Sergio Ciancaglini

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Llega de Argentina con ansias de dar respuestas a lo que la gente no acaba de explicarse. Sergio Ciancaglini ha escrito La revolución del sentido común (Editorial Sudamericana) como un libro de autoayuda en el que trata de descubrir problemas esenciales de hoy. Lo presentó ayer en Madrid, de la mano de la periodista y escritora Maruja Torres, que también ha escrito el prólogo. 'Sergio analiza la envidia, la avaricia, la codicia, los problemas de la mujer, el feminismo, la ética. Dice de esta última que no podemos dejarla en manos de los demás', aseguró Torres.

Ciancaglini, que ha sido testigo directo como periodista de las crisis que han asolado Argentina en los últimos 30 años, está especialmente afectado por ésta. 'Argentina vive una situación de violencia, de humillación constante, que es muy dura. Y se hace especialmente difícil mi trabajo de analizar, escribir, porque es complicado distanciarse'. El escritor no quita culpas, otorga disculpas. 'La actual situación se debe a los argentinos, nunca lo negaré, pero sobre todo a quienes en la época de las dictaduras y luego en una democracia que nació ya débil se aprovecharon y se corrompieron a expensas de la gente normal, que cumple con su trabajo y con su deber de manera honrada', afirmó.

Con sentido común se vence a los poderes crueles y corruptos

Por Belen Sánchez

Pregunta.- Qué es el sentido común?
S. CIANCAGLINI.- Sentido común representa para mí una gran posibilidad para determinadas sociedades, es como un talón de Aquiles para determinadas formas de poder muy crueles y muy corruptas. María Moliner recoge en su diccionario que sentido común es "la capacidad de juzgar y actuar acertadamente". En eso consiste nuestra vida, en pensar y actuar. A partir de ahí, me di cuenta de que en el sentido común había una cantera muy grande de posibilidades tanto para lo personal como para lo político, lo económico y lo científico. Esa idea de sentido común me parece mucho más apta para solucionar muchos problemas actuales que los dogmas o las ideologías que se han vuelto muchas veces pesados o mentirosos.

Pregunta.- ¿Sentido común es entonces lo mismo que equilibrio?
S.C.-
La búsqueda de equilibrio es la que, en un mundo tan incierto, nos permite empezar a encontrar variantes. El mundo actual tiende a desequilibrarnos con injusticias, crueldades, saturación... recuperar el equilibrio es una base para poder pensar y actuar en sociedad.

Pregunta.- ¿Y por qué no sirven los libros de autoayuda?
S.C.-
Los libros de autoayuda no sirven porque siempre hay que buscar otros libros de autoayuda nuevos, así que en algún momento fallan. Los lectores de autoayuda encuentran un bálsamo momentáneo, pero después esto deja de funcionar. Para mí la música de Mozart es autoayuda, una buena novela es autoayuda, porque te ayudan a estar bien. La gente que busca la solución en un libro se equivoca, la solución la va a encontrar en su vida, aunque el libro le de algunas orientaciones. Alguna gente considera mi libro como un libro de autoayuda, y no lo es. Sin embargo, funciona así para la persona que lo está leyendo. Y el lector es el dueño del libro, así que puede pensar lo que quiera.

Pregunta.- ¿Puede nombrarme alguna filosofía, religión, ideología que a lo largo de la Historia haya demostrado tener más sentido común que las otras?
S.C.-
Cada momento histórico tiene particularidades, tratar de entender algo que pasó hace muchos años, desde hoy, es muy fácil. Pero aquellas sociedades que fueron más felices, pudieron trabajar de mejor modo, son a las que se les puede adjudicar sentido común. Aquellas políticas o movimientos que lograron una sociedad digna, es decir, aquella en la que la gente puede hacer su vida, trabajar y morir tranquilamente. Esto, que parece tan elemental, es complejísimo, la historia lo ha logrado muy pocas veces. En cada país y en cada situación es distinto el análisis que uno pueda hacer, pero evidentemente ha habido sociedades que han funcionado razonablemente bien y otras que no. Mi país, Argentina, en este momento carece de sentido común, carece de sentido común la situación y la dirigencia política que está colaborando en llevar al país a la catástrofe.

Pregunta.- Este libro se publicó en Argentina antes de que empezara la crisis de verdad, pero en él se habla de muchos de los problemas que se están produciendo ahora. ¿A qué grupo de argentinos pertenece, a los que se dieron cuenta antes de lo que iba a ocurrir o a los que se enteraron cuando ya tenían la situación encima?
S.C.-
Veía venir que había un problema muy grave, pero no veía venir esta situación en particular. Veía caos y una situación de violencia provocada por la injusticia contra la gente, contra el pobre y a la vez contra gente de buen poder económico que yo veo que sufre, que siente angustia, que enferma, que tiene que tomar tranquilizantes o píldoras hasta para llevar una vida sexual normal. Todo eso demuestra que hay algo que está fallando. En el caso de Argentina ya veía está situación, pero no imaginé que iba a ocurrir el disparate que está ocurriendo. Nunca me imaginé que el capitalismo argentino iba a atentar contra los ahorros de las personas, nunca pude pensar que los bancos incautaran el dinero de la gente. Argentina nos da muchas novedades sobre lo que puede pasar cuando no hay regulaciones en la vida social.

Pregunta.- ¿Y según lo que explica en su libro, qué se debería hacer en Argentina para que se solucionara la situación?
S.C.-
Yo defiendo los límites, y sé que con esto resulto un tipo antipático, porque estamos en la época en que todo es relativo. En Argentina faltan límites vitales -no límites represivos o de censura- que permitirían que existiese un mercado y una economía libre y no esta situación monopólica donde tres o cuatro señores pueden decidir lo que quieran sobre la economía y la sociedad está impotente frente a esto y golpea las cacerolas. Las cacerolas ya ponen un límite digno de ser atendido, derrocaron a dos presidentes, pero un país no se hace golpeando cacerolas. La política debe reconstruir su capacidad de crear las reglas de juego, para que la vida pueda funcionar en lo económico, en lo social y en lo político.

Pregunta.- Ha publicado libros relacionados con la vida política de su país, pero en este libro no se habla sólo del sentido común en política y economía, también en la vida privada. ¿Qué le ha llevado a esta reflexión?
S.C.-
La política, derechos humanos, democracia, golpes de Estado, violencia, son temas con los que siempre tuve que trabajar, pero encontré que me estaba faltando otra parte de la vida que funciona además de todo esto. Pensar en los temas del libro funcionaba para mí como un complemento de todas aquellas cosas que conocía, para empezar a entender que entre lo político y lo privado hay mucha relación. El Estado, la economía, los movimientos sociales, no me alcanzan como elementos para explicar toda una gran parte de la vida que está formada por los afectos, las relaciones personales, los proyectos... y que creo que también tienen incidencia en lo político. En mi familia puede haber un modelo de democracia, en mi relación con mi socio puede haber un modelo económico.

Pregunta.- Ya, ¿pero de qué sirve tener sentido común si uno vive en una sociedad que no la tiene?
S.C.-
Bueno, en el caso de Argentina se rompieron todos los parámetros, a millones de personas le paralizaron su capacidad de actuar. Voltaire dice que el gran enemigo del sentido común es el miedo, porque paraliza a la persona. ¿De qué le sirve a alguien tener sentido común en su vida? Si alguien es víctima de una injusticia yo aspiro a que esta persona recupere el equilibrio, que no le venza el desánimo, que logre nuevas formas de encarar la situación. A la gente mayor le cuesta mucho volver a empezar y los jóvenes se quieren ir porque en Argentina no tienen futuro. Si una persona es atacada por un sistema, aspiro a que esa persona, al conversar conmigo, con otras personas, logre vencer.


Entrevista publicada en Terra, 04  de marzo de 2002. 


 

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