro nació como una expresión alterna al Foro Económico Mundial de Davos (WEF), en esta, su segunda edición, ha cobrado una enorme envergadura. El encuentro económico de Davos ahora se mudó a New York, rodeado por una férrea seguridad para mantener alejada a la gente; el foro social permanece en Porto Alegre, una simpática ciudad del sur de Brasil, donde la policía pasa desapercibida, y la gente fluye por millares en sus calles. Mientras que en New York se insiste con la globalización tradicional, aquí, en el sur, se buscan alternativas.

El cuestionamiento a la globalización

No debe caerse en una visión reduccionista, asumiendo que el segundo Foro Social Mundial es una expresión "anti-globalizadora". Es más que eso, ya que si bien existen crecientes consensos en cuestionar los aspectos más negativos de la globalización, también se reconocen algunas expresiones positivas, y entre ellas el propio foro, que es un mosaico de nacionalidades y lenguas.

La crítica al neoliberalismo, al reduccionismo de mercado, o como prefiera llamarlo, es evidente en todas las actividades del foro. De esta manera se rechaza cualquier expresión de un "pensamiento único" volcado al mercado. La insistencia con la paz es otro de los temas centrales del foro, y ello explica que se llegara incluso a rechazar la inscripción a grupos violentos.

Desde esas perspectivas emergen muchas posiciones. Unos enfatizan los gobiernos locales, otros están preocupados por los acuerdos de libre comercio, algunos se reúnen en un taller de agroecología, y hasta se canta en los talleres. En todos esos casos las tensiones entre lo global y lo local son evidentes, en los papeles que se esperan de la sociedad civil, y hasta en repensar que quiere decir sociedad civil o globalización. Todo es discutible, no hay certezas.

El fortalecimiento del foro

Más allá del colorido y del espíritu animado, el Foro Social Mundial ha logrado fortalecerse en varios niveles. En primer lugar, el número de participantes se ha ampliado enormemente, estimándose que rondará las 60 mil personas. La diversidad de países presentes también se amplío, y aunque la presencia brasileña sigue siendo mayoritaria, son evidentes importantes delegaciones de los países del Cono Sur, de Europa y Norteamérica.

En segundo lugar, la agenda de temas también se ha diversificado. Si bien se mantienen una serie de ejes centrales, tales como la producción de riquezas y la reproducción social, el acceso a la riqueza y la sustentabilidad, el fortalecimiento de la sociedad civil, el poder político y la ética social, etc. Un especial acierto han sido los foros paralelos en temas como el de gobiernos locales por la inclusión social, el papel del poder judicial, la sustentabilidad, etc. Las personalidades de talla mundial están en todos lados; por ejemplo, en un sólo día, puede presenciar una charla del juez español Baltasar Garzón a una mesa redonda con autoridades municipales, entre ellas los alcaldes de Buenos Aires, Sao Paulo, Ginebra y Barcelona.

En tercer lugar, este enorme encuentro ha conseguido jugarle de igual a igual al Foro Económico Mundial, que este año tiene lugar en New York. Ha logrado adquirir un peso específico similar, y se encuentra bajo la atención internacional. Es cierto que esa cobertura no es todo lo intensa que uno espera, y a veces pasa desapercibida, pero otro tanto sucede con el WEF en Estados Unidos. Varias personas que uno esperaría encontrar caminando por la 5a Avenida, en realidad estaban en Porto Alegre, como el encargado de asuntos externos del Banco Mundial, Mats Karlsson, lo que deja en claro que los animadores de la globalización ya escuchan lo que se dice en estos encuentros.

El foro es también un gran negocio. Si bien los gobiernos municipales y estatal invirtieron mas de un millón de dólares, se calcula el retorno en unos 10 millones de dólares. No me parece una cifra exagerada; los bares están repletos de visitantes, no se encontraban habitaciones en ningún hotel, y los vuelos estaban atestados.

Tensiones y opciones

El éxito de la convocatoria, la ebullición social en el cono sur, la excelente organización, el dinero que se mueve, y otros factores como estos, precipitaron al comité brasileño a decidir que el tercer foro volverá a tener lugar en Porto Alegre. La decisión, que se dió a conocer el 29 de enero, antes incluso de iniciarse el foro, desplazó tanto al otro candidato (India) como a varios integrantes del comité internacional organizador del encuentro, insinuando una vez más las tensiones que aquí se viven. El inicio del foro dejó el problema en un segundo lugar, pero hay que reconocer que el procedimiento no fue feliz.

Otras tensiones se observan en diferentes temas. Una muy clara, especialmente para los participantes que no son brasileños, surge de la masiva presencia del Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil en todo el foro. Por ejemplo, en la marcha de inauguración, los militantes y las banderas rojas del PT fueron una abrumadora mayoría, los cánticos y los discursos apuntaban en el mismo sentido; en esa tarde, a mi lado, un amigo lamentaba que se hubiera perdido la oportunidad de una acto inaugural donde primaran las banderas de muchos países, y no muchas banderas de unos pocos partidos.

Por otro lado, en tiempos de debacle de los partidos políticos, no deja de ser bienvenido que uno de ellos quede alineado con los movimientos ciudadanos, y de hecho apoye eventos como este foro. Este tipo de argumentos se suceden en Porto Alegre, donde unos están a favor de la presencia del PT y otros la critican; la cuestión de fondo sigue siendo cuál sería el nivel de participación óptimo para un evento como este.

Esa respuesta es difícil pero merece atenderse. Hasta ahora la izquierda de Brasil ha sido ejemplo en mantener una relación más cercana con los nuevos movimientos sociales; algunos de los grupos que componen el PT entienden las particularidades de esas expresiones ciudadanas. Por ejemplo, el líder de ese partido, "Lula" da Silva en un reciente artículo advertía "sin sociedad civil no hay progreso político". Este tipo de posiciones no son un hecho común, ya que en otros países Latinoamericanos sigue primando una "extrañeza" de la izquierda tradicional frente a los nuevos movimientos sociales, y éstos a su vez desconfían de ella, ya que cada vez que llegan al gobierno parecen quedar trituradas y licuadas hasta cambiar su propia médula.

Por otro lado, también existe un temor comprensible de cooptación de las expresiones ciudadanas con fines partidarios. Eso explica la posición de varios, de buscar que el foro logre una autonomía mayor, fortaleciendo esa visión ciudadana independiente.

En Porto Alegre se vienen sucediendo las más variadas críticas a los partidos políticos, y que muchas veces van más allá de ellos, para cuestionar todo el ámbito de la política. Si bien muchos podemos acordar en la censura a los personeros políticos que han defraudado a sus pueblos, debe abordarse con precaución una renuncia a la política en su amplio sentido. Es que sin "la política" se pierden los espacios públicos donde elaborar las decisiones colectivas, sopesar argumentos, y expresar los imperativos éticos. Por cierto que ese espacio vive enormes problemas y fuertes deterioros, pero la solución pasa por fortalecerlos y purificarlos, y no por destruirlos.

El dilema de la política

En ese terreno, en el Foro se observan algunas expresiones que se deslizan sobre una delgada cuerda, en un equilibrio inestable, sobre el vacío político. Algunos delegados, especialmente de países andinos, viven una crisis profunda, rechazando el propio escenario político; muchos amigos de los países industrializados ya llevan años transitando en el desinterés. En los dos casos los resultados son malos, en unos se abren las puertas a los autoritarismos y en el otro se permite un asalto empresarial de los gobiernos. Al contrario, muchos colegas del Cono Sur sudamericano todavía guardan esperanzas de una reconstrucción social desde la política.

A mi juicio este es una de las lecciones de fondo que deja el Foro en sus primeros días, aunque las preguntas todavía no estén adecuadamente articuladas, ni todos lo vean como un problema.

La dificultad de las alternativas

La elaboración de alternativas sigue siendo el próximo desafío. El reconocer la posibilidad misma de alternativas ya es un hecho positivo, y el foro es una exhibición de las más variadas propuestas, de todas las clases, colores y énfasis. Le haría muy bien a la ex-premier británica, Margaret Thatcher pasearse por las talleres en este foro para verificar si su sentencia sobre la inexistencia de alternativas es válida. Pero una vez celebrada esa diversidad, el punto vuelve a ser, cómo articular las propuestas, cómo construir consensos para avanzar en unos caminos, y la manera de hacerlo ganando las más amplias adherencias.

En Porto Alegre se elaboran los sueños. Pero nos resta una tarea, que a veces es tediosa, de llevarlos a la práctica, en forma concreta y funcional. Habrá que elaborar procedimientos de acción, nuevos mecanismos de decisión, sopesar qué hacer frente a nuevas dinámicas sociales, y así sucesivamente. En esos pasos concretos todavía se enfrentan dificultades, no sólo en la elaboración detallada de las alternativas en sí mismas, sino en cómo articular diferentes propuestas para arribar a un programa aplicable que sea aceptado por todos, o casi todos.

El proceso no se detiene

Las cuestiones desencadenadas por el Foro Social Mundial no se detendrán con el acto de clausura. En realidad deberían asumirse como un proceso. El foro ha servido para reconocer las tensiones y contradicciones, lo que abre las puertas hacia alternativas vigorosas. La pujanza del encuentro en Porto Alegre indica que eso es posible, pero todavía es necesario seguir caminando.