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Míkel Segovia

¿En qué consiste su trabajo?

Están repartidos por todos los rincones del planeta. Resumen su trabajo en una escueta frase: representar a España en el exterior. Sin embargo, la opinión pública les conoce más por el papel fundamental que asumen en la resolución de todo tipo de conflictos. En sus manos puede estar la solución del secuestro de un religioso, una cooperante o un periodista.

Ante las verjas de sus embajadas deben soportar las iras de cientos de manifestantes en desacuerdo con una decisión judicial o la invasión de su residencia oficial por decenas de ciudadanos en busca de asilo político.

Son los diplomáticos: hombres y mujeres dispuestos a acudir allá donde algún español les requiera. Siempre les acompaña una imagen de lujo, prestigio y discreción, "algo propio del trabajo», según ellos. Para llegar hasta donde están, los embajadores y cónsules han tenido que sufrir una vida dura, repleta de tensiones, preocupaciones y toma de decisiones. La primera de ellas fue prepararse para hacerse con la codiciada y difícil plaza que da derecho a iniciar la carrera diplomática.

Para aspirar a ser embajador, el primer paso será superar la oposición que anualmente convoca el Ministerio de Asuntos Exteriores, los dos últimos años en junio. Después, se iniciará un largo camino por diferentes fases de la carrera diplomática. "Es fundamentalmente vocacional. Los jóvenes que la inicien deben estar preocupados por los temas de política internacional, interesados en conocer lo que ocurre por el mundo. Pasarse toda una vida en el extranjero, cambiando de continentes y países. Esta profesión requiere una vocación que no tiene todo el mundo», señala José María Velo de Antelo, embajador director de la Escuela Diplomática.

Anualmente, cerca de 400 jóvenes, con una media de edad de entre 25 y 30 años, se presentan a las oposiciones para alcanzar alguna de las 15 plazas de acceso a la Escuela Diplomática. "Yo diría que es algo casi innato; son personas que tienen vocación hacia todo lo que implica el servicio exterior, que están preocupadas por lo que pueda estar ocurriendo en Sierra Leona, pero no como lo está un ciudadano cualquiera, sino que quieren profundizar, saber más y tienen una inquietud por los temas de política internacional», apunta.

Oposiciones.

Lograr una de las plazas no es tarea fácil. Quienes finalmente la obtienen han dedicado entre tres y cinco años para sacar la oposición. En su mayoría son estudiantes de Derecho, aunque también es frecuente encontrar licenciados en Ciencias Políticas o economistas. Para poder presentarse, el Ministerio de Asuntos Exteriores establece la condición de haber cursado una licenciatura o bien una ingeniería o arquitectura, además de tener la nacionalidad española y de ser mayor de edad.

La oposición incluye cinco exámenes eliminatorios. El primero de ellos consiste en un test de 100 preguntas sobre los más de 200 temas que deben preparar los opositores. Quienes superen esa prueba deberán realizar un ensayo sobre un tema de actualidad internacional así como un comentario de texto.

Uno de los exámenes más complicados, según los opositores, es el de idiomas. Es indispensable dominar perfectamente el inglés y el francés para poder realizar las traducciones del examen. Además, se valora el conocimiento de otras lenguas, especialmente el árabe, el ruso, el alemán y el chino. Los candidatos que no hayan sido eliminados, tras estas pruebas, deberán enfrentarse al cuarto ejercicio, consistente en una exposición oral de cuatro temas. Finalmente, el quinto examen consistirá en resolver un caso práctico de Derecho Diplomático y Derecho Consular.

El tipo de formación que se exige a los futuros diplomáticos es muy completo y abarca multitud de aspectos. Los 227 capítulos del programa están clasificados en cuatro grupos según sus contenidos. En primer lugar deberán preparar los temas referidos al Derecho Internacional, a las organizaciones internacionales y al Derecho Civil y Mercantil. Además, deberán demostrar amplios conocimientos en economía internacional, del sector público y economía española. El tercer bloque aborda lo referente a los sistemas sociopolíticos, la Constitución Española, la Unión Europea, la Administración española y las relaciones internacionales. Finalmente, deberán preparar 57 temas de la Historia moderna y contemporánea.

Superada la oposición, se inicia el segundo proceso de selección, al que tan sólo accederán 15 elegidos. Se desarrollará en la Escuela Diplomática y se prolongará durante casi seis meses. En este tiempo, los futuros diplomáticos poseen la condición de funcionarios en prácticas y reciben formación sobre la organización y funcionamiento del Ministerio de Asuntos Exteriores, así como sobre los ejes en los que se basa la política exterior española en sus diferentes ámbitos: Iberoamérica, Asia, Unión Europea... El resto de la preparación es más práctica: contabilidad, tramitación de visados...

Escuela Diplomática.

Una vez finalizado y superado el proceso de formación en la Escuela Diplomática, adquieren ya la condición de secretarios de Embajada de tercera y se les asigna un destino en Madrid, en el que permanecen durante al menos un año antes de poder acceder al sistema de provisión de puestos en el extranjero.

Si alcanzar una de las pocas plazas que anualmente se convocan para la carrera diplomática es complicado, aún lo es más llegar hasta el último escalafón de la carrera: el puesto de embajador. La jerarquía diplomática está dividida en los siguientes puestos. Los recién titulados ocupan el último peldaño, con el título de secretarios de embajada de tercera, por debajo de los secretarios de embajada de segunda y de primera. Por encima de todos ellos se encuentra el consejero de embajada. Los puestos más políticos comienzan a partir de los denominados ministros plenipotenciarios o ministros de embajada, también clasificados en tres rangos: de tercera, segunda y primera. A partir de aquí tan sólo es necesario el nombramiento del Consejo de Ministros para alcanzar la condición de embajador.

Los ascensos.

Para ascender, se tiene en cuenta la antigüedad, seguida de los méritos acumulados durante los años de servicio. Actualmente, el cuerpo diplomático lo componen alrededor de 700 personas. De todos ellos tan sólo 20 son embajadores de carrera.

Hasta el pasado día 31 de enero, el director de la Escuela Diplomática, situada en el paseo Juan XXIII número 5, 28040 Madrid, fue Mariano Ucelay, al que le ha sustituido Juan María Velo de Antelo. El nuevo embajador director de la Escuela tiene 40 años de experiencia diplomática y ha estado destinado en países como Nigeria, Chile, Alemania, Inglaterra e Italia. Ahora regresa a la Escuela en la que comenzó su andadura: "Después de tanto tiempo es bueno preguntarse si ha merecido la pena, si se ha logrado realizar esa vocación con la que un día llegué a la Escuela. Puedo asegurar que sí».