Victoria Camps

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Victoria Camps (1941)


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Victoria Camps Cervera nació en Barcelona en 1941.Se recibió de Doctora en Filosofía en la Universidad de Barcelona en 1975. Es Profesora de Filosofía en la Universidad Autónoma de Barcelona, desde 1972. Fue Catedrática de ética en la Universidad Autónoma de Barcelona desde 1986. Fue Vicerrectora de la Universidad Autónoma de Barcelona desde 1990 hasta 1993.

Además de su vida académica, ha desempeñado el cargo de Senadora socialista por Barcelona en 1993, aunque lo abandonó en 1996. En su actividad parlamentaria se desempeñó como  Presidenta de la "Comisión de estudio de contenidos televisivos" del Senado (1993-1995). Miembro de la Comisión Trilateral desde 1994.

Fue miembro del Comité ético del Hospital del Mar (Barcelona, de 1993 a 1996) y de los comités éticos del Hospital Vall d Hebron (Barcelona) y de la Fundación Esteve (Barcelona).

Victoria Camps es la Presidenta de la Fundación Alternativas y de la Fundación Víctor Grifols i Lucas (Barcelona). Desde sus ámbitos de desempeño ha denunciado siempre la exclusión de la mujer de la vida política. Frente a la concepción liberal del Estado mínimo, reducido a funciones policiales, plantea la necesidad de un Estado del Bienestar que lleve a cabo políticas concretas de justicia distributiva, en particular hacia colectivos de menor poder, como el de las mujeres.

También se ha ocupado de la educación como problemática del presente. Clausuró las jornadas pedagógicas que se han desarrollado en el teatro Calderón de Motril, organizadas por el grupo de profesores de la Costa. Camps subrayó los aspectos esenciales de la educación en un estado democrático y reflexionó sobre los temas educativos relacionados con la escuela y la sociedad.

Desde la Fundación Alternativas ha presentado un proyecto educativo que propone revisar la financiación pública de la enseñanza, reconducir el debate sobre Humanidades, la pertinencia del funcionario docente, la formación continua y la creación de un Consejo de medios audiovisuales, entre otras iniciativas se incluyen en el documento "Educación a debate".

Victoria Camps representa en España el equilibrio de lo que podría ser el papel de una mujer hoy. Comprometida con la sociedad y con la responsabilidad de pertenecer a una democracia participativa. Preocupada por la bioética trabajó también en una comisión sobre los contenidos televisivos. Otro de sus temas de interés ha sido el rol de la información en la sociedad moderna. En una entrevista que cedió a Revista Latina de Comunicación Social, Victoria Camps dejó sentados claramente sus conceptos sobre el rol de los medios de comunicación en la manipulación de la información, el rol de las mujeres en los medios  y sus dudas con respecto a  que los medios estimulen la participación democrática.

Expresó que "Los ciudadanos deberían de comprometerse y participar más con aquello que leen y que ven”. Con respecto a  la participación femenina en los medios: “Esas periodistas a las que se lee más hoy lo están consiguiendo porque hablan directamente de las cosas que interesan a la gente y lo saben hacer desde un estilo que es muy propio y que al varón no se le ocurre porque está en otra órbita distinta”

Camps se refiere a los medios en el contexto de la interacción entre las esferas de lo público y lo privado. "Creo que por lo público hay que entender lo político, básicamente. Lo que pasa es que a veces se habla de la vida pública en un sentido incluso más amplio, como algo contrapuesto a la vida privada. Pero creo que si hablamos de transparencia y hablamos de los medios de comunicación como un cauce de expresión de la vida pública, la vida pública es la política. Y la política es lo que hacen los políticos, básicamente."

"Primero hay que distinguir entre medios públicos y medios privados. Los primeros deben hablar desde un escenario de imparcialidad, sin ser los portavoces del gobierno de turno, que es lo que en la realidad tienden a ser. Creo que deberían ser lo más imparciales y neutros posibles. En cambio, un medio privado entiendo que pueda tener intereses propios de carácter incluso económicos y políticos. Esto a mí no me parece mal. Lo que sí me parece mal es que eso se dé a conocer de una forma opaca. Los periódicos deberían tener como obligación la transparencia en cuanto a quién los está financiando, quiénes son los poderes económicos que están detrás de cada medio. Si eso se supiera, es más fácil darse cuenta del por qué se está tratando una información de una manera o de otra."

Con respecto a  la participación democrática generada por los medios, dice: "Sobre esto tengo mis dudas. Se podría contribuir a ello, porque parece que si hay más medios de comunicación debería ser más fácil la participación democrática, pero no parece que esté ocurriendo. Giovanni Sartori critica mucho la capacidad y la posibilidad de los medios, sobre todo de la televisión, a la hora de facilitar la democratización y la participación democrática. Y en general se coincide en señalar a la televisión porque es un medio en el que hay muy poca comunicación, es muy unilateral; ofrece mucho pero no recibe nada desde fuera, convirtiendo al telespectador en un objeto muy pasivo. Mientras esto sea así y no haya más interactividad es difícil que fomente la participación democrática. Ocurre que la información que recibimos a través de las televisiones y las radios es muy superficial, y resulta dudoso que faciliten una participación auténtica. Supongamos que se utilizaran más los medios para hacer referéndum, que por ejemplo se ofrecieran sus espacios para conocer qué opina la gente sobre la eutanasia. La mayoría de la gente no tiene opinión sobre este tema, y para que llegue a formársela lo que hace falta es que la gente tenga más conocimiento, profundice en ese conocimiento, entre en un debate más profundo... En fin, todo eso los mismos medios no lo facilitan. Lo facilita quizá la prensa, un poco la radio y muchísimo menos la televisión. Entonces hay que acudir a otras fuentes para lograr que esa información se traduzca en formación y creación de opinión, porque los medios no son suficientes." 

Victoria Camps considera que la justicia social ha de apoyarse en virtudes tales como la solidaridad, la responsabilidad, la tolerancia, la profesionalidad y la buena educación. Aunque no ha dedicado su producción filosófica al feminismo, el capítulo titulado "El genio de las mujeres" es concebido por su autora como una alternativa a los planteamientos del feminismo de la igualdad de Celia Amorós y Amelia Valcárcel.

Camps enfatiza el carácter positivo de las virtudes femeninas generadas por los siglos de exclusión y cree en la particular capacidad de las mujeres para transformar la práctica política y las concepciones del trabajo y del ocio en el camino hacia una sociedad más solidaria y menos alienada.

Entre sus obras se destaca La imaginación ética (1983), en la que asume el carácter provisional y precario de las afirmaciones de la Ética y, por lo tanto, su obligación de ser imaginativa, y  Virtudes públicas (premio Espasa Mañana de Ensayo, 1990) en el que intenta responder al vacío de la sociedad individualista y consumista actual. En 1985 escribió un ensayo sobre ética llamada Ética de la esperanza. También destacan "Los teólogos de la muerte de Dios", "Pragmática del lenguaje y filosofía analítica", "Ética, retórica y política","La mujer en el año 2000", "Por una política feminista", "Virtudes públicas" y "Una vida de calidad".

Los ciudadanos deberían de comprometerse y participar más con aquello que leen y que ven

Por Teresa Sandoval

A menudo echamos en falta informaciones socializadoramente "interesantes" en los medios, porque estos atienden a intereses económicos y políticos de los que con frecuencia emanan noticias que están muy lejos de satisfacer el llamado "interés común". No es de extrañar, por tanto, que aunque la sociedad sea cada vez más mediática, la superficialidad con la que se tratan numerosas informaciones no esté contribuyendo a que se produzca una mayor participación ciudadana.

Los medios tratan de ganarse una buena imagen creando sistemas de autocontrol, pero, además, los propios periodistas son los que deben ponerse límites.

Victoria Camps analiza y reflexiona en la siguiente entrevista sobre estos y otros asuntos de la profesión periodística y la relación que mantienen los medios de masas con la sociedad y viceversa.

Victoria Camps

Catedrática de filosofía moral de la Universidad Autónoma de Barcelona, ex senadora socialista y presidenta de la Comisión Audiovisual de Senado, presidenta de la Fundación Alternativas, ha escrito numerosos libros, como Virtudes públicas, con el que obtuvo el Premio Espasa de Ensayo, o El malestar de la vida pública. Ha coordinado la Historia de la ética. Su último libro es El siglo de las mujeres

- Usted defiende la democracia como la transparencia de lo público y donde los medios de comunicación son el cauce para ello. Pero, ¿qué se entiende por público?

"Creo que por lo público hay que entender lo político, básicamente. Lo que pasa es que a veces se habla de la vida pública en un sentido incluso más amplio, como algo contrapuesto a la vida privada. Pero creo que si hablamos de transparencia y hablamos de los medios de comunicación como un cauce de expresión de la vida pública, la vida pública es la política. Y la política es lo que hacen los políticos, básicamente."

- En sus trabajos escritos y en conferencias usted también ha hecho referencia al concepto "interés común". ¿Qué hay de público en el interés común?

"Junto con el sociólogo Salvador Giner he escrito un texto sobre el interés común porque nos pareció que este concepto, que ya tiene antecedentes en filosofía -por ejemplo, en la voluntad general de Rosseau-, lo entendemos como aquel objetivo que debería tener la democracia. La democracia es reglas de juego, es un procedimiento a base de un sistema electoral, un sistema de partidos, etcétera. Pero, claro, de ahí puede salir cualquier cosa. No olvidemos que Hitler salió elegido en unas votaciones democráticas. Entonces, para evitar que salga cualquier cosa, habría que ir definiendo cuál es el interés básico de la sociedad, cuál es su interés común. Otro nombre para este concepto podría ser la justicia. O sea, la democracia no sólo es un procedimiento sino que debe tener un objetivo, y esos fines es lo que consideramos el interés común de la sociedad."

Azuzar el morbo del público

- ¿Qué es lo que los medios de comunicación deberían esforzarse en dar a conocer?

- Claro. Y de eso es lo que debería hablar y tratar la política. Pero a veces la política se desvía y habla de otras cosas, como por ejemplo cuando se están dirimiendo asuntos internos de un partido político o se producen luchas entre unos políticos y otros realizándose declaraciones bastantes absurdas que dan lugar a su vez a contra-declaraciones. Todo eso se aparta mucho del interés común. Ahí tenemos el caso de Mónica Lewinsky, que creo que no tiene nada que ver con el interés común. La política usa muchas veces artilugios para descalificar al adversario, para acabar con un jefe de gobierno, sin que el fin de la estrategia tenga nada que ver con el interés común, sino que son cosas que llaman la atención morbosa de la gente. Lo que ocurre con los medios de comunicación en estos casos es que, a veces, lo fomentan, en lugar de frenarlo o en lugar de desinteresarse, azuzando el debate sobre algo que no es interesante. Y lo que pasa es que contra eso siempre hay un argumento que esgrimen los medios, cuando dicen que "eso es lo que vende periódicos", que "eso es lo que hace que el público se interese por nuestras informaciones"; por lo tanto, si no es un asunto de ‘interés común’ sí parece serlo ‘de interés para el público’. Es decir, lo que es el interés común muchas veces no coincide con lo que parece que es el interés real. El interés común es lo que debería interesar a la gente, no lo que le interesa de verdad, de la misma forma que el buen libro no es el que se vende más o el buen programa de televisión no es el que tiene más audiencia. A veces coinciden las dos cosas, pero no siempre es así. Pero, insisto: definir ‘lo bueno’ no se puede hacer sólo diciendo que esto es lo mejor porque se vende más."

Medios privados y medios públicos

- ¿Qué cree que deberían hacer los medios para dar prioridad al interés común y no al interés de unos sectores privados y/o políticos?

"Creo que primero hay que distinguir entre medios públicos y medios privados. Los primeros deben hablar desde un escenario de imparcialidad, sin ser los portavoces del gobierno de turno, que es lo que en la realidad tienden a ser. Creo que deberían ser lo más imparciales y neutros posibles. En cambio, un medio privado entiendo que pueda tener intereses propios de carácter incluso económicos y políticos. Esto a mí no me parece mal. Lo que sí me parece mal es que eso se dé a conocer de una forma opaca. Los periódicos deberían tener como obligación la transparencia en cuanto a quién los está financiando, quiénes son los poderes económicos que están detrás de cada medio. Si eso se supiera, es más fácil darse cuenta del por qué se está tratando una información de una manera o de otra."

- Así se garantizaría mejor el derecho a la elección del público, ¿no es así?

"Claro, porque puede elegir y como mínimo puede saber. Muchas veces hemos visto cómo la misma información es tratada de forma distinta por distintos periódicos. Si conociéramos transparentemente qué grupos de poderes están detrás de cada cabecera sería más fácil interpretar la información."

Sociedad mediática y participación democrática

- ¿Cree usted que la sociedad mediática en la que estamos envueltos contribuye a que se produzca una mayor participación democrática?

"Sobre esto tengo mis dudas. Se podría contribuir a ello, porque parece que si hay más medios de comunicación debería ser más fácil la participación democrática, pero no parece que esté ocurriendo. Giovanni Sartori critica mucho la capacidad y la posibilidad de los medios, sobre todo de la televisión, a la hora de facilitar la democratización y la participación democrática. Y en general se coincide en señalar a la televisión porque es un medio en el que hay muy poca comunicación, es muy unilateral; ofrece mucho pero no recibe nada desde fuera, convirtiendo al telespectador en un objeto muy pasivo. Mientras esto sea así y no haya más interactividad es difícil que fomente la participación democrática. Ocurre que la información que recibimos a través de las televisiones y las radios es muy superficial, y resulta dudoso que faciliten una participación auténtica. Supongamos que se utilizaran más los medios para hacer referéndum, que por ejemplo se ofrecieran sus espacios para conocer qué opina la gente sobre la eutanasia. La mayoría de la gente no tiene opinión sobre este tema, y para que llegue a formársela lo que hace falta es que la gente tenga más conocimiento, profundice en ese conocimiento, entre en un debate más profundo... En fin, todo eso los mismos medios no lo facilitan. Lo facilita quizá la prensa, un poco la radio y muchísimo menos la televisión. Entonces hay que acudir a otras fuentes para lograr que esa información se traduzca en formación y creación de opinión, porque los medios no son suficientes." 

Creadores de opinión... superficial

- Usted cree, entonces, que no son verdaderos vehículos para la creación de opinión.

"Son creadores de opinión, qué duda cabe, pero de una opinión muy superficial desde la que no es posible profundizar, porque, además, la noticia, por definición, se acaba pronto. Un tema de debate no puede durar más de una semana en un medio, y una semana ya es mucho, enseguida languidece, parece que pierde interés y hay que empezar con otra cosa. Y hay temas que son complicados. Pensar que los medios, simplemente por la facilidad de acceder a ellos, pueden facilitar una participación general es bastante ingenuo."

Mujer y periodismo

- Cada día contamos con más mujeres que se dedican a la política y al periodismo, profesiones íntimamente ligadas a la democracia. ¿Es esto un reflejo de que la mujer española es cada vez más partícipe de la democracia?

"Creo que sí, que la mujer es más partícipe de todo. La prueba de ello es que en la Universidad ya hay más mujeres estudiantes que varones. Lo que ocurre es que la mujer tiene más vocación o más objetivos profesionales hoy que antes. En mi generación, la mujer estudiaba casi por afición. Era tan poco corriente que resultaba un entretenimiento más, pero con poca idea de que aquello debía servir para ejercer una profesión. Hoy me parece que hay pocas mujeres que no tengan claro que estudian para dedicarse a algo. O sea, existe una clara vocación profesional, y existe porque hay una formación previa. Hoy, la mujer ha accedido al conocimiento en igualdad de oportunidades. Lo que no ocurre todavía es que la mujer llegue a los órganos más altos; hay muchas mujeres periodistas pero pocas directoras de periódico. Hay bastantes mujeres políticas pero no hay una presidenta del gobierno, y en España es difícil que la haya todavía. Miramos a nuestro alrededor y nos damos cuenta que a la sociedad le cuesta creer o pensar que haya una mujer candidata a la presidencia del gobierno. En cambio, sí que se empieza a pensar en ellas para presidir comunidades autónomas, o como alcaldesas. Pero cuesta dar ese paso último a los lugares de toma de decisión más importantes." 

- ¿Pero le cuesta a la mujer o le cuesta a la sociedad?

"Creo que les cuesta a todos. Este es un tema que yo he tratado en un libro que va a salir muy pronto, se titulará El siglo de las mujeres. A la mujer le cuesta sacrificar determinadas cosas que considera que son valores. Por ejemplo, la vida familiar o el cuidado de los hijos. Yo, que he estado en la vida política durante un tiempo, reconozco que esa actividad obliga a renunciar a la vida familiar, y a una mujer le cuesta aceptar esa renuncia. Es una cuestión de tradición en donde la mujer ve unos valores que el varón tiene problemas para entender que lo son. De manera que las mujeres están menos disponibles, de entrada. Por otra parte, la sociedad, en la que básicamente son los varones los que toman decisiones, no suele pensar en mujeres. Por eso hay que poner en práctica esa estrategia de las cuotas de participación de las mujeres en la vida política, porque si no, a los varones no se les ocurre que las mujeres pueden también estar en los mismos sitios. Esa es una costumbre que cuesta ir rectificando. En órganos bastante anticuados, como puede ser por ejemplo la Academia Española de la Lengua, sólo hay una mujer en estos momentos, pero eso no quiere decir que no haya mujeres que tengan la misma calidad que todos los académicos que están allí." 

- ¿Cuáles son, a su juicio, los mayores logros de la mujer en el ámbito de la comunicación? 

"La mujer tiene cosas distintas que aportar a cualquier profesión. Ocurre en la comunicación y ocurre en la medicina, por ejemplo, que cada vez es más femenina. Yo creo que la mujer puede ejercer la medicina de otra forma, porque tiene una cultura distinta, es más pragmática, ha vivido siempre más cercana a las personas, tiene toda una serie de valores muy propios que las feministas definen como los ‘valores del cuidado’. Yo lo que digo es que sería una lástima que eso lo perdiera la mujer. Su aportación a la vida profesional debería ser el ir a la vida profesional no para imitar sólo lo masculino sino lo que valga, y aportar también lo propio para que el otro lo copie, no para que ella siga ocupándose y haciendo una serie de funciones que siempre ha hecho, sino para intentar que aquello se reconozca como un valor social, que obviamente lo es. En periodismo todo esto también puede ocurrir, y a lo mejor esas periodistas a las que se lee más hoy lo están consiguiendo porque hablan directamente de las cosas que interesan a la gente y lo saben hacer desde un estilo que es muy propio y que al varón no se le ocurre porque está en otra órbita distinta.

El autocontrol de los medios

- En los últimos años hemos asistido al establecimiento de procesos por medio de los cuales los medios tienden a proveerse de sistemas de autocontrol. ¿A qué cree que es debido?

"La sociedad y los clientes de los medios se lo están exigiendo, y los propios medios de comunicación se dan cuenta de que necesitan elaborar criterios de autocontrol. La tecnología permite alcanzar muchos sitios donde hace muy poco era muy difícil llegar: se pueden tomar fotos de cualquier persona en cualquier momento y en cualquier lugar; se ha empezado a mercantilizar con la intimidad de las personas, sobre todo de los personajes públicos; los niños son unos adictos a los medios, sobre todo a la televisión, y ese es un público muy débil y muy vulnerable... Qué duda cabe que todo eso está en las leyes, en las que se habla muy claramente de protección de la infancia y de la intimidad de las personas. Pero como la sociedad cambia mucho y lo que es intimidad, lo que es privacidad o lo que es proteger a la infancia no está bien definido ni lo puede estar nunca, es necesario ir concretando entre todos. Es evidente que una responsabilidad del profesional es tomarse también esa molestia, ese autocontrol. Por ejemplo, cuando el fotógrafo que obtuvo las imágenes de la princesa Diana de Gales agonizando vio qué tipo de material había obtenido, pensó que aquello no lo podía vender. Ése es el objetivo que tiene la autorregulación; es decir, no hace falta que todo esté regulado desde fuera, porque tampoco se puede, pero eso no quiere decir que la gente no tenga que ponerse límites ella misma. Al fin y al cabo es la única manera de defender la autonomía de la persona, y al mismo tiempo poner límites a esa libertad cuando uno se da cuenta que determinadas cosas no se deben hacer aunque no estén prohibidas por nadie."

- Es decir, que en su opinión la mejor fórmula es establecer un sistema en el que convivan el ordenamiento legal establecido y el autocontrol profesional.

"Sí. Creo que esa línea se está introduciendo a través, por ejemplo, de los códigos éticos que ya tienen muchas profesiones y también mediante las comisiones que vigilan sus cumplimientos. Por ejemplo, en Cataluña se ha creado un Consejo de la Información que vigila el cumplimiento del código ético de los periodistas. Con respecto a las televisiones, aunque en España todavía no existen, otros países de nuestro entorno se han dotado de un Consejo de lo Audiovisual que vigila si los contenidos se pasan excesivamente en el tratamiento de la información, sobre todo en dos campos: la protección de la infancia y la falta de respeto a la intimidad de las personas."

- De alguna manera, la falta de credibilidad del medio incide negativamente en los logros de audiencia, ¿no es cierto? 

"Indudablemente. Poner esas medidas e intentar autorregularse, a la larga, resulta eficaz y da buena imagen al medio. Eso lo han empezado a entender no sólo los medios de comunicación sino incluso las empresas y a veces de una forma muy mercantil. Pongamos como ejemplo esas marcas que impulsan su producto con una publicidad a favor de los niños de África que necesitan juguetes en un momento determinado. En la misma línea, los medios se dotan de un código ético para obtener una mejor imagen pública. Claro que ése es un paso, pero no es el único. Si sólo se trata de un lavado de imagen, la situación no variaría. Pero sí que se han dado cuenta los medios de que si se portan bien, a la larga es eficaz."

- Usted fue miembro de la Comisión Audiovisual del Senado. Desde su experiencia, ¿resultan efectivos órganos de ese tipo?

"Realmente, la comisión de la que yo formé parte era un grupo de estudio al que se le encargó un informe sobre los contenidos televisivos. Creo que es bueno crear figuras de reflexión como aquella de vez en cuando. Pensemos que en España no se había hecho ningún estudio similar hasta aquella comisión. Nunca se había estudiado o valorado cuáles son los peligros de vulneración de derechos y los peligros por competencia entre unas cadenas -públicas y privadas- que se desenvuelven en un escenario donde se compite mucho por la publicidad y ello puede dar lugar a desviaciones de sus objetivos fundamentales. En Europa hay televisiones como la BBC que están haciendo estudios constantemente y creo que es bueno hacerlo. O sea, que, más que eficaz, diría que estas comisiones de reflexión son buenas porque ayudan a dar sentido a los medios. En el caso de aquélla comisión del Senado, no hay que olvidar que la recomendación de que los medios se autorregulasen y que debían de encontrar la forma de hacerlo partió de allí. De alguna manera, si todo esto nadie lo dice, no se piensa." 

- ¿No es demasiado alto el grado de fracaso que suelen tener esos medios de autocontrol?

"Fracasan bastante porque el autocontrol, al contrario que la ley, no incluye siempre sanciones, de manera que tiende más al fracaso. Pero es que esto es inevitable. Por eso debería haber algún consejo o algún tipo de comisión que vele por el cumplimiento de las normas de autocontrol y sirva para recoger las quejas que se formulen, dictaminando luego, desde su autoridad ética, si tal periodista o tal medio se equivocó o no en el tratamiento de una información. Ese es un tipo de sanción que no implica ninguna multa ni ningún castigo explícito, pero que contribuye para que el autocontrol sea más eficaz." 

El honor, la intimidad, la propia imagen

- ¿Es necesario ampliar los preceptos legales en torno a la protección del honor, la intimidad y la imagen?

"Creo que están muy bien perfilados. Me he leído muchas veces la ley de protección del honor y de la intimidad de las personas y dice clarísimamente que nadie tiene derecho a difundir la intimidad de una persona sin su permiso. Si se cumpliera tal cual la ley, nadie podría publicar una foto de una persona sin el permiso expreso de esa persona, salvo cuando ese personaje es público y lo que haga ese personaje es de interés general. Claro, decidir qué es y qué no es de interés general también es una cuestión que alguien debe decidir. Pero creo que la ley no puede ser tan meticulosa como para especificar qué es de interés general y qué no. Es decir, una ley no puede decir si las relaciones sexuales de un presidente son de interés general o no, porque eso depende de cada momento. Ahí es donde debe funcionar el criterio de las personas y por eso hace falta que ese criterio se vaya formando y se haga explícito y los profesionales lo delimiten entre ellos. Para eso están los consejos de los periódicos que discuten o deberían de discutir sobre estas cosas, y en el caso de equivocarse pues reconocer que se equivocan: Todo eso va ayudando a crear unos criterios y a no tener que contar con leyes para todo."

Ética y medios

- ¿Qué podemos hacer los ciudadanos para aumentar los aspectos éticos en los medios de comunicación?

"Los ciudadanos deberían de exigir más. Los ciudadanos deberían comprometerse y participar más con aquello que leen y que ven. ¿Que cuáles son las vías? Hay medios de comunicación que ya las tienen: la prensa tiene secciones de cartas al director, algunos periódicos tienen defensor del lector; la radio es un medio muy interactivo al que la gente puede acudir directamente para decir cosas. Pero respecto a la televisión tengo que insistir en que es el medio que menos admite esas posibilidades. Luego hay otra vía que aquí, en España, está muy poco promovida: la vía asociativa. Si hubiera más asociaciones de telespectadores o de usuarios de la comunicación que presionaran como lo hacen las organizaciones de consumidores, que muchas veces consiguen materializar los objetivos que se marcan mediante campañas de denuncias, los ciudadanos contribuirían y mucho a mejorar los medios de comunicación. Pero es cierto que en la comunicación estas prácticas se dan poco y deberían de darse más, porque es una forma muy efectiva de presión, sobre todo si la asociación no es muy conservadora ni se circunscribe a temas fijos o únicos. Por lo que conocemos, esas presiones funcionan sobre todo en el mundo anglosajón, que tiene una tradición asociativa muy fuerte.


Entrevista publicada en Revista Latina de Comunicación Social número 6, de junio de 1998; La Laguna (Tenerife). Enlace


 

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