Resolución 1441

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IGNACIO RAMONET

 

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Adoptada por unanimidad por los 15 miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, reunido en sesión publica en su sede de Nueva York el pasado viernes 8 de noviembre, la Resolución 1441 sobre el desarme de Irak establece en el párrafo 13 que "Irak se expondría a graves consecuencias si continua faltando a sus obligaciones".

En términos diplomáticos "graves consecuencias" significa una intervención militar; o sea, para que quede claro: la 1441 autoriza de modo explícito la guerra contra Bagdad. El hecho de que Saddam Hussein haya aceptado sin condiciones el regreso de los inspectores no aleja, como algunos han dicho, el peligro de conflicto. La Resolución 1441 no le daba al presidente iraquí ninguna otra opción ya que el párrafo 9 "exige que Irak confirme su intención de respetar plenamente los términos de la presente resolución, y que coopere inmediatamente, incondicionalmente y activamente" con los inspectores.

Un furioso debate diplomático había enfrentado durante las semanas que precedieron el voto de esta resolución a los Estados Unidos y sus principales aliados (entre ellos el Reino Unido, Italia y España) contra Francia, Rusia, Alemania y la mayoría de los países árabes y musulmanes. La polémica se resumía a lo siguiente: Washington quería una única resolución de la ONU autorizando el uso de la fuerza en caso de que se demostrase que Irak posee armas de destrucción masiva. París y Moscú exigían que, en ese caso, se regresara al Consejo de Seguridad para elaborar y votar una nueva resolución autorizando esta vez explícitamente el uso de la fuerza contra Bagdad.

Como vemos, la administración del presidente Bush se ha salido con la suya, ya que la Resolución 1441 permite de hecho, por si sola, una intervención militar. Francia y Rusia han acabado por ceder a la formidable presión norteamericana y han tenido que contentarse con una frase de consolación del párrafo 12 según la cual el Consejo de Seguridad "decide reunirse inmediatamente después de la recepción del informe (de los inspectores) para examinar la situación". Pero esta nueva reunión, puramente formal, no suspende los efectos de la Resolución 1441, ni apaga la luz verde dada a la opción bélica el 8 de noviembre.

De esta manera Naciones Unidas se pliega una vez más a las exigencias de Washington y demuestran que ya poco se puede esperar de ella en materia de imparcialidad del derecho internacional. La ONU se asemeja a un árbitro sometido a la influencia de su miembro más poderoso y exigente. En muchos lugares del planeta la respetabilidad de la ONU está por los suelos y se le acusa de medir los problemas del mundo con un doble rasero según se sea aliado o adversario de los Estados Unidos.

En unas jornadas organizadas la semana pasada en Madrid por el Comité de solidaridad con la causa árabe, y en las que participaban también Sami Naïr y Francisco Fernández Buey, se recordó que contra Irak la administración Bush formula tres grandes acusaciones:
1) no respeta las resoluciones de Naciones Unidas;
2) posee armas de destrucción masiva;
3) constituye una amenaza para sus vecinos. Por consiguiente se votó la Resolución 1441 y se le amenaza con una guerra inminente.

Pero muchos participantes se preguntaron por qué no se hace entonces lo mismo con dos grandes aliados de Washington: Pakistán e Israel, quienes tampoco respetan un número todavía superior de resoluciones de la ONU, poseen armas nucleares, químicas y biológicas de destrucción masiva, y constituyen una amenaza muy real para sus vecinos (indios y palestinos).

Se dijo también algo muy evidente, pero que se pierde de vista en la confusión reinante: no existe ninguna prueba de complicidad entre los autores de los atentados del 11 de septiembre y el régimen iraquí. Ninguna. Ni las autoridades norteamericanas, ni las británicas han podido establecer un nexo entre la red Al-Qaeda y Sadam Husein, ni presentar el próximo ataque contra Irak como parte de la "guerra contra el terrorismo internacional".

Todo confirma que el verdadera objetivo del asalto venidero contra Bagdad es el petróleo. Lo demás son pretextos. Y la ONU lo sabe. Y sabe también que con o sin Resolución 1441 los Estados Unidos hubiesen atacado. La prueba: el 10 de noviembre pasado, dos días después del voto histórico del Consejo de Seguridad, Andrew Card, secretario general de la Casa Blanca, declaraba ante la prensa: "Para actuar contra Irak, los Estados Unidos no necesitan ningún permiso de la ONU."


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