Norberto Bobbio

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Norberto Bobbio (1909 - 2004)


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Norberto Bobbio nació en Turín el 18 de Octubre de 1909 y allí falleció el 9 de enero de 2004. Se graduó en Derecho y en Filosofía. Se desempeño toda su vida como profesor. Es un referente ineludible en lo concerniente a la filosofía política y  a la teoría del Derecho. Es senador vitalicio de Italia desde 1984. En la primera semana de diciembre del 2000, a poco de haberse realizado el Jubileo de los Políticos,  Bobbio cargó contra el Vaticano y acusó a Karol Wojtyla de ser  un "perfecto Papa de la Contrarreforma". Sostuvo asimismo que es “un deber moral” impedir que la coalición de centroderecha de Silvio Berlusconi gane las próximas elecciones.

El filósofo hizo estas consideraciones al defender el laicismo del Estado y criticar la designación de Tomás Moro como patrono de los políticos en el reciente Jubileo. "Al margen de que con esta familiaridad con los santos Juan Pablo II demuestra ser un perfecto Papa de la Contrarreforma -sentenció Bobbio-, el hecho de que haya elegido como santo protector de los parlamentarios a Tomás Moro, decapitado por haber condenado el cisma de Enrique VIII, tiene algo de macabro y burlón."

Tomás Moro, en efecto, según apuntó Bobbio, "fue un mártir de la fe y no se entiende qué clase de modelo puede llegar a ser para los políticos, cuyos compromisos versan sobre otra clase de asuntos. Además, ¿no es pretender demasiado señalar como modelo ideal a un mártir?" Luego atacó a Berlusconi, candidato a jefe de gobierno del Polo de las Libertades, de centroderecha, y sostuvo que "es un deber moral usar todos los medios permitidos por la democracia para impedir que el Polo gane las próximas elecciones".

La obra de Bobbio se caracteriza por la conjunción de dos valores que para él deben ir juntos, la libertad y la justicia. Se puede enmarcar su pensamiento dentro de la corriente denominada liberal-socialista que sostiene que son necesarios derechos sociales fundamentales como educación, trabajo y salud como condición previa para un mejor ejercicio de la libertad.

Podemos decir que hay dos autores muy influyentes en su obra: el pensador austriaco Kelsen, especialmente en el área del Derecho y el autor del “Leviatán” Thomas Hobbes, especialmente en el área de la Teoría Política. Otros intelectuales influyentes en su obra son Benedetto Croce y Max Weber. Es interesante observar que a través del estudio de la obra de Hobbes, Bobbio entró en contacto con el politólogo alemán Carl Schmitt (quien fue cuestionado por su posición cercana al nazismo) con el cual mantuvo una prolongada relación epistolar.

Como intelectual enfatiza constantemente “la certeza de la duda”. Es un hombre abierto al debate de ideas y considera fundamental la lucha por los valores democráticos. La definición de democracia de Bobbio es bastante básica: “un conjunto de reglas (primarias o fundamentales) que establecen quién está autorizado para tomar las decisiones colectivas y bajo qué procedimientos”. Esta concepción no está ligada básicamente a un contenido y esto es lo que por ejemplo critica Alain Touraine, puesto que para el francés si bien las reglas de procedimiento son necesarias e incluso indispensables para la existencia de la democracia, éstas no son más que un medio al servicio de fines, y allí es donde se produce la diferencia entre las democracias reales y el ideal de democracia.

En su libro “El futuro de la democracia” Bobbio observa algunas características negativas de las actuales democracias: subordinación de los individuos a los grupos organizados que luchan por intereses particulares en detrimento de la representación política general;  permanencia del poder invisible que actúa a espaldas y sin el conocimiento de la colectividad (negociaciones secretas); creciente poder de los técnicos y las burocracias e ingobernabilidad derivada de la incapacidad de las autoridades nacionales para procesar el conjunto de demandas sociales (entre otros problemas).

Para el autor el tema de la democracia representativa es fundamental en las sociedades modernas puesto que se hace imposible una democracia sin mediaciones. Bobbio observa que la democracia representativa no se agota en el “estado parlamentario” y cuando se refiere al “proceso de democratización” lo piensa como la difusión de las reglas de representatividad en los espacios de la sociedad civil marcados por la organización jerárquica antes que pensarlo como un paso de la democracia representativa a la democracia directa.

Otro tema sobre el cual reflexiona mucho el autor es el del rol del intelectual y se ocupa de diferenciarlo claramente del hombre de acción. En su obra “Los intelectuales y el Poder” establece una diferencia tajante entre los pensadores de la política y los políticos de profesión. Mientras los primeros se dedican a elaborar ideas, discutir problemas, los segundos se dedican a tomar decisiones. Aquí observamos la clara herencia del pensamiento weberiano en la separación de las esferas del conocimiento y de la acción.

Los primeros pasos de Bobbio en la política fueron en la resistencia antifascista, lo cual según sus propias palabras marcó un antes y un después en su vida. Durante ese período sufrió el encarcelamiento. Sin embargo, hace poco tiempo se abrió una fuerte polémica cuando Norberto Bobbio aceptó debatir con un periodista su rol durante el fascismo. Allí confesó que su posición en el período en que fue perseguido no fue del todo valiente: hasta se conoció una carta que le envió a Mussolini en la cual resalta su “total devoción” por la causa. El autor considera actualmente que fue la experiencia mas humillante que le tocó vivir puesto que era un accionar común de la época el manifestarse adherente a la causa fascista para tratar de salvarse de las persecuciones. 

Pero sin dudas es en la resistencia contra el fascismo donde comienza su carrera política. Primero ligado a la corriente liberal-socialista a fines de los años 30. Luego, durante la Guerra Fría, adscribió al movimiento de la política de la cultura, opuesta a la política ordinaria de los políticos.

Con respecto a la política internacional, Bobbio se dedicó activamente a los estudios sobre el problema de la guerra, los caminos de la paz y el pacifismo como actividad política. Para él es necesario frente a algunas manifestaciones de violencia, responder con violencia, bajo ese criterio se pronuncio en el momento de la ocupación de Kuwait por Irak, hecho que le valió una polémica muy fuerte con muchos de sus discípulos. Para el filósofo cuando existe una violación del derecho internacional por medio de la fuerza se vuelve legítimo el uso de la fuerza. Es necesario según el autor que exista una tercera fuerza neutral a la de los dos actores en pugna para garantizar la paz. Esta idea de un tercero (Estado supranacional, Estado universal) es pertinente también para el autor en las cuestiones referidas a las violaciones a los derechos humanos.

Actualmente Bobbio declara que le interesan cada vez menos los problemas políticos coyunturales y se ocupa cada vez más de problemas mas generales como la vejez, la muerte, etc. Hace pocos años publico su “Autobiografía” con la colaboración del periodista de La Stampa Alberto Papuzzi. En ella, lamentándose de no haber escrito nunca un diario, se ocupa de hacer un repaso de sus vivencias, sus actividades a lo largo del siglo.

Repasa desde su infancia en Turín, a sus primeras actuaciones en política. Recuerda también  sus “batallas políticas” , sus discusiones con los comunistas, a los que, a pesar de no comulgar con su pensamiento, respetaba en el marco de su actitud de libre confrontación de ideas. Pero sin duda lo que mejor recuerda son sus años como profesor, la actividad que mas satisfacciones le dio.

Libros publicados: “Diccionario de Política”, escrito junto a  Nicola Matteucci y Gianfranco Pasquino,  “El futuro de la democracia”, “Autobiografía”, “Ni con Marx ni contra Marx”, “Liberalismo y Democracia”, “Los intelectuales y el poder” “Teoría General del Derecho”, “Thomas Hobbes”, “Derecha e Izquierda” y “De senectute”.

Comunismo y nazismo fueron reaccionarios

Por Luis Ángel Fernández Hermana

Norberto Bobbio (Turín, 1909) es uno de los pensadores y filósofos políticos más importantes de Europa. En 1975 inició en Italia el debate sobre socialismo, democracia, marxismo y comunismo, que ha influido en las nuevas generaciones de todo el continente. En esta entrevista Bobbio se une a la discusión sobre el significado actual del iluminismo y habla también de las tesis sobre la "utopía reaccionaria" del nazismo y el comunismo.

Pregunta. En alguna enciclopedia he leído: Norberto Bobbio, "exponente del pensamiento neoilustrado". Por competencia formalmente reconocida debo darle la palabra en la discusión abierta en La Repubblica por un artículo de Eugenio Scalfari que plantea varias cuestiones, pero sobre todo ésta: Isaiah Berlin tituló su antología de ensayos sobre autores ilustrados Contracorriente, pero hoy qué va más contracorriente, ¿estar con los ilustrados o con sus adversarios?

Respuesta. A juzgar por las filosofías dominantes hoy, y sobre todo por los dos grandes puntos de referencia de los filósofos contemporáneos, que son Nietzsche y Heidegger, debería decir que tiene razón Scalfari, que es la Ilustración la que va a contracorriente.

Empecemos por Berlin: Scalfari sospecha que su corazón está del otro lado. Usted también sospechó en algún momento algo parecido, en un artículo de 1980 para la Rivista Storica Italiana [Revista Histórica Italiana], dedicado a ese mismo libro, que acababa de salir en Inglaterra.

No cabe duda de que leyendo los libros de Berlin, y sobre todo a los autores que cuentan con sus simpatías, podría parecer que está de parte de los filósofos anti-ilustrados, tanto de los pre-ilustrados, como Vico, Herder y un completo reaccionario como Hamann, como de los pos-ilustrados, como Sorel, otro de sus preferidos.

Vico es fundamental en la historia del pensamiento, según Berlin.

Desde luego, es un típico representante de la anti-Ilustración. No es casualidad que Giambattista Vico haya sido un casi descubrimiento de Benedetto Croce, que desarrolló una de sus grandes batallas filosóficas contra la Ilustración considerándola una manifestación de lo que se daba en llamar "racionalismo abstracto", la expresión de una razón que no sabe reconocer la pluralidad de las situaciones históricas. Para él la razón ilustrada era una razón eminentemente antihistórica.

Si tanto Croce como Berlin, ambos liberales, sienten tanta simpatía por Vico y por autores historicistas y antiilustrados, surge la pregunta: ¿hay cuentas pendientes entre liberalismo e Ilustración?

La anti-Ilustración en los escritos de Berlin ha hecho que me plantee la cuestión de si el suyo es realmente un pensamiento liberal. A él, indudablemente, se le considera un gran pensador liberal, pero todos los autores que propone, revaloriza, destaca, pertenecen a la tradición opuesta, excepto uno: John Stuart Mill. Ahora bien, en la tradición liberal, además de Kant, son fundamentales John Locke y Benjamin Constant. La libertad liberal de los modernos es un desligarse, que pretende ser definitivo, de cualquier forma de organicismo. Ahora bien, si se toma esta libertad a lo Constant y se la va a buscar en los autores de Berlin no se encuentra, a pesar de que Berlin sea, como es sabido, el autor de Cuatro ensayos sobre el concepto de libertad y haya ligado su nombre precisamente a la distinción entre "libertad negativa" y "libertad positiva".

La libertad positiva (la libertad "de", la capacidad de ser dueños de sí mismos, de hacer, de eliminar los obstáculos), a la que Berlin prefería la negativa (la libertad "desde"), más genuinamente liberal, mientras que la primera está emparentada con el socialismo y el comunismo, nos lleva aquí a medir las relaciones entre la Ilustración y el marxismo. Para Berlin el marxismo representaba la "exageración" de la parte opuesta al nacionalismo, el comunismo era un exceso de universalismo y de racionalismo, igualmente peligroso.

Pero tampoco en esto me convence Berlin, porque respecto a la libertad de la democracia liberal y burguesa, nazismo y comunismo son hermanos: tienen el mismo enemigo. Me ha gustado mucho el libro que acaba de salir, de Paolo Bellinazzi - L'utopia reazionaria [La utopía reaccionaria], Editorial Name- que analiza los argumentos que nazismo y comunismo proponen como defensa de sus propias tesis y demuestra que el nazismo y el comunismo, contrariamente a la opinión común según la cual son ideologías opuestas tienen matrices comunes: los dos combaten el libre mundo burgués del mercado y de los estados parlamentarios, los dos casan con la Gemeinschaft contra la Gesellschaft, la comunidad arcaica (aquella en la que un individuo es sólo parte de un organismo) contra la sociedad moderna de los individuos singulares (y en cuanto tales, en libre relación entre ellos), los dos se oponen al individualismo y son partidarios del organicismo social.

Usted está diciendo que comunismo y nazismo se presentan como enemigos de la modernidad.

Sí, y Bellinazzi argumenta muy bien esta tesis. Cuando, por ejemplo, indaga en las relaciones entre los dos antagonistas Carl Schmit y György Lukacs, descubre que apoyan más o menos las mismas ideas, porque tienen el mismo enemigo, la burguesía y las filosofías del mercado; los dos se oponen a la misma producción de la riqueza, ambos son reaccionarios.

¿Usted está de acuerdo con las tesis de Bellinazzi?

El libro está muy bien documentado desde el punto de vista histórico y filosófico, y me ha llamado la atención también por cierta correspondencia de ideas. Siempre he mantenido que la historia del siglo XX se caracteriza por tres protagonistas: fascismo, comunismo y democracia (y no sólo por los dos primeros). También he mantenido siempre que la victoria habría correspondido a los dos de los tres que se hubieran aliado. La Segunda Guerra Mundial fue vencida por la alianza entre democracia y comunismo, que fue fatal para el nazismo. Esto es indudable, pero también es verdad que esta alianza era una alianza de guerra, que se realizó en el momento en que estaba estallando la guerra mundial. Y en efecto, en cuanto se derrotó al nazismo, comenzó la guerra fría entre los dos vencedores, durante cincuenta años, una guerra que acabó sin necesidad de disparar, porque con Gorbachov los comunistas tiraron la toalla.

¿Por lo tanto, esa alianza no tenía raíces en una mayor afinidad o en una menor distancia entre comunismo y democracia? Porque, verá usted, estamos, en cierto sentido, acostumbrados a pensar en el marxismo como una "exageración", pero de la parte opuesta a la del nazismo, como un exceso del "racionalismo abstracto" más que como un exceso del "irracionalismo concreto". En resumidas cuentas, error sí, pero por parte de los ilustrados y más allá de ellos.

Ésta es una de las ideas que los comunistas han cultivado para justificarse a sí mismos, ha sido un intento de autolegitimación.

Sin embargo, el nazismo se declaraba enemigo de las Luces, mientras que el comunismo se quiso continuador y "superador".

Esta valoración está destinada a cambiar. Nosotros, que hemos combatido el nazismo como aliados de los comunistas (y afortunadamente ha existido esta alianza, que ha determinado la victoria de la democracia), siempre hemos intentado legitimar y justificar en cierto modo a los comunistas. Era comprensible que intentáramos representarlo como un fenómeno progresivo y no regresivo. Éramos aliados en una guerra mortal, ¿entiende? Nos esforzábamos por ver los aspectos positivos, que después de la caída del comunismo ya no vemos. Después de su derrota definitiva nos hemos visto obligados a revisar la idea que nos habíamos hecho del comunismo.

En 1989 usted hablaba de un célebre artículo aparecido en Stampa, de "utopía invertida"; ahora ésta se ha convertido en una "utopía retrógrada".

Acepto la expresión del título del libro de Bellinazzi, utopía reaccionaria. En este diseño utópico de transformación radical de la sociedad está implícita una idea antiliberal, porque el liberalismo cree que la historia de la libertad es una historia de continuos pasos del bien al mal, de intentos logrados y fallidos. No hay un fin obligado en la sociedad perfecta. Liberalismo es igual a antiperfeccionismo, mientras que tanto el marxismo como el nazismo eran utopías perfeccionistas.




 

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